EL DEBATE SOBRE LA MEMORIA HISTORICA

Significativo gesto del obispo Blázquez a cuatro meses del final de su mandato

El presidente de la Conferencia Episcopal Española dio ayer el paso. Elípticamente y con muchos matices, pero lo dio. Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao, señaló en el discurso de apertura del plenario episcopal que la Iglesia cátólica debería pedir perdón por determinados episodios de la Guerra Civil española de 1936-1939.

Es el discurso de Blázquez. Es la toma de posición de un prelado que está a punto de finalizar su mandato, con serios interrogantes sobre su hipotética reelección. No expresan sus palabras una posición colectiva - los discursos del presidente en las sesiones inaugurales no se pactan previamente-, por lo tanto sería erróneo titular que la Iglesia española pide perdón por su apoyo al general Franco y por haber bautizado el conflicto fratricida como Cruzada,esto es, como guerra santa.

Blázquez, sin embargo, habló de la necesidad de un mayor perdón y reconciliación, en términos que no se oían en Madrid desde los tiempos del cardenal Vicente Enrique y Tarancón, gran protagonista de la transición, del que el actual presidente de la Conferencia Episcopal realizó una encendida defensa. Blázquez habló de reconciliación y perdón dos semanas después de la solemne beatificación en Roma de 498 católicos asesinados en la España republicana durante la Guerra Civil y la Revolución de Asturias de 1934.

"Al recordar la historia nos encontraremos seguramente con hechos que marcaron el tiempo y con personas relevantes - señaló el obispo-. En muchas ocasiones tendremos motivos para dar las gracias a Dios por lo que se hizo y por las personas que actuaron; y probablemente en otros momentos ante actuaciones concretas, sin erigirnos en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos, ya que la ´purificación de la memoria´, a la que nos invitó Juan Pablo II, implica tanto el reconocimiento de las limitaciones y los pecados como el cambio de actitud y el propósito de la enmienda".

Con un estudiado juego de matices,

Blázquez inició sus palabras con una dura crítica a la ley de memoria histórica, impulsada por el actual Gobierno socialista. Aunque sin citar expresamente la polé mica ley, el presidente de la Conferencia Episcopal señaló que "la memoria colectiva no se puede fijar selectivamente", para añadir más adelante que "no es acertado volver al pasado para reabrir heridas, atizar rencores y alimentar desavenencias".

Sin colocar en un mismo plano a los católicos asesinados por las milicias republicanas - que la Iglesia considera mártires-, y a las víctimas de la violencia franquista, el obispo Blázquez dedico a éstas últimas unas palabras de reconocimiento hasta ayer inéditas en la sede del episcopado español en la calle Añastro de Madrid, "Nuestro respeto a las personas que han mantenido sus convicciones y han servido a sus causas hasta afrontar las últimas consecuencias", dijo. Y añadió: "Ante toda persona que lucha honradamente por la libertad de los oprimidos, por la defensa de los pobres y la solidaridad entre los hombres inclinamos nuestra cabeza, remitiendo a Dios el juicio último de su vida y de la nuestra".

Yse remitió a los mártires beatificados en Roma. "Los mártires ofrecen también perdón. No denuncian, ni señalan a nadie, no guardan rencor en su corazón".

El discurso del obispo Blázquez, inédito en sus perfiles más incisivos, cobra mayor significado si tenemos en cuenta que dentro de cuatro meses concluye su primer mandato de tres años como presidente de la Conferencia Episcopal Española. Y si tenemos en cuenta, también, que aún se desconoce si optará a la reelección.

En caso de hacerlo, sus posibilidades podrían ser escasas en caso de competir con el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid (presidente del episcopado durante dos mandatos, entre 1999 y 2005), o con el cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo. Bien comunicados con el entorno del Papa Benedicto XVI, los cardenales Rouco y Cañizares cuentan con una clara mayoría en la asamblea episcopal, donde predominan las posiciones de corte más ortodoxo y conservador.

Apoyado básicamente por obispos catalanes, vascos y andaluces Blázquez fue elegido presidente en marzo de 2005, al no alcanzar Rouco Varela los dos tercios de los votos que exige un tercer mandato. Le faltó un voto.