AQUI NO HAY PLAYA
Si hay algo indiscutible en la llamada operación Guateque es que quien escoge los nombres de estas razias policiales ya no cumple los 50. Lo que daría por ser testigo del momento en que se deciden estos nombres en clave. El peatón me da con el codo y me insta a que no frivolice con un asunto tan serio. Sin embargo, yo defiendo que la nomenclatura es crucial para comprender el propósito y el espíritu de estas actuaciones. Así, si cuando hay un escándalo o un desorden con múltiples implicaciones los italianos lo denominan «casino», ¿por qué nosotros no vamos a llamarlo guateque? «Esto es un guateque» dirán tal vez las futuras generaciones. He escrito «corrupción municipal» y seguro que hay quien está en desacuerdo, pues aunque los implicados son en buena parte funcionarios del Consistorio, no puede deducirse que la institución tenga chapapote en las venas. Los cargos electos, por lo que se sabe hasta ahora, están a salvo de la quema, pero habría que preguntarles cómo es posible que semejante cambalache estuviera ocurriendo bajo sus narices. Cómo es posible que no hubiera mecanismos de control.
En la época de los guateques existía una figura primordial: el pinchadiscos. Muchas veces ese papel recaía en el más tímido o menos agraciado, el cual, pese a no tener derecho a roce, se percataba de cuanto ocurría a su alrededor o echaba a volar su imaginación hacia las habitaciones. Aquí hay que salvar las distancias, pues ya se conoce el brío de nuestros ediles, no comparable a la humildad del pinchadiscos. Más bien, ellos serían la salsa de la fiesta. Puede entenderse que ellos o incluso el atento pinchadiscos no se dieran cuenta de si en el guateque se están produciendo hechos delictivos. Puede pasar una noche, dos, tres si me apuran, pero, ¿pueden transcurrir 20 años sin que nadie se dé cuenta de nada? ¿sin que nadie sospeche de esas idas y venidas, de llamadas extrañas, de sobres que cambian de mano? Hasta el pinchadiscos debía estar ciego y sordo. Porque lo más llamativo es que, salvo los responsables del Ayuntamiento, todo Madrid sabía lo que ocurría.
© Mundinteractivos, S.A.

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