ADELANTO
Una trayectoria muy personal
La incesante presencia pública de Vázquez Montalbán, la más vivaz reencarnación del papel del intelectual en nuestro pasado reciente, dejó en penumbra su actividad menos popular, la poesía. Pero no fue poeta ni tardío ni desfalleciente ni secreto. Sus primeros poemas surgieron en plena juventud, entre rejas; siguió publicando poesía casi hasta sus últimos días, y ahora nos depara la sorpresa de un libro entero inédito que, junto con otro de hecho desconocido, cerrará Memoria y deseo, la poesía completa que fue saliendo en varias ediciones recrecidas.
Definir qué fue ante todo el polifacético Vázquez Montalbán es un debate oportuno, y no ganas de buscarle tres pies al gato. Creo que él lo tuvo muy claro desde un comienzo y que trabajó guiado por sus convicciones. A un lado estaba la escritura que llamaré intervencionista, mayoritaria en sus primeros tiempos. La integran artículos y reportajes en la prensa y sus ensayos más sociológicos, como el temprano Informe sobre la información. Esta escritura formaba parte de la militancia ideológica y se llevó entonces casi todas sus energías, junto con algunos textos mestizos y transgresores que dieron lugar a un grupo de obras subnormales.
Todo esto pertenece al activismo reformista que movía al joven muy ideologizado. Con ello cumplía la misión cívica que había asumido mientras que el escritor se recluía en la poesía. En aquella época hizo poca prosa novelesca en realidad y no parece que tuviera en mucha consideración la novela. No deja de ser sintomático el origen de su primera auténtica novela, Tatuaje (1974): la escribió por una apuesta con el editor José Batlló en una noche de excesos etílicos.
Creo que Montalbán pensaba de la siguiente manera hasta avanzados los años 70. Entendía que el ensayo y el artículo eran los vehículos comunicativos por excelencia. La novela, de reducido alcance, le interesaba poco y no la valoraba como arte de categoría mayor. Luego ocupó un lugar fundamental en su obra por azares de la vida. El verdadero arte literario lo situaba en la poesía, donde cifraba su máxima ambición como creador. Por eso se movió con la mayor libertad en la poesía y de ahí viene el que ésta sea un islote en el panorama de nuestra lírica, pues se diferencia tanto de los novísimos a cuyo lado apareció como del resto de los poetas posteriores. Con razón dice su mejor conocedor en esta parcela, Manuel Rico, que Vázquez Montalbán representa una trayectoria única.
No supone esto, sin embargo, que Manuel Vázquez Montalbán se desdoble en el Dr. Jekyll y Mr. Hyde según escriba verso o prosa. Su literatura es unitaria y en la poesía lo que hace es llevar al extremo la perspectiva intimista y simbólica (evidente también en sus novelas morales, en El pianista o El estrangulador, entre otras) que sostiene su mundo creativo.
La poesía ilumina el sentido de la obra entera de Montalbán. El título que a la manera cernudiana dio al conjunto de sus poemarios, Memoria y deseo, sintetiza el núcleo de su literatura. Memoria nostálgica del ayer al palpar la derrota de las viejas banderas. Deseo de un futuro mejor que el que se intuye. Impotencia en suma de sentirse escriba sentado. Observamos que Carvalho sigue idéntica trayectoria. En el poemario Praga, el autor, ya solo ante el mundo, anota al contemplar su rostro que envejece: «y en cuya mirada tiembla todo lo vivido, soñado o imaginado». La elegía se impone al combate. En la poesía condensó Vázquez Montalbán con vibración emocional el motivo reiterado de sus restantes páginas: el profundo escepticismo con que saldaba una vida de lucha.
© Mundinteractivos, S.A.

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