BULEVAR
Si las ejecuciones en la plaza pública han sido un espectáculo que las familias han acudido a contemplar a lo largo de los siglos, no lo iba a ser menos el apetitoso menú de intimidades y despellejamientos que las televisiones nos ofrecen, en horario, supuestamente protegido, y que tragamos desde la comodidad de nuestro sofá.
Sorprender al pobre invitado, al que previamente se le ha tirado de la lengua para que nos explique con todo lujo de detalles su drama íntimo y cotidiano, para mayor regocijo del espectador que, viendo la tragedia del vecino, se olvida de la suya, es una vieja fórmula que funciona. O sea, que da mucha audiencia, que de eso se trata.
La triste apoteosis de esta cínica escenificación volvió a producirse hace unos días cuando Svetlana acudió al plató del programa El Diario de Patricia, al parecer para darle una sorpresa que en ningún momento le fue anunciada. La sorpresa se produjo, y Svetlana se encontró con su ex novio, que arrodillado le pedía perdón y matrimonio. Ante su silencio, la presentadora presionó y la respuesta fue no. A los pocos días Svetlana era degollada por su ex novio.
Su asesinato, que no es el primero que se produce tras un programa de televisión de estas características, ha reabierto el eterno debate sobre la telebasura, y en este caso, la posible responsabilidad del programa en el asesinato de Svetlana. El programa en cuestión no deja de ser un exponente más de los muchos existentes, que han hecho de la intimidad y las desdichas humanas, el mayor y más rentable espectáculo de las televisiones.
Los programadores saben muy bien que un asesinato o una violación en los cinco primeros minutos de una película, es el secreto para enganchar a la audiencia. El morbo doméstico también.
Pero dicho esto, el debate en torno al papel de los medios de comunicación en casos como éste, no debería hacernos perder de vista que el único culpable, el asesino, tiene nombre y apellidos igual que los otros 68 hombres que este año han asesinado a sus parejas en España marcando un macabro récord que supera la cifra del año pasado.
Los únicos culpables son esos 69 hombres que por despecho, porque se sienten humillados o porque han perdido el poder sobre ellas, son capaces de matar.
«¡Denúnciale! Paremos el golpe» dicen las campañas contra la violencia. Las mujeres van perdiendo el miedo y las denuncias van aumentando. También las condenas: 50.000 en dos años.
El problema empieza a ser la aplicación de la ley integral contra la violencia de género. La presión ambiental derivada de las altas cifras de malos tratos pide actuaciones rápidas. Los juzgados se colapsan y algunos jueces empiezan a poner en duda la eficacia de una ley, que si bien ayuda a la recuperación de las víctimas, desde diversos ámbitos, resulta discriminatoria con los hombres.Ellos son los culpables del 95% de los asesinatos. Ellas del 5% restante. A pesar de la diferencia, sigo pensando que las cifras no justifican la discriminación jurídica.
© Mundinteractivos, S.A.

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