Liderar en femenino, de Alfons Sauquet en La Vanguardia
DEBATE
La paridad laboral
Ultimamente se insiste en que existe un modo diferente de liderar asociado al género. De modo que podría hablarse de un estilo de liderazgo femenino. No se ha considerado el tema de forma más sistemática debido, en parte, a la falta de presencia de mujeres en puestos de dirección. La existencia de un techo de cristal, un obstáculo imperceptible pero efectivo que hacía de la mujer directiva una excepción, otorgaba poca relevancia a la cuestión. ¿Por qué? Porque contamos con suficientes ejemplos para establecer comparaciones entre hombres y mujeres y porque minimizamos el problema de la representatividad. Tal como sostuvo RM Kanter, era virtualmente imposible pertenecer a una minoría (la de las mujeres en un entorno de hombres), representar al grupo in extenso (las mujeres), experimentando presión adicional por este motivo, y actuar además conforme a patrones diferentes a los de la mayoría. Sencillamente, no era posible. Antes bien, las directivas buscaban minimizar diferencias.
¿Puede decirse que hay un modo de gestionar femenino? Y si así es, ¿podemos dar una razón de su porqué? Y por último, en el caso de que la primera pregunta fuera afirmativa, ¿es más conveniente dicho modo?
La opinión más difundida es afirmar que existe. Mientras que el modo masculino bascula entre la competitividad, racionalidad, jerarquía, el femenino se construye sobre la dimensión relacional, incluyendo la empatía, la emoción, etcétera. El modo femenino tiene raíces en la dimensión psicológica que Carol Gilligan exploró en Una voz diferente.Esa voz se inscribe en un discurso que remite tanto a Sófocles como al mito de Psique. Una voz que se ha enriquecido añadiendo dimensiones cognitivas patentes en los diferenciales de rendimiento escolar entre niñas y niños en relación con distintas materias. Si hay bases para la diferencia, lo sensato es sostener el modo diferencial de liderazgo. Pero creo que, al afirmar la diferencia, lo singular de lo femenino, no debemos olvidar la época. Tan importante es el género del sujeto del verbo liderar, como el tiempo y el lugar en el que se ejerce el liderazgo.
Vivimos en una época en la que la inteligencia emocional es un miembro más en nuestra familia e implica un tipo de liderazgo diferente. Si los adjetivos de la organización de los años 60 y 70 correlacionaron con los varones (y con las pocas mujeres) que las dirigían, los adjetivos de la organización de este siglo correlacionarán con sus líderes, sean estos mujeres u hombres.
A. SAUQUET, vicedecano de Investigación y Conocimiento de Esade.
