El hombre que siempre fue Bernard Shaw, de Gonzalo Suárez en El Mundo
EN LA MUERTE DE UN MAESTRO
Conocí a Fernando Fernán-Gómez un 5 de enero de 1963 en Barcelona. El interpretaba a Bernard Shaw y yo hacía periodismo bajo el pseudónimo de Martín Girard. Según me confesó, tenía en común con Bernard Shaw una cierta tendencia a la amargura y, desde niño, le atormentaba ser pelirrojo. «Yo no era como los demás», me dijo, «era pelirrojo y jugaba mal a todo».
Luego, haciendo gala de su supuesta amargura, se lamentó de no haber trascendido internacionalmente. Trataba de consolarse pensando que era culpa de la subdesarrollada industria cinematográfica española, pero enseguida llegaba a la conclusión de que la culpa la tenía él, porque en México, donde el cine estaba tan subdesarrollado como en España, se habían dado a conocer Cantinflas, María Félix y Buñuel. Todo esto me decía mientras comía un bocadillo de jamón y bebía una copa de coñac.
Yo acababa de verle actuar y me creía estar hablando con el mismísimo Bernard Shaw y, para mí, nunca dejó de ser Bernard Shaw. Por supuesto, no he conocido a Bernard Shaw en persona, pero estoy seguro de que el autor en cuestión no me habría suscitado la admiración, cariño y respeto que Fernando Fernán-Gómez no ha dejado de inspirarme como escritor, director y actor. Buenas noches, genio.
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