Las lágrimas de los cocodrilos que parecen llorar por los presupuestos, de Juan Vega en su Blog
Noviembre 18, 2007 – 11:57 am
Todos empiezan a ver la posibilidad de que se haga realidad el escenario previsto por la Federación Socialista Asturiana, cuando desde el cuartel general de la calle Santa Teresa de Oviedo volaron la negociación con Izquierda Unida, utilizando para ello la debilidad pedigüeña de los dirigentes asturianos de esta coalición. Sabían que de esta manera, Constructores presupuestostal y como aquí funcionan las cosas, iban a producir un efecto fundamental: obligar a Vicente Álvarez Areces a gobernar en estado de prórroga presupuestaria, sin margen de maniobra, con poco poder personal en definitiva, para repartir el alpiste de los canarios. Javier Fernández, que ocupa su escaño en la Junta General detrás de Areces, espera su oportunidad a lo largo de los próximos tres años. El presidente se deteriora y el de Mieres aguarda el momento justo para introducir el pie entre la puerta y el marco.
Los cocodrilos que hasta ahora recibían libremente los beneficios de un gobierno que ha demostrado hasta la saciedad que sabe repartir dinero sin control alguno, lloran porque Areces va a perder margen de maniobra, y convierten en un “gran daño para Asturias”, lo que es un gran daño para ellos. Al igual que ocurre con los grandes reptiles semiacuáticos, los redactores de los periódicos que vierten sus lágrimas por el presupuesto -ocultos tras anónimos editoriales, por supuesto, porque eso no lo dice así nadie en sus cabales, firmando lo que dice-, saben que casi todo lo que afirman es mentira, y que Asturias no va a perder ni un euro de inversión a causa de la prórroga. Sus lágrimas son tan falsas como las de los cocodrilos.
Lo único que se va a perder es opacidad.
Ya está bien de mentir y engañar a la ciudadanía con descaro. La prórroga de un presupuesto no es ni un drama ni un problema para los ciudadanos. Puede serlo para los empresarios y los políticos corruptos.
Una situación así, desde el punto de vista administrativo, tiene tan sólo un problema: los fondos cuya ejecución prevista anualmente por su carácter necesario, o aquellos otros que estén previstos dentro de su carácter plurianual, crecen dentro de unas limitaciones extraordinariamente flexibles. Todo lo que hay que hacer se puede seguir haciendo. Lo previsto sigue, y si hay que modificarlo se modifica; eso sí, con un trámite.
¿Cuál es entonces la diferencia? Muy sencillo: que se reduce el margen de discrecionalidad con el que los gobernantes pueden gastar, pues en vez de disponer de un presupuesto para ejecutar libremente hasta el límite aprobado, el gobierno afectado por una prórroga presupuestaria se ve obligado a conseguir el apoyo para los nuevos gastos en el parlamento, mediante la negociación de los llamados “suplementos de crédito”, lo que permite ejecutar cualquier obra, comprar cualquier suministro o servicio, sin que Asturias tenga que resentirse de nada o por nada, porque los asturianos estemos un poco más informados de lo que ahora estamos, sobre cómo gasta el gobierno nuestro dinero.
Esa es la gran diferencia, que para aprobar un suplemento de crédito, los ciudadanos tenemos que saber para qué se aprueba; y eso es siempre incómodo, para los que están acostumbrados a arreglar lo suyo con una llamada al móvil del presidente
¡Qué curioso que los mismos que consideran normal y muy razonable que todas las obras públicas asturianas estén sometidas a extraordinarios sobrecostes -pues nada tienen que decir sobre ello-, estén preocupadísimos por las dificultades que el gobierno va a tener para generar otros nuevos, si el presupuesto se prorroga! ¿Dónde están los editorialistas que lloran por la prórroga, que no han escrito ni una línea por los sobrecostes, y lo poco que escriben hace soltar repentinamente el vientre?
El gobierno de Vicente Álvarez Areces tiene el control directoEditorial Nueva España de la gestión del dinero del nuevo HUCA de La Cadellada, obra que a pesar del silencio mediático lleva un camino injustificable, y de la Autoridad Portuaria de Gijón, pese a ser un ente administrativo dependiente de la financiación de Puertos del Estado, que es elegida mayoritariamente –su presidente es buena muestra- desde el poder político asturiano. ¿Por qué no se escribe sobre eso? Los mismos dirigentes patronales, como Serafín Abilio, que claman contra la prórroga, hacen declaraciones de apoyo a los sobrecostes, de los que dicen de manera automática que se producen siempre y son cosa normal.
Todo claro, ¿no?
Es lógico que los funcionarios patronales estén preocupados porque en los próximos presupuestos, las obras no se puedan “pactar”, “negociar”, tratar por debajo de la mesa, tal y como se está haciendo ahora de manera claramente delictiva –se reconoce en la propia prensa que los sobrecostes del hospital y el puerto se “negocian”-, lo que sin duda, aparte de una ilegalidad como la copa de un pino, es un margen incontrolable de corrupción en la gestión del dinero público. Sería inútil buscar ahora citas de periódico para acreditar este dato. Son cientos. En Asturias los contratos públicos se “negocian” y la prensa lo reconoce continumamente, por eso la gente lo acepta como algo normal. Que esto suceda, desde el punto de vista legal es una atrocidad. Los precios de los contratos sólo se pueden sacar a concurso, mediante procedimientos con publicidad. Negociarlos es corrupción pura y dura, salvo para contratos de dimensión irrelevante. Y sin embargo la prensa nos cuenta todos los días que Gispasa negocia con la UTE del HUCA o que la Autoridad Portuaria negocia con la UTE de El Musel. Esa barrabasada no provoca ni una crítica, un comentario o, ni mucho menos, un editorial de un periódico.
Al final no es menos lógico también que los medios de comunicación se inquieten. Al igual que los dirigentes de los chiringuitos desde los que se negocia el dinero de la formación y las subvenciones, nuestros medios disponen de un margen de varios miles de millones anuales de las antiguas pesetas, destinados a comprar su opinión y su información, que no puede crecer, salvo que se lleven sus fondos de reptiles a debate parlamentario, y eso, sin duda, estaría muy mal visto, pues así la gente se enteraría de cuántos DVD, enciclopedias y demás “bibelots” que vende la prensa, se cobran en realidad dos veces.
