La desaparición de Nagisa en el documental «El Astillero» y la construcción del puerto exterior de El Musel, un dilema entre el Canal de Historia y el Discovery Channel
Sobre la bahía Oeste de Gijón, la industrial, se extienden mundos que desaparecen y otros que emergen. Un documental titulado «El astillero (perdonen las molestias)» nos recordó ayer en el Festival de Cine ese Naval Gijón que se extingue irremediablemente.
Dirigido por Alejandro Zapico, y producido por Javier Bauluz, el documental recorre al última historia de la factoría gijonesa, desde los conflictos de 2000 por el despido de 200 jóvenes trabajadores eventuales, hasta el juicio, sentencia y encarcelamiento de los sindicalistas Morala y Carnero. Por el medio, se muestran otras reducciones de plantilla, como la que dejó al astillero en 100 trabajadores, allá por 2004. Un rótulo-epitafio final sobe fondo negro comunica a la audiencia el cierre definitivo del astillero en la primavera de 2008.
Ocho años de historia sobre los que «El astillero» ofrece ilustrativas filmaciones de las asambleas de trabajadores, enfrentados a una constante reducción de la capacidad productiva de la factoría, a un destino ciego.
Las referidas imágenes de las asambleas revelan también, al menos para espectadores enterados, las diferencias entre sindicatos a la hora de encarar las crisis. Unos contemporizaron más, y otros menos, caso de la Corriente Sindical de Izquierdas (CSI), por lo que se escucha en la banda sonora del documental la tradicional acusación a este sindicato sobre su «no permanente». Pero es ésta una materia que tendrá que juzgar la Historia, pues la supervivencia de Nagisa no se entendería sin las sucesivas movilizaciones de sus trabajadores.
Y si el documental de Zapico finaliza con el citado epitafio, su arranque ofrece en imágenes crepusculares esa tensión experimentada en la bahía Oeste entre su tradición industrial y la construcción residencial: grúas que se reflejan en las ventanas-espejo de los edificios de Poniente.
Porque dos son los personajes ausentes de «El Astillero»: la planificación urbanística que nunca quiso establecer una barrera entre el Gijón de la bahía Oeste y la presión residencial, y los gestores de un astillero que, aun habiendo recibido ingentes subvenciones públicas, lo han conducido a la desaparición. Sacar estos elementos invisibles a la pantalla no es sencillo, pero hubieran enriquecido el documental. De hecho, los autores de esta producción recurren a fragmentos de ficción para insinuarlo, caso de las secuencias tomadas de la película «Los lunes al sol», de Fernando León de Aranoa, cuando el personaje Santa-Bardem, maldice su suerte y la de su astillero.
Dicho todo ello, sucede, sin embargo, que a la cinematográfica bahía Oeste de Gijón le está faltando en este momento una producción de otro tipo. Algo al estilo de la serie de documentales «Megaconstrucciones», de Discovery Channel.
No es coña, aunque lo parezca. Los espectaculares aspectos de la construcción del nuevo puerto exterior gijonés, en confrontación invernal contra la mar cantábrica, o en su desarrollo mediante el fondeo de inmensos cajones de hormigón que formarán el dique Norte, merecerían su registro fílmico. Esto es lo que hemos deducido del simposio que sobre obras portuarias en grandes profundidades convocó esta pasada semana la Autoridad Portuaria, y en el que los ingenieros asistentes resaltaron los desafíos de la obra y elogiaron las soluciones adoptadas.
Hablamos de Discovery Channel, pero tal vez «National Geographic», con excelentes relaciones museleras, podría hacer algo. Es un suponer.
Ahora bien, lo que sí es cierto es que lo otro, lo referente al astillero de la bahía Oeste, encajaría mejor en el Canal de Historia. Porque, lamentablemente, Naval Gijón casi ya es historia.

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