Dice Rajoy que “la vuelta de Bono a la política demuestra la debilidad de Zapatero”, pero su acusación incluye el acierto del presidente a la hora de reforzar esa presunta debilidad. ¿Acaso conoce Rajoy la debilidad de su liderazgo que anuncian todas las encuestas? Y ¿qué hace por remediarlo el líder del PP?
Zapatero no para, está en la campaña incesante y sabe que necesita de todo un poco para lograr esa mayoría suficiente que le permita renovar el poder, primero la victoria y luego el gobierno, o el gobierno sin victoria si el PP no logra escaños suficientes porque el PSOE mantiene abierta la puerta del diálogo con los nacionalistas y los populares lo tienen muy crudo en este campo del nacionalismo que ya ha aprendido a pedir en Madrid dos cosas a la vez: dinero y soberanía.
Se vio en la votación de la reprobación fallida por los pelos de la ministra Álvarez, dinero y transferencias para Galicia y para el País Vasco, y esto es solo el preámbulo. Si hay que pagar por llegar al gobierno se pagará lo que sea, porque Zapatero sabe que si pierde estas elecciones pasará a la historia de este país como un paréntesis de fracaso y de gratuita tensión nacional, y dejará la nación como un sembrado a punto de saltar la chispa del fuego territorial, y el PSOE al borde de una crisis sin fin, con riesgo de rupturas confederales y sin un claro sucesor. Ni siquiera Bono que podría lograr la ruptura con el PSC.
Pero el manchego no puede vivir sin la política y ha vuelto de la mano de Zapatero por interés común. Zapatero necesita a Bono para ponerse como capa la bandera española en tierras castellanas, y Bono quiere volver, a ver si se estrella Zapatero desde la retranca de Toledo y, en ese caso, si se alza con el santo, la limosna y el control del PSOE. Pero si gana Zapatero, manchego por manchego, Marín por Bono, se subirá a la presidencia del Congreso de los Diputados que, a partir de ese momento, se convertirá en un espectáculo más próximo de la zarzuela —Gigantes y Cabezudos—, con el ex ministro de Defensa al frente de la orquesta, con la batuta en la mano, y dispuesto a abrir el espectáculo tocando el himno nacional, como cuando los Reyes entran en el palco del Teatro Real.
El otro día fue Solbes, el vicepresidente económico, quien fue presentado como el número dos de Zapatero por Madrid, como el hombre tranquilo que garantiza una buena y venturosa travesía del Cabo de Hornos de la crisis negra económica que barrunta en el horizonte español. Y ahora le ha tocado el turno a Pepe Bono, el que dicen que se fue del gobierno porque no le gustaba el Estatuto catalán ni la negociación con ETA, o que dicen que Zapatero le tomó la palabra de su pretendida retirada cuando más le convino y ante la sorpresa del manchego españolista del PSOE. Da igual, Bono ha vuelto, será número uno por Toledo y está a la espera de ver a quien le presenta el PP como su adversario, a Conde, Mayor, Cayetana, Gospedal.
En el PP no sueltan prenda porque Rajoy está agotado, cansado por el gran esfuerzo de la reforma fiscal y necesita reponer fuerzas. No se puede hacer todo a la vez, pensará el gallego, que además no quiere líos en el PP y sabe que si abre antes de tiempo la caja de los truenos electorales, se le puede liar otra verbena —La Revoltosa— dentro del partido, donde presume que su gran labor de estos cuatro años no fue la oposición sino el “mantener unido al PP” (sic).
En el PP están preocupados, no hay moral de victoria y las esperanzas son mínimas, escuálidas. En el PSOE tampoco están para tirar cohetes pero se mueven, Zapatero no para, saca de su chistera de buhonero del poder un conejo tras otro, y los echa a correr, Bermejo a Murcia, Rubalcaba a Cádiz, De la Vega a Valencia, Chacón a Cataluña, López Aguilar a Canarias y Bono a Castilla La Mancha. El presidente ya tiene a su lado, en el cartel, a sus cinco magníficos, él mismo en el centro y De la Vega, Solbes, Bono y Rubalcaba, completando su delantera de ataque y de peso específico.
Pero en el PP no se ve nada, Rajoy sigue solo, hay presiones en el partido para que Gallardón vaya de número dos y Rajoy podría anunciarlo a ver si frena la euforia de los contrarios y sube la moral de sus tropas. Aunque, al día de hoy, en la delantera del PP y frente a los pesos pesados del PSOE solo están, o siguen, Acebes, Zaplana, Pastor y Costa. Es la escenificación del Barça —el equipo de Zapatero— frente al Alcoyano, en vez de frente al Real Madrid, de los Gallardón, Rato, Pizarro, Montoro, por decir cuatro que han estado en la liga de campeones.
No pasa nada, dirá Rajoy, el domador de las malas pulgas del PP y de los tiempos de la política, del tiempo perdido. No pasa nada, tranquilidad, que nadie se ponga nervioso, todo llegará a su tiempo, cuentan entre sollozos en la sede del PP, mientras Zapatero va avanzando sus peones sobre el tablero ajedrezado donde solo se han visto leves movimientos de Rajoy, el alfil de la reforma fiscal, y un enroque del líder, a verlas venir, a esperar otra vez.

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