El PSC se quedó solo en el Parlament y perdió una votación en la que, inútilmente por cierto, se pedía al presidente del Gobierno que destituyera a la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. En el Congreso de los Diputados, la diputada socialista por Lleida Teresa Cunillera fue la encargada de defender la gestión de Álvarez y del Gobierno Zapatero en el asunto ferroviario contra el resto de las fuerzas políticas. Al diputado de Esquerra Republicana Joan Ridao le faltó tiempo el viernes para acusar a sus aliados en el tripartito de "sucursalistas", consiguiendo con ello irritar al mismísimo Miquel Iceta. Unos días antes, al menos dos consellers de la Generalitat, Montserrat Tura y Antoni Castells, plantearon - sin acritud y de superbuenrrollo-la conveniencia de que en momentos de crisis los socialistas catalanes pudieran actuar con voz propia y no se vieran obligados a tener que defender - en público, porque en privado la ponen verde- a la ministra que más detestan. Resurgió tímidamente el debate sobre el grupo parlamentario propio que, a diferencia de Maragall, la actual dirección del PSC prefiere mantener aparcado. La cuestión es: ¿le conviene al PSC que sus 21 diputados en el Congreso formen grupo parlamentario propio?
Veamos qué ocurriría. De entrada, el PSOE perdería la condición de primera fuerza parlamentaria y el PSC se convertiría en la tercera. No es un asunto baladí. La noche electoral del 14 de marzo del 2004 el PP con sus 147 diputados podría haber cantado victoria, porque tendría tres parlamentarios más que su principal adversario. Pero hay más. Se supone que si el PSC constituyera grupo parlamentario en el Congreso sería para no votar siempre, como ha hecho hasta ahora, lo mismo que el PSOE, porque para seguir votando lo mismo no hace falta meterse en camisa de once varas. Así que no le quedaría más remedio al PSOE que negociar los apoyos del PSC con contrapartidas igual que hace con CiU o con Esquerra Republicana, pero a veces las negociaciones no fructifican y por lo tanto el PSC, para hacer valer su fuerza, debería propiciar alguna derrota parlamentaria del PSOE, de la que se beneficiarían inexorablemente sus adversarios comunes... Total que en tales circunstancias a lo mejor al PSC se le disparaba su autoestima catalanista, pero para el PSOE, el PSC se convertiría en un quebradero de cabeza tan insoportable que no tardaría en resucitar la Federación Catalana del PSOE como ya planteó José Blanco cuando la crisis de Perpiñán. Y llegados a tal extremo, ¿quién sería el guapo que se quedaría en el PSC? En estos momentos el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC-PSOE) domina todas las administraciones. La sede de la calle Nicaragua de Barcelona se ha convertido en la principal agencia de empleo público seguramente de Europa, y la política ya no es tan romántica como antes: nadie está dispuesto a morder la mano que le da de comer. Moraleja: ¿quién es Joan Ridao?
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