Mientras la pesca tradicional se agota, el avance de la acuicultura es imparable
En el 2030 el consumo de pescado de acuicultura en el mundo será mayor que el del capturado en los mares y ríos, de acuerdo con las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para los Alimentos y la Agricultura (FAO). Según estos cálculos, la acuicultura aportará entonces 83 millones de toneladas a una producción total de pescado de 150 millones, a la que hay que descontar el 15% que no se destina al consumo humano.
Es un complejo proceso que no supone la simple sustitución de la pesca tradicional por la producción en granjas piscícolas, pues estas utilizan subproductos procedentes del mar. Los expertos consideran que el ritmo de crecimiento actual en la acuicultura dependerá de que logre un modelo sostenible de desarrollo que minimice el impacto ambiental.
"Un hecho claro es que las capturas pesqueras están disminuyendo globalmente, mientras que la acuicultura está creciendo y también lo hace la demanda de pescado y marisco, lo que va a suponer que la acuicultura irá sustituyendo a las capturas tradicionales", explica Enric Sala, investigador del Centre d´Estudis Avançats de Blanes. Sala, coautor de un estudio que señala que en 50 años estarán agotadas las especies de pescado de mayor consumo si se mantiene el actual modo de explotación de los mares, apunta que "todo parece indicar que la acuicultura será cada vez más importante porque la pesca industrial tradicional no tiene un futuro muy halagüeño".
Ese desarrollo de la acuicultura no sólo será cuantitativo, de aumento de la producción, sino también cualitativo, con su diversificación. Treinta merluzas viven desde hace tres meses en los tanques de agua del centro del Instituto Español de Oceanografía de Vigo. Otras diez han sido trasladadas al Aquarium de A Coruña. Se trata del más reciente ensayo para introducir una nueva especie, que en este caso es la de mayor consumo en España, tanto en fresco como en congelado. Sin embargo, la más ambiciosa y esperada apuesta científica en este campo es la del pulpo, en la que el equipo que dirige José Iglesias lleva trabajando más de una década. Hay avances, pero no se ha logrado una solución viable económicamente.
Corvina, besugo - del que ya hay una pequeña producción de 200 toneladas-, abadejo y centolla son las otras especies en las que trabajan los científicos para cerrar su ciclo completo en la acuicultura.
La producción de pescados marinos de crianza en España alcanzó el año pasado las 36.000 toneladas, según datos de la Asociación Empresarial de Productores de Cultivos Marinos, Apromar. En el 2001, era de 20.000 toneladas, lo que supone un incremento de un 80% en un lustro, pese a las limitaciones que encuentra este sector en campos como la investigación o la localización de granjas.
"La acuicultura es el sector de producción de alimentos que está creciendo más aceleradamente en todo el mundo", explica Uxío Labarta, profesor de Investigación de Ciencias Marinas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Representa el 35% de la producción pesquera global, aunque en la Unión Europea y en España no se han alcanzado todavía esas proporciones, que son mayores en Asia.
En el caso español, la mayor parte del sector sigue acaparado por el mejillón, con más de 280.000 toneladas. Dentro de los peces marinos, la reina indiscutible es la dorada, que en el 2005 supuso el 45% de la producción, seguida por la lubina, con un 20%, y el rodaballo con un 18%. En estas tres especies la acuicultura supera de largo a la pesca tradicional, lo que ha provocado que desde hace tiempo aparezca en las cartas de algunos restaurantes la leyenda "lubina salvaje" para remarcar que no procede de piscifactoría.
Continúa pendiente el desarrollo del lenguado, del que el año pasado sólo se produjeron 70 toneladas en España, a pesar de sus elevadas expectativas comerciales. Es el caso contrario de la corvina, de la que la empresa Niordseas produce 900 toneladas anuales, después de que se lograse un crecimiento para las larvas cuatro veces superior a la dorada. El reto actual reside en elevar el consumo, hasta hace poco desconocido, y en el que ya trabajan más empresas.
En cambio, el besugo es por ahora coto de una sola firma, la gallega Isidro de la Cal, con 200 toneladas anuales, fruto de un proyecto en colaboración con el instituto oceanográfico de Vigo. En esta misma institución, un equipo de científicos dirigido por José Iglesias trabaja con el pulpo desde hace más de una década. La Xunta acaba de concederles una ayuda 146.000 euros. Las investigaciones han permitido el engorde de este cefalópodo a partir de pequeños ejemplares que se sitúan en jaulas flotantes. También se realizan siembras en el mar, pero el gran reto es lograr cerrar el ciclo en cautividad. Y para ello el gran problema es que las larvas se mueren, como muy tarde a los dos meses.
La única alternativa que se ha encontrado para su alimentación es a través de larvas de centollo, lo que resulta inviable para su aplicación industrial por su carestía y la dificultad de contar con un suministro constante. La búsqueda se centra en la artemia, un crustáceo de aguas salinas, al que se trata de incorporar los componentes nutricionales que necesita el pulpo, un animal que está demostrando que su exquisito sabor responde a sus altas exigencias de alimentación.
Para hacerse una idea de su complejidad, Iglesias cita el ejemplo de las guardias que realizan en el instituto oceanográfico los fines de semana, pues "las crías de pulpo necesitan de una persona especializada para su alimentación, de lo contrario se produciría una total mortalidad en los tanques de cultivo".
La de la merluza, en cambio, es una línea de investigación mucho más reciente en España. En Chile está más avanzada, aunque en una subespecie distinta, la merluza austral.
En verano el Instituto Español de Oceanografía, en colaboración con el Aquarium de A Coruña y la Cofradía de Pescadores de Baiona, capturó 150 merluzas para investigar el comportamiento de este pescado. Tres meses después sobreviven 40. "No contaba con que aguantasen tantas", explica Iglesias. El primer objetivo es analizar sus pautas de crecimiento, lo que sería muy útil para la regulación del esfuerzo pesquero si se halla la fórmula de medir con exactitud las edades de los ejemplares que se capturan en alta mar. Y también se analizarán las posibilidades de su producción en cautividad. Es el pescado de consumo más masivo, pero también lo hay en gran abundancia en el mercado, lo que no lo hace tan atractivo económicamente como el pulpo. La merluza y el pulpo son dos de los principales exponentes de la acuicultura del futuro, junto con otras especies como el bacalao, en el que se trabaja en el norte de Europa.

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