Artur Mas, de Leonor Mayor en El Mundo de Cataluña
PERSONAJE DE LA SEMANA
Por fin llegó el martes pasado, el día que el líder de CiU, Artur Mas, tanto había esperado y anunciado. El día de su conferencia sobre la refundación del catalanismo. Durante meses, Mas y Quico Homs le han estado dando vueltas y vueltas al asunto del nacionalismo para buscar una forma de presentarlo como algo novedoso. La prensa aguardaba expectante para saber qué es lo que Mas tenía bajo la manga. La oposición se mostraba exceptiva y, en apariencia, poco interesada. Mientras, el grueso de los ciudadanos seguía más preocupado por Cercanías o por llegar a fin de mes que por conocer las nueva filosofía política de los convergentes. Aun así, Mas consiguió reunir unas 2.000 personas en el Palau de Congressos. Si alguien de entre el público esperaba que el líder de CiU anunciase que su partido ha optado por los derroteros del independentismo se quedó con un palmo de narices. De lo que Mas dijo durante hora y media parece deducirse que Convergència no es independentista, aunque sí apuesta por «el derecho a decidir», por la «nación plena», por «situar Cataluña en el mundo» y por «dejar de hacer pedagogía para confrontar el marco legal». Todo esto podría concretarse cuando el Tribunal Constitucional dicte sentencia sobre el recurso que el PP presentó contra el Estatut.Mas tiene un plan para el caso de que los jueces recorten el texto: se trata de convocar un referéndum y, si Madrid se opone, pedir que el Parlament se pronuncie. Y aquí viene la enjundia del asunto, porque, según Mas, este pronunciamiento tendría que ir acompañado de la constitución de un nuevo Govern «de concentración» formado por los partidos que defienden el Estatut. Un observador despistado pensaría que lo que quiere Mas no es tanto hallar la piedra filosofal de la refundación del catalanismo, sino la manera de volver al poder sin tener que esperar a la llamada de las urnas en 2010.
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