TRIBUNA LIBRE
Las revelaciones hechas esta última semana por EL MUNDO sobre la reunión que el pasado mes de octubre mantuvieron representantes de ETA y del Partido Socialista de Euskadi, así como la reciente publicación de los detalles de la negociación abierta entre la banda y el Gobierno de España en el boletín interno de los terroristas, van más allá de la excelencia informativa de un medio de comunicación o la capacidad profesional de un periodista. Irremediablemente, provocan una lectura más profunda. Ponen de manifiesto la verdad auténtica que encierra el proceso de paz y, fundamentalmente, son claves para comprender la estrategia puesta en marcha por el gabinete de Rodríguez Zapatero en esta materia.
Como suele pasar siempre, quienes se sienten incómodos con este tipo de informaciones necesitan desacreditar la veracidad de las mismas. Casi siempre, utilizan dos tipos de argumentos. El primero, descalificar e imputar intencionalidad al medio que las publica, poniendo en duda su veracidad, acusándole incluso de actuar como altavoz de ETA. Quede claro que el tiempo siempre ha puesto en entredicho a estos actores, confirmando la razón de los informadores.
Y el segundo argumento recurrido tiene que ver con el origen de la fuente, referido en este caso al Zutabe, utilizando para ello la simplista reflexión de que ETA, como es muy mala, miente. Y no voy a ser yo quien hable bien de los terroristas, pero en los 12 años que llevo en la política vasca jamás he visto engaños en sus boletines o comunicados. ETA utiliza sus medios internos y externos para reivindicar sus atentados, para amenazar y para retratar sus relaciones con los gobiernos y las distintas fuerzas políticas.
Tan es así que estos asesinos contaron con pelos y señales qué paso en las negociaciones de Argel con Felipe González, qué ocurrió después con el Gobierno de José María Aznar y sus enviados, y hasta mostraron los papeles firmados con el PNV en Lizarra. Con el transcurso del tiempo, y por otras fuentes, se ha sabido que todo lo que contaba la banda era cierto. ETA necesita extorsionar, necesita amenazar, necesita negociar y necesita matar, pero no tiene que mentir para conseguir sus objetivos.
El mismo que hoy es ministro del Interior lo era también cuando el Gobierno socialista de Felipe González negaba la guerra sucia y aseguraba que todo era mentira y fruto de una maniobra orquestada e inventada para quitar a un presidente. Con el paso del tiempo, y con el trabajo de los tribunales, se ha sabido que todo era verdad, y gracias también a los profesionales de EL MUNDO se solventó una época negra en la democracia española.
Los últimos episodios de la negociación publicados ayudan a conocer las intenciones de los actuales dirigentes socialistas. Ahora ya se sabe -no sólo es una intuición- que en la burla a la Ley de Partidos que supuso la presentación de ANV en las elecciones municipales del pasado mayo estaba el Gobierno de por medio; se sabe que negociaron con ETA a pesar de la determinación de matar adoptada por la banda a los pocos meses de anunciar su alto el fuego, y a pesar de que en diciembre de 2006 había asesinado a dos personas en Barajas; y, sobre todo, que aún siguen en la negociación, como demuestra la reunión entre los socialistas vascos y ETA celebrada hace un mes.
Llegados a este punto, el argumento central que podría utilizar en este artículo es el de la mentira de los dirigentes de Ferraz. Pero aunque el tiempo le esta dando la razón a Mariano Rajoy y demostrando que Rodríguez Zapatero ha engañado a los ciudadanos en lo fundamental del proceso de paz, considero que no es lo más importante en estos momentos. La principal consecuencia que debemos sacar de lo que hoy se conoce sobre la negociación con ETA es que Zapatero sigue empeñado en el pacto con la banda terrorista, porque sigue creyendo que ese camino le es útil a pesar de que siempre ha fracasado o, lo que es peor, porque quiere utilizar a la banda para que le ayude a ganar unas elecciones.
Todo esto certifica que Zapatero no ha pretendido nunca que los terroristas pudieran percibir de su acción de gobierno que deben perder toda esperanza si no dejan las armas. Eso hubiera sido lo que cabría esperar de su actuación, pero lo que más le preocupan son las consecuencias electorales de sus tratos con ETA. Es cierto que, tras el anuncio público de la banda terrorista de ruptura de la tregua, las manifestaciones del presidente han sido firmes, y algunas de las actuaciones promovidas en su entorno contundentes, pero la revelación de que un atentado mortal no le impidió seguir negociando, la realidad de que de alguna manera lo sigue haciendo, y que en las conversaciones están las elecciones del próximo mes de marzo, son evidencias de que a Zapatero le importan más los votos que la paz.
Lo que ha pasado estos meses de proceso público anterior y proceso secreto actual demuestra que si ganan las elecciones generales los mismos gobernantes de ahora, seguirán negociando con ETA y las cesiones serán más de fondo, porque ya no estarán tan preocupados por lo que piense la gente. Creerán que pueden hacerlo porque tienen cuatro años por delante y lo harán porque no han interiorizado que ese no es el camino. Creerán que tienen que hacerlo para agradar a quienes comparten sólo fines con la banda terrorista y, a la postre, se convierten en los compañeros que necesitan para conservar el poder.
Y, además, puede que tengan un débito con la banda si ésta hace algún gesto antes de marzo. Si hubiesen parado su diálogo tras el mal llamado terrorismo de baja intensidad o tras la extorsión, pensaríamos de distinta manera. Si hubiesen roto de verdad después del asesinato de Madrid y tras el fin del alto el fuego, pensaríamos que Zapatero se da cuenta de su error y rectifica.
Pero como los hechos son otros, y siguen en las mismas, ahora todo el mundo debe saber que la negociación va a ser más intensa y más política después del mes de marzo si la ciudadanía no cambia a los actuales gobernantes. La consecuencia de una nueva fase del trato con ETA no es más paz, sino, al contrario, más violencia a medio plazo, porque los terrorismos sólo desaparecen cuando no tienen esperanzas de alcanzar sus objetivos y las negociaciones aumentan sus expectativas. Los tratos con ETA sólo alimentan más terrorismo, porque, como se ha comprobado, todas las fórmulas aplicadas en España en los últimos 40 años no basadas en la aplicación del Estado de Derecho sólo han reforzado a ETA y han debilitado a la democracia.
Ya sólo queda una opción para que cuanto antes se arregle un problema que sí tiene solución. Ya sólo hay una alternativa para que se apliquen las recetas que debilitan a la banda, para que se utilicen las políticas que hagan a ETA perder toda esperanza y resulte abocada a su final, para que la libertad se instale de manera definitiva en el País Vasco. Esa solución es que Mariano Rajoy sea el próximo presidente del Gobierno.
Antonio Basagoiti es presidente del PP de Vizcaya.
© Mundinteractivos, S.A.

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