BULEVAR
Una gran ola de refundaciones nos invade. Artur Mas quiere refundar el catalanismo; su anuncio, me ha llenado de inquietud. ¿Cómo lo va a refundar? Ha dicho que el catalanismo será la cosa nostra, perdón, la casa nuestra, pero ¿una casa de tres plantas, un apartamento de estudiante o una casa ocupada? También ha hablado sobre el derecho a decidir. Esto me ha perturbado más aún. ¿Sobre qué tendremos que decidir los ciudadanos de Cataluña? Porque en realidad, yo creo que los seres humanos no tenemos ninguna capacidad de elección sobre las dos cosas fundamentales de nuestra vida: ni el nacimiento, ni la muerte. No decidimos ni dónde ni cuándo nacemos, ni quiénes son nuestros padres, hermanos y parientes.No decidimos la época ni la clase social en que nacemos, ni si hará buen o mal tiempo mañana; pocas veces tenemos la posibilidad de elegir la profesión o el empleo (los eligen el mercado o los enchufes) y en cuanto a nuestras relaciones sentimentales o sexuales, el espectro suele limitarse a los compañeros de oficina, de estudios o de juergas (la experiencia de elegir por Internet se ha demostrado que es altamente peligrosa; es el medio que eligen muchos psicópatas para encontrar víctimas).
Hasta hace poco tiempo, ni siquiera podíamos decidir el médico de la Seguridad Social. En cuanto al club de fútbol, no es conveniente decidirse por uno que no sea el emblema de la ciudad o de la comunidad, salvo en aquellas ciudades que tienen dos; entonces se puede decidir entre uno y otro, pero siempre granjeándose la enemistad de los contrarios. Tampoco podemos decidir el momento de nuestra muerte, salvo que nos suicidemos, y no podemos decidir, tampoco, la sorpresa que nos va a dar un programa de televisión.La pobre Svetlana, que había decidido emigrar a España con su hijita, y decidió, también, acudir a un programa de televisión, que yo nunca miro, llamado El diario de Patricia, lo hizo sin saber que la sorpresa era su futuro asesino (presunto, todavía). Pasqual Maragall quiso refundar el socialismo catalán y nos dejó un aguachirle con más nacionalismo que solidaridad que jamás entonará la Internacional, y ahora ha nos ha salido otro refundador, Chávez, en Venezuela, que quiere refundar el bolivarismo y el socialismo del siglo XXI (por lo menos ha empezado a aplicar el internacionalismo regalando petróleo a sus vecinos); sin contar con Evo Morales, que está refundando Bolivia, otorgándole poder a los indios (y no a los indígenas. Indígenas son también los franceses nacidos en Francia, los alemanes nacidos en Alemania y hasta los catalanes nacidos en Cataluña).
Yo tengo muchísimas ganas, ahora que ha empezado el frío, de que el propietario del piso de alquiler donde vivo lo refunde, poniéndole calefacción, o doble vidrio a las ventanas, pero me temo que esto de las refundaciones tiene más que ver con las elecciones que con la realidad, porque a ver, ¿por qué en lugar de refundar no nos decidimos a inventar, que es más revolucionario y tiene menos lastre?
© Mundinteractivos, S.A.

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