EL RUNRÚN
El sábado se otorgó un premio muy singular. Para empezar, galardona textos teatrales, y lo hace desde 1970, cuando el propio concepto de texto teatral era puesto en entredicho por buena parte de la profesión. Además, su dotación de 18.500 euros es la más elevada entre todos los premios de su género que se dan en España. Y para rematar la jugada, el premio también incluye la edición de la obra galardonada en tres lenguas, y tal vez pronto en una cuarta. El premio Born de teatro se convoca desde una isla paradisiaca que podría ser Borneo pero que es Menorca. Lo organiza el Cercle Artístic de Ciutadella, una entidad comprometida con el teatro desde 1881, y admite originales en catalán y en castellano. Desde el año pasado, la edición de la obra ganadora en versión original (Arola) y versión doble catalán-castellano (Primer Acto) se hace en gallego, a través de la Revista Galega de Teatro. Tal como hizo notar su editor, Antón Lamapereira, hoy por hoy el Born es el único premio de teatro que aparece traducido a tres de las cuatro lenguas oficiales del Estado español. Esperança Pons, la emprendedora presidenta del Cercle, ya ha anunciado que están negociando para que también salga editado en euskera, con lo que completaría esa diversidad que tan nerviosos pone a algunos cuando se plantea en términos de igualdad. No deja de ser curioso que esta ingeniería de puentes y caminos se plantee desde una isla. Los mares unen más que las vías de alta velocidad.
El ganador de esta XXXII edición del Born ha sido el barcelonés Jesús Díez, veterano hombre de teatro con experiencia editorial, con una obra vodevilesca sobre la hipocresía social de las relaciones sexuales en tiempos de consejeros mediáticos y autoayudantes varios: El show de Kinsey.La magia del teatro irrumpió en escena disfrazada de entreacto, porque justo antes de la gala de entrega, Josep Maria Pou presentó en el teatro Principal de Maó la versión castellana del exitoso Albee que pasea ahora por las Españas: La Cabra (o ¿quién es Sylvia?),cuya intencionalidad está en plena sintonía con la de la obra ganadora. Sesenta de las cien obras presentadas al premio estaban escritas en castellano, españolas e iberoamericanas, y cuarenta en catalán, entre ellas las cuatro finalistas. Un repaso al palmarés del Born explica por qué ya es un premio de referencia. Entre los premiados de los últimos quince años hallamos a Sergi Belbel (1994 por Morir),Jordi Galceran (1995 por Paraules encadenades),Lluïsa Cunillé (1999 por L´aniversari),Antonio Álamo (1996 por Los enfermos y 2005 por El instructor)o Juan Mayorga (1998 por Cartas de amor a Stalin).La noche anterior a la gala se presentaron las tres ediciones de la obra ganadora en el 2006, Origami,de Carlos Be. Eso hizo que Menorca estuviese llena de gente de teatro de la más variada procedencia: madrileños, gallegos, asturianos, andaluces, valencianos, catalanes, amén de los menorquines. Cada uno usó, en público y en privado, la lengua que le fue más cómoda. Tal vez por la tramontana o por la naturalidad menorquina en cuestiones lingüísticas, todos los castellanohablantes insistían para que ningún catalanohablante tuviera que cambiar de lengua con una complicidad que, dicho sea de paso, ya no sucede en casi ningún ámbito.
Cada gremio tiene su tono general. Si en vez de dedicarse al teatro, el premio fuese de cine o de publicidad, estoy convencido de que ese bilingüismo pasivo de tono festivo que se dio con tanta naturalidad no se hubiese dado. La existencia de iniciativas como el premio Born demuestran que la España plural existe, aunque, hoy por hoy, es puro teatro.
MariusSerra@verbalia.com

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