DUROS A CUATRO PESETAS

Uno de los viajes en carro organizados por el escritor y dramaturgo Santiago Rusiñol que han cosechado mayor audiencia -e incluso enriquecido el habla popular- es aquel que, partiendo de Barcelona, hizo parada y fonda en plazas previamente seleccionadas. Ha llegado a nosotros el eco del clamor popular que despertó el carro de Rusiñol y el desparpajo con el que el inmortal pintor de los jardines de Aranjuez descendía de su montura y derramaba un gran saco de monedas de duro, desde luego también con los apetecidos sevillanos. Con una voz que se calificaba de tenor, Santiago Rusiñol voceaba: "Amigos, paisanos, hombres y mujeres, ahí tenéis una oferta única: os ofrezco duros a cuatro pesetas". Con el paso del tiempo se ha perfilado el golpe humorístico -típico del autor de L´auca del senyor Esteve- que motivaría un rechazo instintivo a una oferta que se temía fuera expresión burlona del senyor de Barcelona.

La presente campaña electoral nos lleva cerca del carro de Rusiñol. De pronto, entre una maraña de promesas electorales por parte del PP, su actual jefe, el registrador de la propiedad don Mariano Rajoy Brey, ha prometido la exención del pago del IRPF a todos los trabajadores que ingresen menos de 16.000 euros al año (los mileuristas). El enunciado -que recuerda las declaraciones del Ratista Juan Costa Climent- es lo suficientemente genérico para reclamar concreción, ya que nada se ha dicho sobre el coste de esta rebaja para el conjunto del sistema tributario; cuáles son los impuestos que sustituirán a lo dejado de percibir; y tampoco se nos dice cuáles son los gastos públicos que se recortarán o bien si ya de antemano se apunta un déficit importante…

Una vez más hemos de aplicar a la oferta el análisis económico de nuestro tiempo, y digo esto porque la propuesta de rebaja del IRPF descansa sobre las frágiles arenas de una infraestructura teórica que (¡aún hoy!) debe su origen a la supuesta omnipresencia de la curva de Laffer según la cual la reducción de los tipos impositivos aumentaría automáticamente los ingresos fiscales porque uno de sus supuestos efectos beneficiosos sería el de dinamizar la economía.

NO HAN HECHO NÚMEROS Pero volviendo a España, tengo la impresión de que el equipo de Rajoy ni ha calculado ni ha hecho calcular la dimensión del gap que va desde la rebaja impositiva hasta conseguir un mayor dinamismo de la economía. Y ahora sí tengo para mí que hace bien en desconfiar el cliente de mercadillo ante los pregonados duros a cuatro pesetas.

Algo más deberá hacer Rajoy para mostrarnos una política tributaria asentada sobre bases científicas.

Y una advertencia: no conozco la existencia, en el seno de la UE, de un cuadro técnico más competente y avezado que el del vicepresidente económico de este país.

Pero hay más: cuando nada lo hacía sospechar, un ex ministro de Hacienda, don Cristóbal Montoro, Romero ha sugerido -creemos que incluso a Pedro Solbes- que si quiere "aprender a cuadrar el presupuesto" nada mejor que fijarse en lo realizado por el PP desde 1996 al 2003. No pensaba aconsejar a Montoro que prescindiera de las ensaladas de flor de loto que facilitan el olvido, pero quisiera saber si lo que pretende es que Solbes cuadre como hizo él -y los de más arriba- colocando bajo la alfombra los déficits de RTVE, Renfe y sobre todo Izar, con los escandalosos expedientes de Bruselas.

Con la vista en el pasado, comprendo a los que rehúsan a los nuevos buhoneros cambiar duros por cuatro pesetas.

Fabián Estapé. Economista.