El mes de Joan de Sagarra

A sus 83 años, la última gran estrella de la ´chanson´ dice adiós a su público. Asistimos a uno de sus recitales de despedida en París y repasamos su exitosa carrera musical

Charles Aznavour (nacido Varenagh Aznavourian), la última gran estrella de la chanson, un cantante reconocido y admirado en los escenarios de los cinco continentes, se retira. A sus 83 años, Aznavour cree llegado el momento de decir adiós o, más elegantemente, au revoir.Junto a la Piaf, a Montand, a Brel, a Brassens, a Ferré, Aznavour es una figura indiscutible de aquella "rosa de lo sórdido, manchada / creación de los hombres, arisca, vil y bella / canción francesa de mi juventud", que escribió el poeta Jaime Gil de Biedma (Elegía y recuerdo de la canción francesa).

El pasado 3 de noviembre asistí a uno de sus recitales de despedida en el Palacio de Congresos de París. A continuación se lo cuento, pero antes permítanme que les diga quién fue, quién es ese hombre, y lo que representó para muchos de nosotros.

Aznavour (París, 1924) es en la actualidad la máxima figura de la chanson francesa. Autor-compositor de más de 800 canciones que el crooner ha cantado y sigue cantando en cinco idiomas - además del francés- en los más prestigiosos escenarios de 90 países, Aznavour es el frenchie más famoso de Broadway, donde se le conoce como "el Sinatra francés". Intérprete muy querido y admirado del público español, desde su debut en 1958 en el Emporium de Barcelona, levanta al público en Italia cuando canta Com ´ è triste Venezia,es aclamado en Polonia e idolatrado por la juventud japonesa. Llena el Carnegie Hall de Nueva York (el célebre recital de 1963), canta a dúo en Viena con Plácido Domingo y, en 1995, en el Palacio de la Música de Estrasburgo, interpreta Sa jeunesse junto a Rostropovitch...

Hijo de Knar Bagdassarian, una actriz armenia de Turquía cuya familia fue exterminada durante el genocidio de su pueblo por los turcos, y de Mischa Aznavourian, un barítono armenio de Georgia, el pequeño Aznavour, en el París de los años treinta, empezó siendo actor. Era un notable niño actor y probablemente hubiese terminado siendo un buen actor de no haberse cruzado en su camino el compositor y pianista Pierre Roche, para el que se puso a escribir canciones que cantaban a dúo. Roche se marchó a Canadá, y el joven Aznavour se convirtió en autor, compositor e intérprete de sus propias canciones. La Piaf se fijó en él y lo acogió. La influencia de la gran cantante fue decisiva en su formación y carrera. A diferencia de otros intérpretes protegidos y formados por la Piaf, Aznavour no se convirtió en uno de sus innumerables amantes; siempre mantuvo con ella una fuerte y estrecha amistad. En sus memorias (Le temps des avants),Aznavour se deshace en elogios de la cantante, de la que dice que tenía un corazón "grande como el peñón de Gibraltar".

Al principio no lo tuvo fácil. Su físico no era el de un Rodolfo Valentino (más adelante la Piaf le pagaría la operación de estética que le hicieron en Nueva York para cambiarle la nariz), ni su voz era la de un Tino Rossi, que hacía furor por aquellos años. Pero los tiempos estaban cambiando y su voz, con un timbre un poco ronco, poseía una potencia sorprendente y, sobre todo, un facilidad desconcertante para el swing. La suya era una voz hecha para el jazz (así como para la melopea oriental, que había heredado de su padre). De hecho, el jazz siempre ha estado presente en su carrera, hasta el relativamente reciente CD Jazznavour (Emi, 1998) en que interpreta sus canciones acompañado por músicos de la talla de Michel Petrucciani, Jacky Terrason, Richard Galliano y Pierre Drevet, algunas de ellas cantadas a dúo con Dianne Reeves.

Pero si Aznavour es un cantante con una técnica extraordinaria, sus canciones no lo son menos. Maurice Chevalier decía de él "que ha osado cantar el amor tal como se siente, se hace y se sufre". Canciones como Après l ´ amour (Después de hacer el amor),rechazada en un principio, lo han convertido en un gran cantante popular, con el que se identifican las francesas y los franceses de la calle. Algunas de sus canciones están tan admirablemente rimadas que parecen hechas para ser recitadas, pero la técnica y la fuerza de su voz han hecho de ellas verdaderos clásicos de la chanson,galardonadas con innumerables discos de oro, codiciadas por intérpretes tan diversos como Ray Charles y los Gipsy Kings, como es el caso de la mundialmente célebre La Mamma.

También es autor de dos operetas, dos comedias musicales (la última, estrenada en Londres el 2000, sobre el personaje de Toulouse-Lautrec), ha vendido cien millones de discos y ha actuado en 59 películas (desde La guerre des gosses,en 1936, hasta Ararat,de Atom Egoyan, en el 2001, sobre el holocausto armenio, pasando por filmes tan conocidos como Tirez sur le pianiste,de François Truffaut, o Un taxi para Tobrouk de Denis de La Patellière).

El 22 de mayo del 2004, Aznavour celebró sus jóvenes ochenta años en el Palacio de Congresos de París aclamado por cuatro mil espectadores y hace unos días, en ese mismo escenario, se despedía de su público en unos pocos recitales que han de prolongarse hasta el 22 de diciembre en algunas ciudades de Francia, Bélgica y Suiza. Aznavour, a los 83 años y después de 65 cantando en el mundo entero, se retira. No es la primera vez que anuncia su retirada, ya lo hizo en octubre del 2002, pero ahora parece que va en serio. Es muy probable que, tras esta despedida que se inició en otoño del pasado año en el Radio City Hall de Nueva York, no vuelva a pisar un escenario.

En el Palacio de Congresos de París, durante estos pocos recitales y para los que se han agotado las localidades, Aznavour se ha rodeado de 17 músicos. Violines, guitarras, acordeón, saxo, flauta, contrabajo, percusión... y un extraordinario pianista de formación clásica, premio Chopin en Varsovia. Y dos voces, una de ellas la de su hija Katia, con la que Aznavour cantó a dúo Le voyage.El cantante luce un traje clásico, color antracita, y hace gala de una elegancia natural al tiempo que viste sus canciones con una ligera mímica, con un gesto afortunado, y disfraza su edad con unos pasos de danza. La voz, claro está, ya no es la de antes, pero Aznavour sabe recrear sus viejas canciones, adaptándolas a sus actuales posibilidades vocales y, en algunos casos, como en Sa jeunesse ( "Lorsque l ´ on voit / Loin devant soi / Rire la vie / Brodeé d ´ espoir / Riche de joies / Et de folies / Il faut boire jusqu´à l ´ ivresse / Sa jeunesse), consigue ponerte la piel de gallina.

En su recital, Aznavour rinde homenaje a tres compositores que han trabajado con él, para los que tiene palabras de admiración y cariño: su compañero Pierre Roche, ya fallecido, del que interpretó Il pleut; Gilbert Bécaud, tambien fallecido, al que conoció en el apartamento de Edith Piaf, y del que cantó Viens;y su cuñado Georges Garvarentz, el marido de su hermana Aida, del que interpretó Non, je n´ai rien oublié.

No faltó, no podía faltar, La Bohème, pero nos ahorró La Mamma. Espectacular fue su interpretación de Pour faire une jam, una vieja canción, la cual, según dijo Aznavour, todavía está dans le vent, y algo más flojas algunas canciones de su último disco, Colore ma vie, grabado en Cuba con el pianista Chucho Valdés en las que se notó a faltar la presencia de los músicos cubanos.

Aznavour se despidió cantando una canción de Thierry Le Luron: Nous nous reverrons un jour ou l ´ autre.Es probable. Aznavour suele visitar con una cierta frecuencia Barcelona, pour le plaisir.Y si no es en Barcelona es probable que lo encontremos por la calle en París, o en el pueblecito de Mouriès, cerca de Saint-Rémy-de-Provence, donde el cantante tiene una hermosa casa en la que es feliz preparando su caviar d ´ aubergines para sus amigos. Pero se me hace difícil imaginar que volveré a encontrármelo en un escenario (aunque un pajarito me ha dicho que existe una remota posibilidad de que Aznavour prolongue su ya de por sí prolongada despedida hasta el escenario del Festival de Perelada del próximo año).

No era el decano de la chanson.Henry Salvador, que este año ha cumplido 90, sigue en activo, aunque también anuncia su retirada, el próximo mes, en el mismo escenario que Aznavour: el Palacio de los Congresos. La Greco tiene 80 años, recién cumplidos, y no parece tener intención de retirarse. Moustaki tiene 73, y no para de cantar. Pero, con la retirada de Aznavour, es evidente que la chanson,lo que conocimos como la chanson,se acaba. Afortunadamente nos quedan sus discos.