CEREMONIA EN EL VATICANO
LA CRÓNICA
Moderados y conservadores esperan una señal del Vaticano
Las recientes palabras del presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, sugiriendo que la Iglesia debe pedir perdón por determinados comportamientos eclesiales durante la Guerra Civil 1936-39 y la posterior dictadura, han provocado una sorda tensión en la jerarquía católica española. Una tensión que no es nada ajena a la renovación de los órganos directivos de la conferencia, prevista para el próximo mes de marzo.
¿Acudirá el obispo Blázquez a la reelección? Sería vulgar decir que esta es ahora la pregunta del millón en la Iglesia. Podría ser pecado de simonía. Sería irreverente, además, porque son varios los prelados que dicen estar seguros de que el obispo de Bilbao está dispuesto a un segundo mandato, pese a las dificultades que presenta su reelección si una candidatura alternativa logra aglutinar al sector más conservador del episcopado. El moderado Ricardo Blázquez, sostienen las fuentes consultadas, dio un paso al frente el pasado lunes al formular en voz alta un discurso de reconciliación que no se oía en la casa de los obispos desde los tiempos del cardenal Vicente Enrique y Tarancón, uno de los hombres clave de la transición.
La admisión de que la Iglesia, pese a ser víctima de una salvaje represión en el bando republicano, pudo cometer errores ha sentado muy mal en el sector conservador. Las discrepancias no han trascendido en toda su longitud, pero el secretario-portavoz de la conferencia, el jesuita Juan Antonio Martínez Camino, eclesiástico de reconocida vehemencia, se permitió minimizar en público la modulada afirmación del presidente del episcopado. "Sus palabras (de Blázquez) fueron sacadas de contexto", dijo el tenaz portavoz
Martínez Camino acaba de ser nombrado obispo auxiliar de la diócesis de Madrid, tras descartarse recientemente su incorporación a la curia vaticana, donde podía haber ocupado la secretaría de la Congregación para la Educación Católica, relevante responsabilidad que finalmente desempañará el hasta ahora obispo de Angers (Francia). Es el primer jesuita nombrado obispo en España, puesto que la Compañía de Jesús tiene por norma que sus miembros no acepten cargos eclesiásticos, debiendo emitirse un permiso especial para ello.
Si Ricardo Blázquez opta a la reelección, ¿habrá candidatura alternativa? De nuevo la pregunta podría ser simoníaca. La respuesta seguramente sólo la conocen los cardenales Antonio María Rouco Varela y Antonio Cañizares, indiscutibles personalidades de la mayoría conservadora, escrito sea con todos los matices, puesto que la Iglesia católica no reproduce exactamente en su interior la polaridad derecha-izquierda que da forma a la ciudad de la política. La candidatura de Rouco Varela, que ya fue presidente de la conferencia durante dos mandatos (1999-2005) podría interpretarse como un pulso casi personal, puesto que la victoria de Blázquez, por un solo voto, impidió hace tres años que el actual arzobispo de Madrid alcanzase un tercer mandato. Para ello necesitaba dos tercios de los votos.
La candidatura de Cañizares, arzobispo de Toledo, tendría una connotación distinta. Los cardenales Rouco y Cañizares tienen hoy un peso muy fuerte en la Iglesia española. Por los cargos que ocupan y por su conocida amistad personal con el Papa Benedicto XVI.
Pero son muchos los caminos que conducen a Roma. Sin minimizar la buena conexión pontificia de los cardenales de Madrid y Toledo, las fuentes consultadas subrayan la cautela con que la Secretaría de Estado de la Santa Sede, dirigida en la actualidad por el salesiano Tarcisio Bertone, observa las tensiones en el episcopado español. Una opción continuista podría ser grata en los próximos meses a la Secretaría de Estado. Y en este sentido, una ´señal´del Vaticano podría evitar la presentación de una candidatura alternativa a Blázquez, cuyos principales apoyos están hoy en Catalunya, País Vasco y Andalucía. ¿Qué señal? Por ejemplo, el nombramiento de Blázquez como arzobispo ´ad personam´de Bilbao, un rango excepcional.
Quedan tres meses de interrogante, pero el sector conservador no afloja. En Roma era ayer muy comentada la actitud del nuevo cardenal de Valencia, Agustín García Gasco, en la cena - agitada cena- que tuvo lugar el sábado en la sede de la embajada de España ante la Santa Sede para celebrar los tres nuevos cardenales españoles. Por razones de protocolo, correspondía a García Gasco pronunciar el brindis de agradecimiento. El arzobispo de Valencia ignoró de manera ostentosa la presencia de la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, que minutos antes había hablado en nombre del Ejecutivo, con un discurso calificado de conciliador por varios asistentes. Un discurso que incluyó tres citas en latín de San Agustín: in necessariis, unitas (ante la necesidad, unidad); in dubiis, libertas (ante la duda, libertad); et in omnibus, caritas (y en todos los casos, caridad). De la Vega encabezará la candidatura del PSOE por la circunscripción de Valencia en las próximas elecciones generales.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados