Mis tres últimas colaboraciones periodísticas se han centrado, por unas u otras razones, en la figura del Rey. La primera, llevaba por título El Rey cruza el Estrecho, donde se resaltaba el acierto del viaje del jefe del Estado a aquellas tierras españolas de Ceuta y Melilla más allá de la península Ibérica. La segunda, El Rey calla al caudillo venezolano, con la ya celebérrima admonición al autócrata venezolano de «¡Por qué no te callas!» ante los inasumibles insultos a un ex presidente del Gobierno de España. Y, ahora, La sonrisa de un rey, al hilo de su reciente viaje a Cataluña.

Una presencia del monarca en dicha comunidad autónoma que se ha saldado -como acontece últimamente en todos los lugares visitados por don Juan Carlos y doña Sofía- con un incuestionable respaldo popular e institucional. Una jornada de escasamente solo unas horas en Barcelona, pero muy intensa, en la que el monarca entregaba a Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea, el tercer Premio Internacional Conde de Barcelona en el siempre bellísimo marco del monasterio de Pedralbes.

En ella, el Rey nos brindaba una sonrisa franca y abierta que va más con el carácter de nuestro jefe del Estado -como antes Fernando VI, Isabel II y Alfonso XII- que el comprensible rictus de no disimulado desagrado en la malhadada Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Santiago de Chile. Las distendidas sonrisas del Rey y del president Montilla, rodeado de las personalidades más sobresalientes de la vida política social, cultural y económica de Cataluña en el acto en que se otorgaba al mandatario portugués el señalado galardón, es la mejor constatación empírica de lo afirmado.

¿A qué se debe la causa de tan relajado gesto? Sin duda, al amplio y caluroso homenaje recibido por parte de la sociedad civil catalana, que de alguna manera se ha volcado en hacer olvidar al monarca, como si de un acto de justo desagravio se tratara, la desafortunada quema de su retrato por algunos extremistas hace unas semanas. Quizás el Rey y el dirigente luso rememoraran juntos, ¡qué mejor ocasión!, aquellas nostálgicas palabras del lisboeta Fernando Pessoa en sus Poesías inéditas: «Bien, me quedaré aquí soñando versos y sonriendo en itálicas».

¡Parece que recuperamos el tan necesario seny catalán! Solo se quedaron al margen, como casi siempre en los últimos tiempos, los inclasificables representantes de ERC e ICV, que volvieron a confirmar su mala educación y su nula sensibilidad política. En suma, el Rey ha recuperado la sonrisa. Lo que traducido a la convivencia nacional supone devolvernos a la mejor ordinaria tranquilidad de nuestra res publica . Me alegro mucho por usted, Majestad, pero también por lo que lleva de explícita percepción de un mejor entendimiento entre todos. Y es que la percepción de la realidad forma parte de la realidad. Así que a mí me acontece también como al gran Pablo Neruda, cuando en sus maravillosos Versos del Capitán cantaba del siguiente modo: «? quítame el aire, pero no me quites tu risa?». ¡A ver pues si dura, y no se desvanece en seguida!

Pedro González-Trevijano. Rector de la Universidad Rey Juan Carlos.