Mil veces hemos hablado del embrollo catalán, caracterizado por el empate político y por la descentrada visión que ofrecen los dos partidos principales. Unos partidos que, a pesar de representar al grueso de la sociedad catalana, en lugar de aportar orden y sensatez, han contribuido al desbarajuste abandonando el centro del terreno político. Por ambición de poder, el PSC ha vendido su alma a ERC. A cambio de la presidencia de la Generalitat. José Montilla podrá, ciertamente, impulsar importantes proyectos de catalanismo social, pero el pacto conERC le impide desarrollar su propia opción: la tercera vía entre neoespañolismo y soberanismo.

CiU, por su parte, pronto olvidó, acomplejada por el pacto con el PP, la sed de orden y de moderación de las clases medias catalanas. A pesar de que estas clases medias tienen, en Catalunya un papel de bisagra fundamental, sea en lo económico, sea en lo social. Artur Mas y compañía las han abandonado (en contra del criterio de Josep Antoni Duran Lleida y de Francesc Homs) para lanzarse a una insensata carrera: disputar a ERC el puro rincón del soberanismo.

La última conferencia de Artur Mas esbozó una interesante reformulación de la ambigüedad pujoliana y podría significar un giro hacia el centro perdido. Pero después de tantos años compitiendo con ERC (acomplejada por ERC), las palabras que emite CiU han adquirido una nueva inercia. En tiempos de Jordi Pujol, la ambigüedad tenía virtudes tranquilizantes: suscitaba confianza en los pragmáticos y, a la vez, esperanza a los que soñaban con escalar el Everest de la catalanidad. Ahora las palabras ambiguas de CiU provocan inquietud a ambos lados.

ERC tiene la manija del juego ideológico.

Su posición fue ganada en buena lid democrática (aunque con la inestimable ayuda de un PP que demonizando a ERC y, por ende, al catalanismo, se convertía en el resto de España en el Ángel Salvador de la Patria). Pero la lógica de ERC tiende hacia las tempestades, pues entre las olas se refuerza la fe en el milagro. Ante el peligro de naufragio, el espejismo de la independencia adquiere gran luminosidad. Lo que sobra en Catalunya estos años de desencuadernamiento son espejismos, rincones de pureza, sugestiones sentimentales. PSC y CiU han perdido gas y han perdido talento. Dependen de un tercero. No consiguen ponerse al servicio de los sectores mayoritarios de la sociedad catalana.

En este contexto de fragilidad, la política española ha jugado con tanta ventaja que ha llegado a perder las formas. Insultos, falta de sensibilidad, abusos de poder, falta de inversiones, cuentas secretas, desastres varios. Miles y miles de usuarios maltratados. Los gobiernos de PP y PSOE se han regodeado durante años. Y la gente, abandonada por unos, castigada por otros, maltratada en su vida cotidiana, tiene que expresar su malhumor, su irritación, su malestar. Basta ya, dijo alguien. También en Catalunya, basta ya.