TRIBUNA

Hoy se inaugura en Madrid, bajo presidencia española, el Consejo Ministerial de la Organización de Cooperación y Seguridad en Europa (OSCE). Con esta reunión culmina un año de intensa actividad diplomática, en el que España ha reafirmado su compromiso con el multilateralismo efectivo y durante el cual ha dirigido una organización compleja por sus desafíos y diversidad de miembros.

La OSCE es una organización con una presencia muy real sobre el terreno. Para un ciudadano de Madrid, Estocolmo o Londres, sus siglas apenas son conocidas, pero en Kosovo, Georgia o Kazajstán, forman parte de la vida cotidiana. En mi calidad de presidente en ejercicio, una de mis responsabilidades ha consistido en visitar zonas del este de Europa y Balcanes, el Cáucaso y Asia Central, donde la OSCE mantiene importantes y nutridas misiones que realizan una eficaz labor de apoyo a la consolidación de la democracia, del Estado de derecho y del respeto a los derechos humanos. Ello me ha permitido también impulsar la presencia y visibilidad de España que todavía no se corresponde ni con nuestro peso y capacidades ni con la creciente relevancia geoestratégica de las mismas.

También hemos sabido proyectar nuestras prioridades al frente de la OSCE en acciones concretas. Así, entre otras muchas iniciativas, durante el presente año España ha impulsado y financiado proyectos para incrementar el grado de participación política de las mujeres en el Cáucaso y Asia Central; ha favorecido la cooperación entre jueces, policías y fiscales en zonas de los Balcanes y ha luchado contra la intolerancia y la discriminación hacia los musulmanes, celebrando una conferencia en Córdoba. Como no podía ser de otra forma, guiados por nuestros sólidos compromisos, la presidencia española ha promovido la protección de las víctimas del terrorismo y la defensa de su dignidad. Asimismo, en línea con una de las prioridades de nuestra política exterior - la defensa del medio ambiente a escala internacional- hemos sido pioneros en la introducción de los vínculos entre medio ambiente y seguridad en el ámbito multilateral. Además hemos contribuido a desactivar crisis potenciales como fue el caso de los desacuerdos para la celebración de elecciones en Albania a principios de año, o el incidente del misil en Georgia el pasado mes de agosto. Con todo ello avanzamos en lo que ya constituye una seña de identidad colectiva e imagen como país.

Ha sido también un objetivo de nuestra presidencia el dar un nuevo impulso a la OSCE en un momento particularmente difícil de su historia. El Consejo de Madrid es crucial para el futuro de la organización. Está en juego su capacidad de adaptación a las nuevas realidades internacionales. Los acontecimientos internacionales dibujan nuevos desafíos a los que la OSCE debe adaptarse si quiere darles una respuesta eficaz.

Estoy convencido de que entre todos, en Madrid, sabremos responder a los nuevos retos que se nos plantean, comenzando por los más inmediatos, tales como la permanencia de la OSCE en Kosovo tras el desenlace de la cuestión de su estatus; la aplicación efectiva de nuestros acuerdos en materia de observación electoral; la elección de Kazajstán como venidera presidencia de la organización, lo que vendría a poner de relieve la igualdad real de todos sus miembros; o la suerte del tratado sobre armas convencionales en Europa. En este sentido, España y Alemania han convocado conjuntamente una reunión sobre este particular que se celebró ayer (día 28), con el fin de avanzar en una solución satisfactoria que preserve, adaptándolo, este tratado, imprescindible en la arquitectura de seguridad europea.

La fórmula para conseguir estos objetivos está a nuestro alcance: se trata de continuar la tradición de esta organización durante los últimos treinta años, basada en el diálogo y el consenso, renunciando a la tentación, siempre presente, de erigir nuevas barreras que impidan realizar la visión de un espacio común, libre, próspero y completo.

Mi experiencia como presidente en ejercicio de la OSCE me muestra que su aportación continuará siendo necesaria para la gestión pacífica de nuestros grandes asuntos comunes. Tenemos que avanzar para que en el futuro se pueda realizar una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno.

Nuestra política exterior, y la estatura internacional de España, han salido reforzadas de este ejercicio. Ahora toca dar continuidad a este esfuerzo, realizar una decidida apuesta por hacer que nuestra presencia en el mundo sea verdaderamente global, y convencernos de que la dimensión multilateral es ya, y debe serlo todavía más, esencial para nuestra diplomacia.

Miguel Ángel Moratinos. Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación.