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El Ente anunció el martes la emisión por Radio-1 de Tengo una pregunta para usted a hora tan civilizada como las 22.00 y el pase televisivo a las 23.45 ya poco cristiano para quien no sea fanático de la política española. Los preguntados por el público fueron dos andaluces: Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía, y José Montilla, Molt Honorable President de la Generalitat.
Recuerdo a Chaves cuando siendo ministro de Trabajo se resistía a ir a Andalucía, donde le empujaba Felipe González, y las bromas que le hacían allí a cuenta de su rostro mofletudo con aire de aquel anuncio de Netol o con perfiles del escudo del Barça. Lleva 17 años mandando, y los que le quedan a partir del 9 de marzo, y es presidente del Partido Socialista. Es un virrey, y así se lo dijeron, sólo derribable por una maquinación alambicada, porque la mayoría de los andaluces no se meten en política y se limitan a votar «a la PSOE».
Le presentó Ana Blanco a un público menestral que le recordó haber prometido alegremente vacaciones pagadas para las amas de casa, que siguen esperando. Le preguntaron por sus dineros y confiesa los imposibles de ganar 12 mensualidades de 5.000 euros y tener 3.000 en el banco. Ya tendrá otros ingresos para estar en hipoteca y haber educado a los hijos en el extranjero. Ni las preguntas ni las respuestas fueron ideologizadas y tan a ras de suelo que allí se habló de una medalla a la Duquesa de Alba o de la introducción de la homeopatía en un Sistema Andaluz de Salud que incluye el cambio de sexo.
Patéticas respuestas de Chaves que inquirían por la falta de trabajo. No sabía cuántos españoles trabajan en Gibraltar (6.000) y sugirió que se mantuvieran en sus tajos aunque allí tienen menos derechos que en La Línea. Que Cádiz sea un punto negro de desempleo en la Unión Europea y el PSOE gobierne Andalucía desde la Transición es motivo de sesuda meditación. Será por eso que se dijo que allí hay empleados que cobran el desempleo. «¿En qué trabaja tu padre? En el paro».
Cambiaron de plató para ir a Barcelona, donde ofició Lorenzo Milá. El andaluz Montilla habló en catalán excepto en un momento en que le saltó un chip cerebral al hablar de los créditos condonados al PSC. Traductoras y traductores se afanaban en hacerle la simultánea a Montilla y hasta Milá se introdujo para algún malentendido. El resultado fue un ruido de fondo como el de unas alcachofas secas raspando una olla, en un programa televisivo en el que todos hablaban español. Fue Tin una pregunta por a vosté. Como el catalán de Montilla no es académico, más valdría que hubiera hablado en castellano con traducción al catalán.
Tal como con Chaves, el debate fue de las cosas de cada día y ni siquiera le preguntaron sobre las Cercanías de Barcelona y la ministra incombustible. Lo único interesante es que se definió como catalanista no independentista. Afortunadamente, las buenas tandas de publicidad las pasaron en español sin subtítulos, porque la pela es la pela.
© Mundinteractivos, S.A.

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