ZOOM
La terrible historia de Madeleine McCann se resiste a morir en los periódicos. Era de esperar una mala muerte. Si se tratara de la desaparición de una niña, hace muchos meses que se habría olvidado. Quizá, de vez en cuando, un breve con la noticia, descartada por el propio formato de su publicación, de que un testigo ocular informó a la policía sobre un incierto avistamiento de una niña con rasgos similares, en un remoto lugar. El tiempo habría ido dando la contestación al enigma. Así fue cómo Natascha Kampusch fue despareciendo de los periódicos hasta muchos años después.
Pero el caso Madeleine es el caso de los padres de Madeleine: los tribunales portugueses decretaron hace meses que eran sospechosos de haber hecho desaparecer el cadáver de la niña. Y es muy difícil cerrar el caso sin atender al desmentido o a la confirmación de la sospecha. El procedimiento de las autoridades portuguesas no ha sido el más sensato. No se entiende en qué ha podido beneficiar a la policía (y para qué citar a la moral) el señalamiento público de los padres: las investigaciones incluso podrían haberse beneficiado de lo contrario. Si al declararlos sospechosos esperaban que los McCann se derrumbasen es obvio que su cálculo ha sido erróneo. El matrimonio sigue firme en la exhibición de su inocencia y la policía no ha dado al juez datos suficientes para incoar su procesamiento.
Los McCann afrontan cada día una vida doblemente destruida. Todo su empeño estriba en hacerle ver a la policía portuguesa que no habrá tal desmoronamiento. Su despliegue de medios puede irritar; pero es perfectamente compatible ser poderoso e inocente. Desde hace unas semanas, sin embargo, el matrimonio ha contratado los servicios de una supuesta agencia de detectives, con sede en Barcelona (mala sede, en estos tiempos), que se ha dedicado a aliviar el hambre de la prensa (BBC incluida) con bulos de un tonelaje intolerable. Según el pintoresco dueño de la agencia, Madeleine ha sido ya vista en Marruecos, Arabia Saudí y Bosnia. No sólo eso: el detective dijo anteayer que la niña ha sido secuestrada, que conoce a su captor y que muy pronto él la encontrará y la entregará a sus padres. Sobre los escrúpulos del que escarba en el yermo de la agonía informativa hay poco que añadir.
Lo realmente llamativo es la actitud de los padres. Cualquiera, y mucho más el que paga, exigiría al detective compostura y discreción. Un matrimonio que no sabe dónde está su hija le exigiría, además, compasión, para no alimentar desgarradoras esperanzas. Los McCann, sin embargo, no lo han desautorizado. Ni reñido siquiera. Ni han dejado de pagarle. Esto sólo puede significar: que el dolor ha destruido la inteligencia de los padres o que el supuesto detective está haciendo bien su trabajo y que su trabajo no es encontrar a Madeleine.
(Coda: «Madeleine está viva y nosotros sabemos quién la ha secuestrado». Francisco Marco. La Ventana. Cadena Ser)
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados