A pesar de los esfuerzos de algunos políticos, los científicos, sociólogos y economistas del IPCC han emitido un informe claro y devastador: si no detenemos hoy, ya, las emisiones de gases de efecto invernadero, la temperatura media del planeta subirá 4º C a lo largo de este siglo, con la posibilidad de subir 6º C. A pesar de los intentos de políticos ignorantes y asesores económicos que derivan sus recomendaciones de una teoría equivocada, a pesar de unos «escépticos» que insisten una y otra vez, en negar la realidad, la razón se impone entre los que la cultivan y ese informe es meridianamente claro. Tenemos que dejar de emitir esos gases.

Tras 30 años de estudiar el problema desde todos sus aspectos, de aceptar que el sistema climático no puede considerarse en sus partes aisladas ni sólo como el extremo actual de la evolución paleoclimática, de considerar tanto la física del clima como los problemas de la energía y la teoría económica que subyace la emisión de gases y su eliminación, no puedo yo más que aplaudir el esfuerzo del panel ganador del Nobel de la Paz. Aunque desde mi punto de vista, el IPCC se queda algo corto en sus conclusiones (porque trabaja con estudios hechos ya hace tres y más años), es un buen referente para avanzar en las consideraciones sobre el cambio climático. Incluye incluso el problema de la aceleración que se ha hecho evidente en estos tres últimos años. Cuatro grados suponen la desaparición de la civilización actual, no tanto de manera directa, sino como consecuencia inmediata de las guerras por los recursos y por las tensiones de las migraciones masivas. Seis grados supondrán la sexta gran extinción en el planeta.

Pero, como ha dicho Ban Ki-moon, podemos parar este cambio climático. Tenemos las herramientas en nuestras manos, y aplicarlas no sólo no nos producirá la menor tensión económica, sino que significará la tercera revolución energética, la entrada en la nueva y ampliada prosperidad para todo el globo. Esto es muy fácil de entender. Como cazadores recolectores, disponíamos de unos 2 watios de potencia energética por metro cuadrado de una parte muy pequeña del planeta. La agricultura nos los subió a 20 en la parte fértil de la tierra. El carbón y el petróleo, a un equivalente de 200 en esa misma parte fértil. Con la energía solar en todos sus aspectos, fotovoltaica, térmica, del viento y de las olas, de los biocombustibles, podemos pasar a 340 watios por m2, pero ahora sobre toda la superficie del planeta incluyendo desiertos y regiones polares. Tenemos, con un 5% de la superficie del planeta, energía suficiente para que 10.000 millones de personas vivan como vivimos hoy los españoles, y si usamos la nueva teoría económica de fuera del equilibrio, con el mismo coste que si seguimos calentando el planeta con el carbón y el petróleo. ¿Por qué no lo hacemos? La razón es muy antigua y se aprende leyendo historia: el miedo a la pérdida del poder de los gobernantes actuales, y una errónea teoría económica del equilibrio, o de equilibrios parciales, de sus asesores económicos. ¡Quitémonos las telarañas de los ojos, abramos la vista a la realidad, y substituyamos, con prisa y sin pausa, los contaminantes carbón y petróleo por las nuevas energías que, al parar el cambio climático, nos generan al mismo tiempo una nueva etapa de riqueza!

Antonio Ruiz de Elvira es catedrático de Física de la Universidad de Alcalá de Henares.

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