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18 Noviembre 2007

No es desafección, es incompetencia, de Carina Mejías en El Mundo de Cataluña

CATALUÑA EN PLENO ESTA ENOJADA. EL PARLAMENTO CATALAN PIDE LA DIMISION DE MAGDALENA ALVAREZ CON LA UNICA OPOSICION DEL PSC.LAMENTABLEMENTE, UNA MUJER PASARA A LA HISTORIA COMO LA PEOR MINISTRA DE FOMENTO QUE HA TENIDO ESPAÑA

El viernes, el Parlamento de Cataluña, en un gesto sin precedentes, solicitó mayoritariamente la dimisión de la ministra Alvarez, con la única oposición del PSC. El balance del primer año de legislatura, no puede ser peor y el segundo inicia su andadura con un gobierno roto y un presidente ausente.

La ausencia de Montilla no sé si se debía a sus múltiples ocupaciones o bien a evitar la vergüenza que supone que hasta sus socios de gobierno lo abandonen a su suerte. Cataluña en pleno está enojada, y no por desafección, sino porque ha perdido la paciencia.Cuántas veces he oído decir que «no hay nada más insostenible que un país colapsado».

Ha sido el propio Montilla, alarmado, quien se ha ido a contar a Madrid que existe riesgo de desamor entre Cataluña y España.¿Y por qué lo llaman desamor, cuando quieren decir incompetencia?

Hoy ya nadie se cree esa historia de que son otros lo culpables, hoy ya no vale sacudirse las culpas, hay que afrontarlas para poder reconstruir una credibilidad hecha pedazos.

Cataluña ha enterrado en el olvido su prestigio y su credibilidad, y se ha sometido al engaño interesado de algunos, para usar las crisis en beneficio de las opciones políticas favorables a la desafección. Es la instrumentalización de la desgracia.

Después de convencernos de que un nuevo Estatut iba a llevarnos al linde de la felicidad, y que un nuevo presidente, un nuevo gobierno, y nueva financiación sentaban las bases para iniciar un periodo de estabilidad y concordia entre gobiernos amigos, todas las expectativas han saltado por los aires. Superado un gobierno de sobresaltos, ha sucedido un gobierno inerte, insulso, ausente, sólo arropado por el silencio cómplice de los sindicatos, en un año de crisis sin precedentes que muchos tardaremos en olvidar. Hoy tenemos más problemas que nunca, los catalanes estamos decepcionados y la brecha entre sociedad y política se agranda a golpe de socavón.

El apagón veraniego en Barcelona, símbolo de la modernidad, nos dejó un balance de 56 horas sin luz, millones en pérdidas y, tras 11 horas de debate parlamentario, ningún responsable y la incógnita de las causas que lo provocaron, ciudadanos atónitos y una ciudad salpicada de ruidosos generadores eléctricos decorados por los grafiteros.

Sin luz, y sin nadie que asumiera responsabilidades, los catalanes quisimos marcharnos de vacaciones para olvidar, pero salir de Barcelona era misión imposible.

Al apagón, le siguió el colapso aeroportuario que dejó en tierra a miles de ciudadanos. Tomar el avión era difícil, pero la carretera no te deparaba nada mejor.

Colapsos históricos, horas de espera y tiempo perdido acabaron con la paciencia de los sufridos ciudadanos. Pero el verano sólo fue anuncio de lo que vendría después, una crisis ferroviaria que hará historia. No es desafección, es desgobierno ante la catástrofe social para la que no ha habido respuesta. Expreso el lamento de que sea una mujer la que pase a la historia como el peor ministro de Fomento que ha tenido España, y la frustración no es sólo por su ineptitud, sino por la falta de sensibilidad, por su arrogancia, por sus comentarios desafortunados, su menosprecio ante situaciones desgraciadas que no tienen perdón. Incluso ha habido momentos de frivolidad.

Mientras a la ministra nada le quita el sueño, miles de catalanes madrugan cada mañana para sufrir las inconveniencias que su mala gestión provoca y les impide usar el tren.

La causa es la chapuza histórica en la ejecución de la obra ferroviaria más importante para Cataluña, hecha con prisas para la foto inaugural, y el irrefrenable afán de electoralismo de ZP. Hoy Cataluña es un caos de improvisación y nadie se atreve a poner fecha final al desastre.

El daño ya está hecho. Los catalanes expresamos desafección por lo mal hecho. El síndrome de la tuneladora ha hecho mella, las protestas, los impedimentos y las manifestaciones serán el freno constante a cualquier iniciativa de progreso.

Cataluña seguirá en su suave decadencia, pugnando por ser diferente de otros que construyen sus túneles sin dramas, mientras nosotros perdemos el tiempo y derrochamos el dinero en construir una nación.

En Cataluña, el virus de la desconfianza ha calado hondo, y sólo la eficacia devolverá la confianza para sanar a una sociedad defraudada y menospreciada por sus gobernantes. Cataluña ha hablado con voz unánime, «no es desafección, es incompetencia».

Carina Mejías es portavoz del PPC en el Parlament de Catalunya.

© Mundinteractivos, S.A.

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