La noticia de la muerte de Fernando Fernán-Gómez me deja tocado, sobrecogido, como a todos los que estamos en pleno rodaje del «Dos de Mayo». Lo bueno es que en un día tan triste me encuentro en compañía de intérpretes y amigos suyos, como Manolo Galiana, Miguel Rellán, Tina Sainz, Quim Gutiérrez... y la triste noticia de su muerte, no por esperada, nos ha dejado conmocionados. Se nos ha muerto un grande de España.

Me siento honrado y orgulloso de haber hecho «El Abuelo» con él; de haber sido miembro del Jurado del premio Mariano de Cavia que le concedimos por unanimidad en la Casa de ABC; y de haberle dedicado un número en la revista «Nickel Odeón» a su inmensa figura y personalidad.

Fernando no sólo ha sido actor, sino que ha reivindicado el papel del actor. Ha sido un director extraordinario, un escritor maravilloso -«Las bicicletas son para el verano», «El tiempo amarillo»-; era alguien que pasaba por encima de lo que se proponía como creador y artista. A todos los que hemos trabajado con él nos ha dejado una huella enorme. En particular, mi trato con él siempre ha sido magnífico en los tres proyectos cinematográficos que compartimos.

Fernando ha sido un hombre divertido que brillaba por su inteligencia. Era un ser humano de una inteligencia y de una clarividencia absolutas. Quiero desmentir rotundamente que fuera, como se decía de él, un hombre «huraño», o que «estaba airado...» Jamás lo vi así, conmigo nunca lo estuvo, y eso que he estado con él rodando, fuera de rodaje, en Hollywood, en Los Ángeles, y jamás se ha comportado como un hombre airado o gruñón.

Me viene a la memoria una anécdota estupenda al respecto que muestra muy bien cómo era Fernando: allá en la Meca del cine, nos metimos un día en una limusina enorme repleta de licores: whisky, coñac... Allí dentro nos encontrábamos Mariano Rajoy, que entonces era ministro de Cultura; Pío Cabanillas, que era el director de RTVE; Luis María Delgado, amigo de Fernando, y director de cine también, que ha fallecido este año; Emma Cohen, y un servidor. Entonces, de repente, el chófer de la lumusina se dirigió a Pío, que era el que hablaba maravillosamente inglés, para preguntarle dónde íbamos. Y Fernando salta y le pregunta a su vez: «¿Cómo dice usted, caballero?», con esa voz rotunda, enorme. Pío le traduce: «¿Que a dónde vamos?» Y Fernando aclara: «¿Cómo que a dónde vamos? A ningún sitio, joder, con lo bien que se está aquí dentro, y con todo lo que tenemos, es imposible estar mejor. Con whisky, televisión, charla y tertulia, a ningún lado vamos, coño».

Fernando honró la Real Academia. Recuerdo que el día que vimos «El abuelo» junto a Sus Majestades los Reyes le dije a Fernando: «Vas a ser acádemico». Y así ha sido. Con él entró el cine en la Academia, y ya era hora. Hasta ese momento lo representaba Julián Marías, pero su relación con el cine era más reflexiva, más analítica.

Fernando ha sido un magnífico actor y escritor, y su obra teatral extraordinaria. Hace algunos años estuvimos durante doce semanas en Asturias rodando «El Abuelo» -creo que también para él fueron unos días extraordinarios-, y tuve el placer y la oportunidad de dar muchos paseos junto a él por aquel maravilloso y estupendo paisaje asturiano. Compartimos sobremesas y en cada momento me daba cuenta de que Fernando ha sido, es, y será un grande de España, que, normalmente no son los que aparecen y conocemos.

Los grandes de España han sido hombres como Picasso, como Ortega y Gasset, como Falla, como Antonio Mingote, como él. Ha sido magnífico como cineasta, como autor, como dialoguista. Ha sido una persona que sabía conversar, con la que se podía hablar y que era capaz de contar las cosas de una manera amenísima.

En su haber tiene un póker de obras maestras: «La vida por delante», «El extraño viaje», «El mundo sigue» y «El viaje a ninguna parte». Ha sido un actor colosal y le recuerdo así en interpretaciones asombrosas en cine: «Balarrasa» y «El abuelo», que no se hubiera hecho sin él, y teatro: «Sonata a Kroiser» y «El pensamiento». Para mí siempre ha sido una experiencia maravillosa trabajar con el, un orgullo y un privilegio.

Así era F F-G.

José Luis Garci. Director.