Sobre la entrega de los Premios Libertad de Expresión en Navia, de Juan Vega en El Comentario (Colaboradores)
Ayer reunimos en Navia un buen grupo de amigos, en el restaurante Los Olivos, cerca de la playa, por la carretera que desde la ría conduce, en el camino de la costa, hacia Andés.
Se trata de un restaurante muy curioso, donde La Voz del Occidente suele celebrar sus actos de entrega de los Premios Libertad de Expresión. Una enorme plancha de hormigón apoyada sobre el terreno, sobre la cual se asienta una estructura ligera para edificio y pesada para carpa, con falso techo interior que la disfraza de jaima, y que por su tamaño es la gran factoría para las bodas que se celebran en el occidente costero.
Allí nos sentó David Piñeiro en mesas redondas, al más puro estilo protocolario, con asientos reservados en las mesas a nombre de los invitados que tuvieron a bien venir, entre los que destacó un autobús fletado por las asociaciones de la zona rural de Gijón, en el que llegaron los sindicalistas Cándido González Carnero y Juan Manuel Martínez Morala, premiados del año pasado. Carmen Suárez, de la asociación de Vega, fue el alma de ese autobús.
La prensa no asistió, como para mí era de esperar, con la excepción de dos queridos “outsiders”, como son Vicente Bernardo de Quirós –mucho más que un periodista- o Xuan Cándano –una de las personas más encantadoras del mundo de la comunicación- que anda forzando máquinas para el proyecto “Atlántica”, una propuesta de publicación que en principio será mensual, a la que debemos dedicar atención en próximas fechas, y para la que busca apoyo en forma de suscripciones.
Gustavo Bueno Sánchez y Gustavo Bueno Martínez, vinieron desde Llanes para presentarme, y se fueron después de hacerlo, y tengo que decir que la angustia que me creó su espectacular detalle, me dejó intranquilo para toda la cena, pues a Bueno se le veía preocupado por salir corriendo de vuelta, para estar pendiente de su esposa que sufre los rigores de la enfermedad.
Los saludos de Rivi y Barbie-Justiciera –enviados por correo electrónico-, que como era de esperar fue la nota histriónica de la noche, rompieron el hielo, en la presentación de los Premios, de una profesionalidad espectacular, a cargo de un periodista de Onda Cero, Darío Martínez, que dejó muy alto el pabellón de la profesión.
Gustavo Bueno, como siempre hace, lanzó al aire sus terribles verdades: “la libertad de expresión, siento decirlo así, no existe, lo que existe es la voluntad de libertad, que puede ser de dos tipos, la libertad del preso que aspira a salir de la cárcel o la del que quiere ejercerla a toda costa; ese es el caso de Luis Vega”. Por dos veces confundió mi nombre, mientras Gustavo hijo se esforzaba en hacerle señas, hasta que él mismo se dio perfecta cuenta, y sonriendo con ese tono profesoral que le caracteriza, dijo, “confundo a Juan con Luis, porque me están arreglando la vista”, por detrás se oyó la voz de Morala: “eso es un lapsus freudiano”.
Gustavo recordó mis tiempos en La Nueva España, en El Comercio, En TeleOviedo y en TeleAsturias, con lo que demostró estar perfectamente al loro de lo que estaba hablando, a pesar de la confusión que me ponía a organizar fiestas en Campuloto, y realizó un emocionante reconocimiento de mi empeño en ser libre que me encantó, tras lo cual, me tocó subir a la tarima a recoger el premio de manos de David Piñeiro y hablar a los que allí estaban, con atención muy especial a la mesa en la que estaban sentados Coté, Alan y Txomin Goñi, también venidos desde Llanes, el otro extremo de Asturias, con mi hijo Juan, así como otra mesa en el centro en el que estaba mi madre, que a su edad siempre desconocida para mí sigue atendiendo su negocio en Sama de Langreo, junto con mi hermana y mi cuñado.
Imposible no distinguir entre el público a Ignacio Gracia Noriega y su esposa Covadonga, que aprovecharon unas conferencias que dio en Boal el Cronista de Llanes, que no piensa dimitir, según nos aclaró allí mismo.
Hablé de lo mismo de lo que hablo aquí todos los días, de la actualidad. En estos mismos momentos, para mí, y en ese contexto, era totalmente relevante citar la censura que se ejerció estos días sobre las críticas de Izquierda Unida –ahora que está fuera del gobierno, claro- a la constitución del consejo de Comunicación del Principado, donde se administran los 1.800 millones anuales que estimó Valledor en el año 2002 que invierte el Gobierno de Asturias en retribuir adhesiones en medios de comunicación, que ahora serán ya 2.500 millones. Una buena cifra para tasar en Asturias la “voluntad de libertad” de la que habló Bueno.
No sigo, porque es tarde y tenemos que desayunar y emprender viaje. Hubo allí alguna productora audiovisual, muy querida de El Comentario, que tomó imágenes de todo, y pronto tendremos fotografías. Sólo deciros que la distancia es grande y que nos hubiera gustado que todos los que sinceramente deseabais estar hubieseis podido hacerlo, para celebrar juntos una fiesta que fue muy emocionante, porque se vio que casi todos los que estábamos, menos los que a mí me tocaron en la mesa –no hablo ni de mi esposa Flor, ni de Pieñeiro, claro, sino de unos políticos que entregaban los trofeos-, estaban encantados de habernos reunido para hablar de bienes tan preciados como escasos, por los que tanto merece la pena luchar.
