A los noventa, investiga y relata la historia de los 'guerrilleros' de 1808-12
Cualquier tiempo pasado no fue mejor. Para percatarse, bastaría releer los libros que Rafael Abella dedicó a los primeros años de la posguerra española, en lo que fueron una y otra zona del fratricida e incivil enfrentamiento. Con estos y otros éxitos literarios, ganó justa fama de historiador objetivo, de pluma amena cuyas serias investigaciones no están reñidas con un sentido del humor que el lector agradece, cuando se trata de temas en muchos casos angustiosos.

Hombre de ciencia, químico y a la vez técnico en organización de empresas, Rafael Abella se reveló en el semanario Destino,precisamente en aquellos sombríos años, como escritor enciclopédico, a través de artículos y crónicas, e incluso reportajes sobre cuestiones muy diversas. Le recuerdo, sobresaliendo su personalidad de culto conversador, en improvisadas tertulias que, en torno a Néstor Luján y otros periodistas de la época, aprovechaban un gozoso tiempo de libre expansión intelectual, en el propio ámbito de la citada revista, alojada bajo el ala protectora del Grupo Godó.

Esa etapa de su vida hizo del autor un singular memorialista histórico, un raro especialista de oscuros decenios del siglo XX. Conocimiento profundo que le permitió bucear en la hemeroteca de La Vanguardia para extraer huellas y perlas que fue transmitiendo a las antiguas y nuevas generaciones para usufructo de los habituales lectores del periódico.

Cuando Lara fundó Planeta, el intuitivo editor sabía bien la clase de inteligencia que incorporaba a su vera. Con Rafael Abella se aseguraba un asesor personal y colaborador todo terreno, fuente inapreciable de sabiduría, excepcional a la hora de seleccionar posibles candidatos al cada vez más ambicionado premio anual. Mucho influyó su criterio en el reparto a los jurados de obras aspirantes a los laureles de los distintos premios, y también en la adquisición de derechos de publicación de obras de gran interés.

Al propio tiempo, este fértil e inspirado trabajador de la pluma no paró de responder al favor del público con producción propia que siempre lleva un sello de prestigio y prosa elegante. Ahora mismo, recién cumplidos noventa años, Abella, investigador de curiosidad ilimitada, al filo siempre de la actualidad y de las pervivencias del pasado, publica en colaboración con el inquieto abogado Xavier Nart Guerrilleros,que sale a la luz en vísperas del segundo centenario de la guerra de la Independencia. Además su facundia le ha llevado a participar con éxito y continuidad en infinidad de tertulias audiovisuales, junto a profesores e intelectuales de renombre. Por si fuera poco, su hijo Carlos, que, entre otros puestos, ha sido alto funcionario del Banco de España, ha destacado como autor de varias biografías, entre ellas las de Adolfo Suárez y del diestro Luis Miguel Dominguín, que pasarán a la historia por talento de escritor, al tiempo veraz e imparcial. De tal palo, tal astilla.