Todo titánico, de Javier Morán en La Nueva España
Se nos aglomeran los acontecimientos: El Musel canta su gesta ingenieril; Palao explica que los Tribunales y terminar el superpuerto eran incompatibles; alguien sugiere que las empresas pedían el doble del sobrecoste admitido; y, en el trasfondo, la firma Endesa le atiza a HC Energía en pos del ciclo combinado de Aboño. Todo está relacionado, bien sea en formato de caos o de orden, como cuando aquel místico oriental observaba una judía y, con infinita concentración, contemplaba en ella toda armonía y tensión cósmica.
En efecto, un simposio organizado por El Musel examina la construcción de obras portuarias titánicas en grandes profundidades. El puerto exterior gijonés se lleva la palma en nuestras latitudes. Lo dicen hasta unos industriosos ingenieros japoneses que se han sumado a otros 200 del ramo que con pasión hablan de estados límite y de colosos estructurales.
Lo decimos una vez más con orgullo: la obra muselera es colosal, cosa casi de titanes, aunque los arreones titánicos, la titanomaquia, andan por detrás del cabo de Torres, en la explanada de Aboño, donde Endesa le quiere enseñar los dientes a Hidrocantábrico. En esta partida de grandes órdagos, es mano el Principado, y se ha pasado del corrido y sin señas a las señales de que alguien abre y cierra los portillos de los futuros establecimientos empresariales en El Musel. Al amigo, todo; al enemigo, ni agua.
Entonces, la cantera de Aboño, acariciada por la Autoridad Portuaria y puesta a tiro de tres aspirantes a construir el superpuerto, repele a los picapedreros que esperaban extraer 20 millones de toneladas. La obra no puede parar, gimen algunos, y se viaja a canteras lejanas. «Sobreviene», como dice algún místico portuario, el sobrecoste. Primera opción: a los Tribunales. El Musel contra los contratistas. Imposible, explica Palao: «Quedábamos compuestos y sin novia». A pactar. ¿Cómo? ¡400 millones de sobrecoste! La mitad y vais que chutáis. Titánica negociación. Todo titánico.
