VIDAS CONTADAS: MARCOS ANA

Poeta y ex preso político

Tiene 87 años, aunque parece mucho más joven, como si esos 23 años pasados en la cárcel no contaran. Pero sí pesan. "En la celda no existe el tiempo. Un día puede parecer interminable, pero la suma de los días es igual a cero, no ocupan lugar, todos se parecen como gotas de agua", dice el preso político del franquismo que más tiempo pasó de forma ininterrumpida en prisión. Entró con 19 años y salió con 42, en 1961, virgen y azorado por un mundo que no entendía, con vértigos y mareos ante los espacios abiertos y los coches veloces. Poeta arropado por Alberti, Neruda, Picasso y Sartre, ha escrito sus memorias Decidme cómo es un árbol (Editorial Umbriel)

Soy hijo de campesinos sin tierra nacido en 1920 en una pedanía de Salamanca. A los siete u ocho años mi padre se trasladó a Alcalá de Henares para trabajar como hortelano. De rosario y misa casi diaria, yo repartía Hosanna,la revista católica, y un día me acerqué a un mitin comunista. Oí que hablaban de mí y de mi familia y de mi mundo. Me sentí identificado. Durante unos años viví en la duda, rezaba mis oraciones y repartía Renovación,el periódico de las Juventudes Socialistas. Cuando estalló la guerra, una bomba de la aviación alemana mató a mi padre. Yo fui el primero en encontrarlo, destrozado por la metralla.

"Me metí en el Partido Comunista y fui al frente a luchar".

Lo ha contado así, de un tirón. Una historia que ha debido repetir mil veces, sin énfasis. No necesita elevar el tono de voz para que su buen castellano llegue claro y audible. Sigue contando:

"Fui al frente a luchar en el batallón Libertad, pero me devolvieron por menor. Al cumplir 18 años volví como comisario político. Al acabar la guerra tras la traición de Casado, fuimos al puerto de Alicante en espera de unos barcos de evacuación que nunca llegaron. Quien llegó fue la brigada italiana Littorio. En la comisaría de Almagro me dieron tal paliza que me sentí feliz al ingresar en la cárcel de Porlier. No quiero que nadie pase lo que yo he pasado. Hay que olvidar y perdonar, porque la venganza no es ningún ideal político; otra cosa es la amnesia, porque hay que conocer los horrores cometidos para que no se repitan. En los dos bandos se cometieron atrocidades, también en el republicano, pero en el franquismo se siguió matando. No fue igual en una zona que en la otra. A mí me acusaron de adhesión a la rebelión, de todo lo que pasó en la guerra en Alcalá de Henares y de haber matado a un sacerdote, pero aquel día yo había ido a Madrid y tengo un certificado de la Casa de Socorro que me atendió de un percance". A Marcos Ana le condenaron a muerte dos veces y vivió las sacas de otros condenados, esperando angustiado su turno. Se la conmutaron por cadena perpetua. Estuvo en dos campos de prisioneros y en cinco penales. Cuenta las torturas (maderas entre las uñas, semiasfixia con agua introducida con un embudo en la boca, palizas con fustas y vergajos de toro), la hambruna, las celdas de castigo de dos metros cuadrados ( "me entretenía poniendo a luchar una hormiga y una avispa, ¿sabes quién ganaba? La hormiga atenazaba a la avispa con su boca y le rompía la cintura"). Aprendió todas las clases de miedo que puede sentir un ser humano, incluido el pánico a perder la razón. ¿Cómo sobrevivió?

Recurre a una épica revolucionaria que recuerda el misticismo cristiano: la fe en el grupo, una estampa de Lenin arrojada por otro camarada en su celda que le infunde valor. ¿Y sin épica? "De día nos salvaba el colectivo. Lo terrible era la noche, solo en tu celda, metido en el petate y con la manta a la cabeza. Ver a los demás nos daba entereza. Muchos presos, cuando salieron a la calle, acostumbrados a la seguridad del colectivo, sin poder ganarse la vida, con su oficio desfasado, fuera de su hábitat, acabaron suicidándose".

Fernando Macarro se inventó un seudónimo literario, Marcos Ana, y empezó a escribir poemas. En el penal de Burgos (la Universidad de Burgos)conoció a José Luis Gallego y crearon revistas clandestinas (copiadas con gelatina y latas), representaciones nocturnas de teatro, instrumentos musicales hechos con cañas de escoba. "Siempre había guardianes sobornables y los que no, no podían con nosotros. Ellos trabajaban a desgana y a nosotros nos iba la vida. Si nos tapaban una vía, abríamos otra. Vencíamos siempre".

En 1961, tras una campaña internacional, fue amnistiado. Acostumbrado a los espacios cerrados e inamovibles, sufría mareos ante los parajes amplios y la velocidad de los autos. A los 42 años perdió la virginidad con una prostituta que no le quiso cobrar. Fraga y Madariaga dijeron que habían liberado a un asesino y el PCE le llevó enseguida a París como propagandista por América y Europa, arropado por Neruda, Alberti, Sartre, Picasso (que le hizo un cartel). En las primeras elecciones fue candidato por Burgos, sin salir elegido. "La URSS se equivocó, pero el ideal de un mundo mejor sigue siendo válido". Ahora postula una ley de la memoria histórica sin rencores: "Los franquistas han tenido cuarenta años para resacirse, ¿por qué no nos dejan poder llevar flores a las tumbas de los nuestros?".