Noviembre 22, 2007 – 2:01 pm

El diario asturiano La Nueva España lanzó, así como quien no quiere la cosa, José Ramón Álvarez Renduelesel debate sobre la sustitución del actual presidente del Patronato de la Fundación Príncipe de Asturias, José Ramón Álvarez Rendueles, presidente de ArcelorMittal, con una dilatada carrera que tuvo su arranque en los últimos años del régimen del general Francisco Franco, cuando comenzó su biografía de altos cargos como subsecretario del Ministerio de Hacienda, para continuar, tras la muerte del dictador, con responsabilidades económicas tan importantes como secretario de Estado de Economía y gobernador del Banco de España.

Álvarez Rendueles, que sustituyó en la presidencia de la Fundación a Plácido Arango y a Pedro Masaveu Peterson, caracterizó siempre su actividad como gestor de intereses políticos y empresariales, con la discreción y el silencio que se exige a este tipo de ‘funcionarios’ de la economía real, que se mueven a caballo entre las grandes empresas públicas y privadas y los más importantes cargos públicos de la vida económica de los estados.

Puede decirse, sin embargo, que su ejecutoria en la Fundación se vio empañada por un oscuro episodio sucedido, como casi todo en Asturias, a propósito del destino de los terrenos de la ría de Avilés, en los que se va a abordar inmediatamente la construcción del llamado Centro Niemeyer, un edificio impulsado personalmente por el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, que al principio pretendía ser un Museo de los Premios Príncipe de Asturias, y que ahora nadie sabe a qué diablos se va a dedicar, pues aunque parece que ya están en marcha unas obras de explanación El Niemeyer en la nueva centralidad avilesinadel solar, sigue sin existir un plan funcional que defina su uso, aunque en el PGOU de Avilés sí está previsto un terremoto urbanístico alrededor de los terrenos, en lo que los arquitectos redactores han dado en definir con el manido concepto de ‘nueva centralidad’, con el que suelen denominarse de manera elusiva todo tipo de pelotazos inmobiliarios, como los que están previstos en el suelo de los astilleros de Gijón o en el entorno del nuevo HUCA de la Cadellada en Oviedo.

En este asunto del Museo de los Premios, que ponía el nombre de la institución monárquica al servicio de una operación especulativa, Álvarez Rendueles se vio desautorizado por el Patronato de la Fundación Príncipe, que optó por desligar a la institución regia del debate avilesino, que además pillaba a su presidente en una incómoda posición, pues cuando se debatían tan singulares cuestiones, se encontraba en el aire la negociación del canon que su empresa había de pagar a la sociedad Infoinvest, gestora de los terrenos en los que se asientan las muy contaminantes baterías de coque de Aceralia, la sociedad que preside el propio Álvarez Rendueles, dentro del grupo ArcelorMittal, del que también es vicepresidente.

Ahora La Nueva España lanza, a través de las palabras de Plácido Arango, antecesor de Álvarez Rendueles, la idea de que la sucesión en la presidencia de la Fundación debe hacerse en el seno del propio Patronato de la misma, un planteamiento sin duda condicionado por la vocación de continuidad institucional.

Sin embargo, este planteamiento agitado a través de La Nueva España, presenta un problema en el que aún no han reparado los maestros de fogones en los que se cuecen este tipo de fontanerías palaciegas, y que sin duda encontrará un eco nada despreciable en el Principado –y probablemente fuera de él-, territorio que lleva el nombre que da el título a los sucesores de la Corona de España, del que además procede la cónyuge de Felipe de Borbón y Grecia, Letizia Ortiz Rocasolano, que en breve será distinguida con el título de Hija Adoptiva de Ribadesella, que fue vecina de la ovetense calle de General Elorza, enLetizia Ortiz Rocasolano su infancia y adolescencia, y que por lo tanto no puede soportar con indiferencia las circunstancias que rodean el acontecer de la institución que lleva el título de su augusto esposo y el ancestral nombre de su tierra.

Así de simple: en el amplio Patronato de la Fundación Príncipe de Asturias no hay ni una sóla mujer, y este pequeño detalle viene a añadir una incertidumbre nada desdeñable sobre las incógnitas que plantea hoy por hoy, el carácter machista de la legislación española que discrimina a las mujeres, a favor de los varones, en el acceso a la Corona, introduciendo una insoslayable contradicción en la Constitución, que garantiza por una parte la igualdad ante la Ley de todos los ciudadanos –precepto de discutible aplicación real-, prohibiendo expresamente la discriminación por razones de sexo, lo cual convierte a la primogénita Leonor de Borbón Ortiz en una ciudadana española preterida desde su nacimiento, tal y como en su momento subrayó el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

No me cabe la menor duda de que la presencia en la Corte de Letizia Ortiz, persona de fuerte carácter y marcada vocación emancipatoria de la opresión femenina, será determinante a la hora de modificar la legislación española para que su primogénita no sea postergada a favor de un varón -aunque llegado el momento fuera su propio vástago-, a la hora de acceder al raro privilegio de una Jefatura del Estado hereditaria, pero en tanto ese debate que parece algo adormecido se recupera en la vida pública española, tras el impulso dado al mismo por Zapatero, “el amigo de las mujeres”, de momento, sería una buena muestra del talante igualitario que unos y otros dicen sostener, que la Fundación Príncipe vea repudiado de su seno el intolerable machismo del que hace gala su alto Patronato, dando cabida en el mismo a tantas mujeres que serían acreedoras a este honor, para que tamaña discriminación pueda ser combatida de manera “positiva”, tal y como se dice en expresión al uso, mediante el nombramiento de una sucesora para su actual presidente.

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