La marcha de Maragall aviva el debate sobre el discurso de los socialistas catalanes

La marcha de Pasqual Maragall del PSC, figura que abanderó durante años la corriente catalanista del partido, y el proyecto de renovación lanzado por el líder de Mas, han abierto un debate en sectores progresistas sobre cuál debe ser el discurso de la formación en los próximos años. Una discusión en la que emerge de fondo un dilema que arrastra el PSC desde que perdió su grupo parlamentario en el Congreso tras el 23-F: su matrimonio con el PSOE.

La dirección del PSC esgrime el proyecto que el president Montilla ha bautizado como "catalanismo social". Una apuesta por avanzar hacia el federalismo y primar las políticas sociales sobre los aspectos identitarios. "El catalanismo no precisa de salvadores, pero sí de un impulso colectivo que sume afinidades y no reste, que apueste por elementos sociales y de ciudadanía", afirma Miquel Iceta, portavoz del PSC y uno de los ideólogos del proyecto de Montilla.

Pero el catalanismo del PSC, y su opción de dar cobertura al proyecto de Zapatero sin disponer de grupo parlamentario en Madrid, no seduce a toda la parroquia socialista. El papel que desempeñó el PSC en el Congreso en el debate sobre el AVE y el caos ferroviario, con la defensa de la labor del Gobierno que corrió a cargo de Teresa Cunillera, ha provocado ciertas grietas en la monolítica dirección de la calle Nicaragua.

Aunque el malestar es latente, viene de lejos, y se ha ido expresando con iniciativas como la Convenció pel Futur - promovida por el conseller de Economia, Antonia Castells, y por Raimon Obiols-, que pretende ser un vehículo de expresión del catalanismo progresista. El viernes Castells llamó al PSC, en un acto en Girona en el que estuvieron presentes los consellers Joaquim Nadal y Marina Geli, para que "lidere la construcción nacional de Catalunya". Otras voces críticas son la de la consellera de Justícia, Montserrat Tura, y la del conseller de Educació, Ernest Maragall, quienes han reclamado que el partido tenga un "mayor perfil propio". Tura considera básico que el PSC "sea fiel a sus textos fundacionales, que marcan la independencia del partido y su decisión voluntaria de federarse con el PSOE". La consellera aboga por que el PSC avance hacia un catalanismo "de raíz europeísta y que aporte respuestas desde la izquierda a los nuevos problemas sociales".

Ángel Ros, alcalde de Lleida y figura emergente del PSC, considera fuera de lugar el debate sobre la refundación del catalanismo ya que "este es un sentimiento y no una ideología", y afirma que la política llevada a cabo por el Govern d´Entesa es "una de las grandes aportaciones al catalanismo en las últimas décadas". Sobre la relación con el PSOE, Ros admite que "sentimentalmente en el PSC tenemos la aspiración de contar con un grupo parlamentario propio".

Más crítico se muestra Toni Verdaguer, un histórico del PSC que pertenece al foro Nou Cicle. "Somos muchos en el partido los que queremos mantener nuestra independencia respecto al PSOE, pero mientras se ganen elecciones y en el partido siga mandando el Baix Llobregat será muy difícil cambiar la actual línea". Para Verdaguer existe hoy en el seno del PSC, sobre todo en Girona y Lleida, un elevado número de militantes que "no soportan este papel".

Un debate que ha traspasado las fronteras del partido. El filósofo Xavier Rubert de Ventós, quien redactó el borrador del preámbulo del nuevo Estatut, considera que Catalunya necesita "huir del victimismo" y la reivindicación constante, por lo que ve "acertado que el catalanismo apueste más por los valores civiles". Mientras, Toni Comín, de Ciutadans pel Canvi, cree que la izquierda catalana debe "poner sobre la mesa una propuesta federalista, que no sea completamente simétrica o asimétrica, sino mixta, lo que requerirá una reforma constitucional". Albert Aixalà, director de la Fundació Rafael Campalans, cree que el catalanismo debe construir "la identificación nacional catalana sobre unos derechos de ciudadanía y no sólo sobre aspectos como la lengua".