Una cuestión de actualidad es hasta dónde caerá el dólar. No esperen respuesta, por supuesto. Puede que el dólar esté infravalorado respecto al euro a medio plazo, pues la productividad de EE. UU. es mayor que la de la UE. Además, la experiencia anecdótica indica que son insostenibles situaciones como la actual, en que los locales podemos movernos por EE. UU. al lema de "véndame dos", porque uno (de lo que sea) sale muy barato al cambio. Después de todo, EE. UU. sigue siendo más rico que España y que la zona euro. Pero en el corto plazo el cóctel de déficit fiscal y comercial (déficits gemelos)en EE. UU. pesa como una losa sobre el dólar.
Esta situación recuerda la recta final del mandato de Ronald Reagan. El dólar, que había llegado a cambiarse a 190 pesetas en 1981, cayó hasta 90 en 1986. Tal depreciación la causaron políticas que provocaron un gran déficit público y gran auge de las importaciones: Aumento del gasto en defensa; reducciones permanentes de impuestos para los mayores contribuyentes; reducción del gasto social e inversión pública, y, por fin, debilitamiento del dólar para relanzar la exportación. La Reaganomics colapsó por el monumental aumento del déficit.
Algo similar sucede ahora. Bush hijo ha recuperado con intensidad los rasgos básicos de la Reaganomics. La idea fuerza era que el aumento del déficit público provocado por la combinación de rebajas fiscales a los más ricos (en los debates en EE. UU. estos términos se usan sin mayores complejos) y aumento de gastos de defensa forzaría a elegir entre aumento de impuestos generales y reducción del gasto social, y esta última sería la opción preferida por la mayoría de los electores. Esto se traduciría en una fuerte reducción del gasto social, uno de los ejes básicos de la agenda neocon en Estados Unidos.
Pero el poder legislativo (menos entrelazado con el ejecutivo que en los sistemas parlamentarios) no ha podido/ querido llevar los recortes de gasto tan lejos como deseaba el Gobierno, y el déficit fiscal ha quedado fuera de control.
Además, las rebajas fiscales selectivas han estimulado las importaciones y el deterioro del saldo comercial. Hace tiempo ya que existe consciencia de la insostenibilidad de los déficits gemelos,por lo que el dólar - renqueante desde el otoño del 2004- está ahora en franca caída.
Es difícil entrever cómo se saldrá de la coyuntura actual. Si los antecedentes sirven para ilustrarnos, puede que una nueva presidencia demócrata aumente los impuestos a los más ricos en el 2009, corrigiendo el déficit fiscal y contribuyendo a mejorar el saldo comercial, que se habrá ya recuperado parcialmente por el efecto del dólar depreciado. Al fin y al cabo, es lo que hizo Clinton a partir de 1993, con una política fiscal más ortodoxa y menos gamberra que la Reaganomics. ¿Seguirá la misma senda Hillary Clinton si es elegida presidenta? ¡Es tan difícil hacer predicciones acertadas en economía!

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