Con la tranquilidad que da estar instalados sólidamente en el poder y haber conseguido una situación insólita en Catalunya, como es el disponer del control de todas las administraciones, el PSC celebra este fin de semana su VI conferencia nacional, con la que pretende abrir un debate sobre los temas que tiene planteados el país en el inmediato futuro. Es indiscutible desde todos los puntos de vista que el PSC disfruta de un momento dulce, ya que si difícil es acceder al poder de una administración, la actual coyuntura política ha desembocado en que la mayoría de los ayuntamientos catalanes, empezando por el de Barcelona, la Generalitat y el Gobierno de España sean en última instancia responsabilidad de un socialista. ¿Es fácil reflexionar desde esta posición? Puede ser que no, pero debería ser justo lo contrario, ya que el PSC no tiene ninguna de las prisas históricas que persiguen a otras formaciones. Bajo la batuta dirigida por José Montilla y José Zaragoza, el PSC ha sabido arbitrar alianzas parlamentarias sólidas con ERC e ICV que le preservan de movimientos sísmicos en las política catalana. No se trata tanto del grado de independencia que puedan tener los socios del PSC como de la habilidad del president por tejer una sólida telaraña en la que los movimientos que puedan hacer acaban siendo sólo gesticulares. En los últimos tiempos el PSC ha roto con algunos tabúes, entre ellos su dependencia del PSOE, que quedó alterada el día que, como ha recordado Montilla, los socialistas catalanes establecieron una agenda propia para gobernar la Generalitat. Desde esta posición, el PSC no debería dormirse y debería ser capaz de perfilar una hoja de ruta que permita remontar la preocupante situación que atraviesa Catalunya.