Ayer falleció en Madrid el profesor Julio D. González Campos, catedrático de Derecho Internacional Público y Privado de la Universidad de Oviedo entre 1972 y 1979 y doctor honoris causa por esta Universidad desde mayo de 2001.
Partiendo de la idea de que al enseñar el Derecho Internacional Público se debe estar persuadido de que se realiza una misión de paz, sus discípulos aprendimos de él que nuestra disciplina no es un terreno apropiado para los neutralismos, sino un ámbito de compromiso y afirmación.
Su visión de la función del internacionalista se proyectaba sobre el método de enseñanza, un verdadero método socrático. Así, dejó dicho que «la docencia no pretende convencer al estudiante ni imponer como indiscutibles unas conclusiones; por el contrario, constituye un esfuerzo común en la búsqueda de la verdad, a partir de las bases generales que permiten alcanzarla científicamente y de las propias convicciones de cada ser humano».
González Campos, con su visión científica del Derecho, fue un pionero en propugnar la necesidad del estudio de la práctica internacional como única vía que permite obtener una visión ajustada a la realidad. Sus discípulos le oímos citar en muchas ocasiones la frase del Fausto de Goethe: «Gris es toda teoría, querido amigo, y verde el dorado árbol de la vida». En particular, defendió con acierto la importancia del análisis de la práctica española, para evitar caer en lo que llamó «un vago internacionalismo universalista, ignorante de los intereses, problemas y posiciones del Estado español».
En el Derecho Internacional Privado, la contribución de Julio González Campos fue fundamental en un momento en que esta disciplina era en nuestro país tributaria de la doctrina extranjera. Su obra científica en este campo fue el motor de la adaptación de la doctrina española de finales del siglo XX a las necesidades de nuestra práctica, hasta el punto de que se le puede considerar como el creador de la actual concepción del Derecho Internacional Privado español.
En su labor como magistrado del Tribunal Constitucional durante nueve años, el profesor González Campos dejó su impronta en la jurisprudencia de este órgano, a través de las sentencias de las que fue ponente y de los votos particulares que su precisión conceptual le llevó a formular, demostrando una sensibilidad especial hacia la protección de los derechos fundamentales y hacia el Derecho de la Unión Europea.
Julio González Campos fue un universitario ejemplar que a lo largo de su dedicación a la Universidad proyectó su concepción de la Institución como servicio público. Las pautas que inspiraban su conducta eran la dedicación al trabajo, la calidad en la docencia, y el rigor, la reflexión crítica y la exhaustividad en la investigación.
Entre sus cualidades como Maestro destaca su generosidad intelectual, que le llevaba permanentemente a compartir -e incluso a regalar- ideas, a inculcar la honradez y la objetividad en el manejo de las fuentes y la humildad en la propia consideración.
Como ciudadano, destacó por su compromiso con unos valores cívicos y morales que durante su estancia en Oviedo le condujeron a implicarse en el proceso de transición democrática asumiendo una responsabilidad política valiente que puso de relieve la firmeza de sus convicciones.
Su ejemplo como persona honrada, austera y rigurosa es la mejor herencia que ha podido dejarnos, junto con el recuerdo de tantos afanes compartidos en el esfuerzo académico común.
Paz Andrés Sáenz de Santa María es catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad de Oviedo.

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