EN DIAGONAL

Después de ver la pedagogía realizada ayer por José Luis Rodríguez Zapatero en Málaga, más me satisface la respuesta dada esta pasada semana por el Parlament de Catalunya en torno a la polémica sobre el caos ferroviario en Barcelona. La Cámara catalana sí que ha estado esta vez a la altura de las circunstancias y sí que ha conectado con el espíritu y con la opinión expresada mayoritariamente en todos los medios desde que se inició la crisis. Esta vez, el Parlament ha sido ágil y el debate se ha producido en pleno epicentro de la polémica y no tres meses después de que éste se suscitara, como suele ser, por desgracia, habitual.

Los partidos catalanes han pedido la cabeza de la responsable del desastre, la ministra Magdalena Álvarez, y han dejado solo al PSC, en una actitud que le retrata. Y punto. No hace falta añadir ni una letra más. Ya puede el bueno de Miquel Iceta esforzarse en el comité federal del PSOE pidiendo a Zapatero que continúe "su esfuerzo pedagógico" para hacer ver a todo el mundo que se necesita seguir "priorizando" las inversiones en Catalunya. Como se vio ayer en Málaga, a la primera ocasión, Zapatero se olvida del encargo y se limita a ensalzar la buena gestión de su ministra.

Cada voz crítica que se escucha desde Catalunya en contra de Álvarez son votos para el PSOE en Andalucía. El PSOE y Zapatero disponen así de un doble discurso que les puede dar buenos réditos electorales. En Catalunya, toca decir que las obras del AVE se han hecho mal, se piden disculpas y los dirigentes del PSC claman contra la ministra.

En Andalucía, por el contrario, se destaca que gracias a la gestión de Álvarez, España será el país europeo con más kilómetros de trazado del tren de alta velocidad en el 2010. Amén.

Tanta prisa tenía Fomento por acabar las obras del AVE en Barcelona que en una reciente exposición celebrada estos días en Londres -la World Travel Market- el proyecto de tren de alta velocidad a la capital catalana ya aparecía como acabado en el stand del ministerio.

Ha habido demasiado caos, errores e improvisaciones para que, al final, la ministra aún pueda aparecer en público como una mártir comparándose con Indalecio Prieto y afirmar que prefiere estar "antes partía que doblá". No creo que ni la sociedad catalana, ni el Parlament, ni los miles de usuarios de cercanías que han sufrido su gestión y los que tienen previsto manifestarse el próximo 1 de diciembre por las calles de Barcelona quieran ver a la ministra ni partida, ni doblada, simplemente les gustaría pertenecer a una sociedad adulta y avanzada, donde se asumiesen responsabilidades y se pagasen errores.

Los discursos populistas y demagógicos como los escuchados ayer en Málaga son más propios de la parafernalia venezolana de Hugo Chávez que de una democracia europea. Sólo recordar que la fecha del 21 de diciembre de llegada del AVE a Barcelona no fue impuesta por nadie. Fue un acto de autosuficiencia de la ministra. Ella es la única responsable de todo lo que ha pasado y lo que todavía queda por pasar.

Cambios en Exteriors

Carod-Rovira ha recuperado a Maria do Carmo Marques-Pinto para hacerse cargo de la dirección del Patronat Català Pro Europa cinco meses después de destituirla de su cargo de directora general de Exteriores de su conselleria. Como se recordará, esta área vivió un duro enfrentamiento entre el secretario general de Exteriors, Albert Royo, militante de ERC, y la mencionada Marques-Pinto, amiga de Carod y con una larga trayectoria en la UE. Carod solventó la crisis echándolos a los dos, pero ahora recupera a su colaboradora.

El PP sigue sin candidato

Cada uno a su manera, pero Chacón, Duran, Ridao y Herrera no paran de ir aprovechando sus oportunidades de cara a las elecciones del 9 de marzo. El PP, sin embargo, sigue dudando sobre quién será su candidato. Ya han empezado, incluso, a aparecer carteles con la efigie de Mariano Rajoy por las calles catalanas, pero su cabeza de lista en Barcelona sigue siendo un misterio. Parece como si no importase.

El hombre tranquilo

De Montilla se han dicho muchas cosas sobre su poca facilidad de palabra, su poca capacidad de improvisación y de oratoria, pero el president tiene una gran virtud que cada vez se hace más patente: nunca se pone nervioso. Tiene una seguridad en si mismo que le hace actuar con una gran imperturbabilidad. Esta cualidad se nota especialmente en el Parlament.

jjuan@lavanguardia.es