El otoño en los Apalaches es una época de peregrinación obligada a la montaña. La variedad de árboles de hoja caduca provoca una explosión cromática que atrae a multitudes.

Este año –¿será por el cambio climático?- el proceso natural se ha retrasado y extendido más de lo habitual. Durante el largo fin de semana del Día de Acción de Gracias aún se podía disfrutar del espectáculo otoñal por los senderos de las "Great Smoky Mountains", también conocidas como "Smokies". Es el parque nacional más visitado de Estados Unidos. Recibe por encima de los 9 millones de personas cada año.

Fronterizas entre Tennessee y Carolina del Norte, estas montañas se elevan hasta poco más de los 2.000 metros. Reciben su nombre de la neblina que las suele cubrir, un manto mágico que invita a imaginar cuentos fantásticos. Los indios cherokee, originarios de la región, las llamaban "shaconage" (azules, como el humo). El fenómeno, producto de las emanaciones naturales de la vegetación combinadas con la humedad, se ha acentuado debido a la contaminación que llega hasta allí desde lejanas industrias.

La riquísima biodiversidad de estas montañas humeantes se explica por las consecuencias de la glaciación. El hielo no alcanzó un área tan al sur, pero sí lo hicieron los animales y las plantas expulsados de sus hábitats septentrionales. Cuando el clima se atemperó, estas especies boreales se habían adaptado bien al entorno fresco de las montañas y se quedaron.

En la cresta de la cordillera, los árboles estaban ya desnudos la semana pasada. Pero una nevadita providencial, justo la noche del Día de Acción de Gracias, espolvorizó de blanco ramas, arbustos y rocas. Quedaron unas laderas de tonos grisáceos, plateados, que brillaban juguetonas, como espejos, en la intermitencia del sol y el paso de las nubes.

Al pie de la montaña, en la vertiente de Carolina del Norte, está la ciudad de Cherokee, dentro de la reserva india. Allí gestionan su moderno hotel-casino, abierto sin interrupción los 365 días del año. Más interesante es visitar el Museo de los Indios Cherokee, una instalación muy moderna y didáctica, donde se explican desde sus leyendas ancestrales sobre la creación del mundo hasta las penalidades sufridas a partir de la llegada de los europeos. En sus vitrinas pueden verse utensilios diversos, como los prodigiosos dardos que eran lanzados al soplar por unas largas cañas o las escopetas de mala calidad que les entregaron los blancos en sus trueques comerciales.

La parte más triste de la exposición es la que narra la expulsión de la inmensa mayoría de cherokees, en 1838, como consecuencia de la Indian Removal Act, una ley aprobada durante el mandato del presidente Andrew Jackson, en 1830. Se trató de una verdadera limpieza étnica. Los cherokee, al igual que otras tribus del este, fueron forzados a abandonar sus tierras y a trasladarse al oeste, a Oklahoma. Había que hacer espacio para la expansión de los blancos europeos. Este éxodo se conoce como "la senda de las lágrimas".

Miles de indios murieron en los campos de concentración donde los retuvo el ejército estadounidense antes de la larga marcha hacia el oeste. Desde entonces, la "nación cherokee" está amputada geográficamente. El grueso vive en Oklahoma, aunque ha habido mucho cruce racial. Llevan sangre cherokee los actores Johnny Depp y Burt Reynolds, así como el artista pop Robert Rauschenberg.

La "senda de las lágrimas" provocó un trauma terrible a los indios. Jackson, visto como un héroe nacional según cierta interpretación de la historia norteamericana, es considerado un genocida por los nativos, hasta el punto de que algunos indios se niegan a usar los billetes de veinte dólares porque en ellos aparece el retrato de su verdugo.