Los deplorables y tristes acontecimientos del trazado y la construcción de la vía del AVE, y la problemática ocasionada en la red de cercanías de Barcelona, han sublevado a gran parte de la ciudadanía catalana. No vamos a concluir de todo ello que los perjudicados, y todos los que lamentan esa situación depresiva en que se encuentra Catalunya, van a tornarse separatistas de un plumazo. Pero sí parece cierto que el independentismo avanza a marchas forzadas. Los medios de comunicación, que recogen el malestar general, ponen de relieve que hay un sustrato popular de sentimientos y actitudes compartidos por los ciudadanos de este país. Existe la catalanidad como realidad vivencial sustantiva que se va alejando de la españolidad. Se está reforzando el sentimiento nacional catalán, que derivará probablemente en una progresiva reivindicación de independencia.
Al Gobierno español, y en general a la sociedad española, le está llegando el eco del descontento de los catalanes. Lo que quizá no perciben con claridad es lo que se quema en este horno: los lazos de convivencia, la aceptación desproblematizada de pertenecer a España, la voluntad de comportarse solidariamente en el seno del Estado, por citar tres de pilares que mantienen la estabilidad.
Estamos en uno de esos momentos en los que quienes ejercen el poder del Estado tienen que hacer algo más que tomar buena nota. El tiempo de los apuntes ha terminado. Es hora de analizar esta situación para plantear nuevos objetivos. Ahora se ha presentado la oportunidad para abordar el tantas veces recurrente problema que hizo exclamar a Ortega y Gasset el conocido "Dios mío, qué es España". Nadie que observe el panorama de la España que estamos viviendo sabría responder a la pregunta de Ortega. Se impone volver a revisar el concepto de España y superar el planteamiento de la España de las autonomías. Hoy, esa uniformidad tan venerada por la derecha española no tiene futuro, si lo que de veras se pretende es salvar la pervivencia del Estado. Hoy, amar a España - esa grandilocuente frase que hace subir la adrenalina de los nostálgicos- es buscar la composición de la variedad, en lugar de esperar a que se desvanezca la unidad. No hay más salida que descabalgar la España uninacional, impositiva y condicionada por la historia, y sustituirla por una España plurinacional basada en el pacto, en el interés mutuo, en la relación dinámica y en una solidaridad razonable y consensuada.
J. M. PUIGJANER, escritor y periodista.

y qué clase politica lo llevará a cabo? Con Zapatero, que se le van de las manos los temas, al frente?
Al final sobran piezas.