Apuestan por el libre acceso a la cultura con Internet como bandera y, en vez de perseguir a aquellos que duplican sus obras, piden al público que copie sus libros. Y para que sea más fácil, los ponen al acceso de cualquiera en la red, con el único requisito de que se acredite al autor como creador allá donde se use su obra. Son la nueva generación de escritores que, ante la legalidad de la copia privada, prefieren apostar por compartir su obra antes de que otros la copien.
Pero eso no significa que no tengan derechos ante la ley. Acogerse a una licencia libre -conocidas comúnmente como Copyleft- significa tener «algunos derechos reservados», entre los cuales se suele incluir el ánimo de lucro. Dicho de otro modo, cualquiera puede copiar, duplicar o exhibir la obra sin tener que abonar ninguna cantidad económica, pero en el momento en que alguien quiere hacer negocio con ella se ha de remunerar al autor como si el libro tuviese copyright.
«¡Qué mejor manera de divulgar tu obra que ofreciéndola gratis!», afirman algunos autores, que ven en Internet un infalible sistema de promoción sin renunciar a estar comercialmente en las librerías.Es como matar dos pájaros de un tiro: puedes vender libros y compartirlos a la vez.
Hace algún tiempo, un conocido jurista de la entidad gestora SGAE, Pedro Farré, comentó que copiar una obra sujeta a propiedad intelectual era como si «después de haber estudiado muchas horas para hacer un examen, el compañero que se sienta al lado lo copia».Pero lo que está ocurriendo con los medios digitales y las redes de pares -también conocidas como P2P y entre las que se incluye Emule- es que, para muchos de los usuarios, se ha creado un lugar donde compartir esos apuntes que cada uno ha preparado para el examen. De manera libre y sin ánimo de lucro, con la única intención de que nadie se quede sin disfrutar de lo que los demás tienen.
Gracias a la red, la difusión de cualquier obra que, en circunstancias normales, no hubiese tenido repercusión puede llegar a ser un éxito por estar accesible a tan sólo un click. Mientras, las gestoras de la propiedad intelectual dicen que la cultura está amenazada de muerte pero, ¿acaso es posible que la cultura sea gratis para el público y a la vez rentable? La solución está en las licencias que se han denominado como «libres» y se aglutinan bajo la definición de Copyleft. Estas definen su representación frente al copyright como que tienen «algunos derechos reservados».
Colgar una obra en Internet puede hacer que se de a conocer ante miles de usuarios, pero quienes han manejado los hilos hasta ahora en la distribución cultural insisten en que no es rentable y mata a la industria. Asimismo, una obra que aparece en papel sí que otorga beneficios tangibles a su autor, pero puede perderse entre cientos de libros en cualquier estantería. Las licencias libres proponen un punto intermedio en el cual un usuario puede copiar la obra original -o descargársela de la red-, pero que si existe ánimo de lucro se compense al escritor. En el momento en que una editorial vende un ejemplar de un libro en concreto, el autor tiene los mismos derechos que si tuviese la clásica licencia con «todos los derechos reservados».
Por supuesto, existe un motivo. En España, el acceso a la copia privada es un derecho reconocido por la Constitución que implica que es totalmente legal descargarse un disco, copiar un libro o realizar cualquier reproducción posible mientras sea para uso personal. Es por ello que no importa que una obra esté registrada como propiedad intelectual o no, va a ser legal copiarla de todos modos. Por otro lado, el lector está acostumbrado a disfrutar de su libro en una edición escrita y, aunque tenga la posibilidad de descargarlo y copiarlo, accederá a comprar la edición impresa.
Según expertos en legislación, las licencias libres tienen «la misma validez que el copyright». El abogado David Maeztu, experto en Internet y propiedad intelectual, achaca la situación actual a que existe un «desconcierto ante lo desconocido», como ocurre con la red. Lo ejemplifica con el caso del secuestro del jueves, donde las órdenes que recibió la Guardia Civil fueron «requisar los ejemplares y destruir los moldes», algo que hoy día no era posible ya que éstos no son necesarios al quedar todo digitalizado.Maeztu ironiza con que «en ese momento rompieron un CD y le dijeron al juez que ya no había moldes».
El segundo país con más 'Copyleft'
Elegir una licencia libre es más sencillo de lo que puede parecer.Basta con añadir una página que enlace a los estatutos de las organizaciones que las promueven donde suele incluirse el copyright, y el autor puede elegir qué derechos desea.
La licencia que se ha vuelto más popular en España, segundo país con más registros libres tras Estados Unidos, es Creative Commons.Su uso permite varias combinaciones entre posibilidad de copia, reconocimiento al autor o uso en otras publicaciones con la misma licencia. Su impulsor y actual coordinador en España, Ignasi Labastida, afirma que «los controles y las restricciones dificultan el intercambio de ideas», y que «la legislación vigente no está adaptada a la situación generada Internet». El objetivo de CC es promover mecanismos legales y técnicos para facilitar el acceso a la cultura y eliminar las barreras que dificultan el acceso a las obras y a su propia creación.
APOYOS
#Válidas ante la ley
Tienen la misma validez que el anquilosado copyright, y además son gratuitas. Unicamente se ha de dejar constancia en la página del libro dedicada a los derechos de autor, con un enlace a los estatutos de la organización gestora. A través de sus portales informativos en Internet se pueden descargar los logos que se incluirán en la obra, ya sea escrita o electrónica. Actualmente, una parte importante de los blogs españoles hacen uso de Creative Commons para que su trabajo quede representado y protegido, pero también para que pueda ser reproducido manteniendo la autoría.
Obras sin 'copyright'
Las licencias libres crecen en España día a día. Desde revistas institucionales -que al ser gratuitas optan por que su contenido tenga derechos pero también pueda ser reproducido- hasta novelas.En Madrid existe la editorial Traficantes de Sueños, que se dedica únicamente a editar libros con licencias Creative Commons.
¡Cópialo!
Copia este libro fue una de las primeras obras en usar licencias Creative Commons en España. Su autor, el abogado David Bravo, es conocido por sus escaramuzas con la SGAE en materia de copia privada. Cuando la entidad expuso que el beneficio de disfrutar de un producto copiado podía ser considerado lucro y, por ende, delito, Bravo organizó sendas conferencias para exponer qué incoherencias conllevaría tal imposición. Una de las más comentadas fue que fotocopiar la página de un libro supondría un delito mayor que robar todos los libros del autor de ese libro en unos grandes almacenes.
© Mundinteractivos, S.A.

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