A FONDO

RETOS DE LA ECONOMIA SOCIAL

Las entidades intentan solventar sus problemas de financiación mientras llega una solución definitiva

Alstom gastará en la compra de Ecotècnia 350 millones de euros. Algo tendrá la cooperativa catalana para valer eso.Y otro algo no tendrá para que una empresa bien posicionada en un sector -el de las energías renovables- con mucho recorrido asuma su venta. En el sector circulan los rumores de que la estructura de Econtècnia no permitía dar el paso que le faltaba en su proceso de internacionalización: el desembarco en Estados Unidos y China.No tenía ni los contactos ni los recursos necesarios.

Hablar de capital es recurrente en el sector, como en las pymes.Los fondos propios resisten como pueden la modesta aportación que acostumbran a poder efectuar sus socios o las reducidas reservas que ofrecen los beneficios de las entidades. Hace años que se buscan instrumentos válidos para solventar ese problema. La actual ley de cooperativas introdujo la figura del socio colaborador, una persona física o jurídica que participa en la consecución del objetivo de la cooperativa mediante una aportación de capital, si bien le impide retribuciones superiores al 45% del beneficio de la cooperativa al final del ejercicio y que tenga un poder político en la asamblea que supere el 40%. Es la figura que jugarán, las hasta hace poco, familias propietarias de Caprabo, a través de sus respectivos paquetes de capital, una vez que Eroski inicie el proceso de cooperativización del grupo de distribución.

Esa fórmula no ha sido suficiente y diferentes entidades han intentado buscar otras. Grup Qualitat, dedicado a la construcción y la promoción inmobiliaria, ha realizado dos emisiones de bonos para captar recursos. Y Abacus lleva cuatro emisiones de capital social voluntario, ya probadas con éxito por Eroski y la valenciana Consum, que le han permitido conseguir cinco millones de euros para financiar su plan de expansión. Esta fórmula permite que los socios de la cooperativa puedan ingresar en una cuenta de la cooperativa sus ahorros a un tipo de interés establecido y sin ningún plazo límite, lo que asegura una disponibilidad efectiva de esos recursos.

Existen también los créditos bancarios y una cuarta pata más que esperada, y probada con éxito también en el País Vasco, gracias a la participación de sus cajas de ahorro y a la implicación del Gobierno vasco. El capital riesgo. Es en lo que se trabaja ahora en Cataluña, con la esperanza de que las entidades financieras se interesen también en los sueños de la economía social.

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