Obituario
Gregorio López Raimundo
Gregorio López Raimundo, (Tauste 1914), falleció ayer en Barcelona a la edad de 93 años. Ex secretario general y presidente del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), fue militante de esta organización durante 60 años, en los que le tocó vivir desde el protagonismo polÃtico todos los avatares de la historia contemporánea del paÃs, a los cuales siempre se enfrentó desde una coherencia ideológica de esas que hace bastantes años que no se llevan.
Cuando Raimon escribió T'he conegut sempre igual com ara, els cabells blancs la bondat a la cara, no et trobes sol, company no et trobes sol (te he conocido siempre como ahora, cabellos blancos, la bondad en la cara, no estás solo, compañero, no estás solo), Gregorio López Raimundo ya habÃa superado la etapa de dirigente del PSUC, aún siéndolo, e incluso la de referente del comunismo en Cataluña; era mito y leyenda viva de la cultura polÃtica y la historia del paÃs, una circunstancia de la que muy pocos pueden alardear.
Y, a pesar de ello, siempre mantuvo una sonrisa calma, la bondad dibujada en su rostro, que, a pesar de la dureza de muchas situaciones que le tocaron vivir en el exilio, la clandestinidad y la transición, le granjearon el respeto y la admiración de compañeros y adversarios. La popular canción de Raimon, además de homenaje en vida al dirigente, fue también sÃmbolo de reconocimiento a muchos, la mayorÃa anónimos a la fuerza, que también vieron platear sus sienes luchando por la libertad y la democracia desde la coherencia de sus ideas, pero anteponiendo a éstas el bien común del paÃs.
Si Gregorio López Raimundo, sastre de profesión en su Aragón natal, no hubiera sido asÃ, la transición habrÃa acabado con él, o quizás él habrÃa acabado con el PSUC que entonces dirigÃa. Pero supo entender, sin abdicar del análisis de la realidad visto desde el marxismo, que la ruptura soñada era una situación imposible en la coyuntura de una España que habÃa visto morir al dictador de viejo y en la cama, y que querÃa liberarse del pesado lastre de décadas de atraso de todo tipo para situarse en la órbita de la modernidad que avanzaba imparable. AsÃ, no dudó ni un segundo de felicitarse y felicitar al paÃs públicamente por la legalización del PSUC en mayo de 1977 y de abonar las tesis eurocomunistas de Santiago Carrillo desde el escaño en el Congreso de los Diputados que obtuvo en 1977 y 1979.
Quizás a muchos aquella transición les supo a renuncia, pero no todos habrÃan sufrido en su propia carne, y en la de sus allegados, la dictadura como López Raimundo, con lo que su actitud de acceder a participar en el pacto de estado ofrecido por Suárez y el resto de gestores del cambio polÃtico sin renunciar un ápice a su planteamiento ideológico, fue una de las claves para que la izquierda aceptara masivamente la apuesta del modelo democrático que se estaba diseñando.
Gregorio López Raimundo se habÃa afiliado a las Juventudes Socialistas en 1934. Al estallar la Guerra Civil participó en la fundación de las Juventudes Socialistas Unificadas y, ya desde el primer momento, se afilió en el Partit Socialista Unificat de Catalunya. Durante la guerra fue comisario polÃtico en el frente de Aragón, y marchó al exilio al terminar la contienda. En 1947 se estableció clandestinamente en Cataluña para reactivar el PSUC, pero fue detenido y encarcelado en 1951 y expulsado del paÃs en 1954, estableciéndose en ParÃs. Dos años después fue elegido máximo responsable de la organización del PSUC en el interior y, en 1965, secretario general. «Como cualquier crÃo asiste a las reuniones familiares en el comedor de casa, en el de la nuestra asistà desde muy pequeño a las reuniones de la ejecutiva del PSUC», le comentó un dÃa respecto a su infancia en un suburbio metropolitano parisino el escritor Sergi Pà mies, uno de los hijos de López Raimundo y su compañera, la también escritora y asimismo dirigente comunista Teresa Pà mies.
Tras el regreso, la legalización y sus tareas de diputado en las dos primeras legislaturas, el Quinto Congreso del PSUC, en 1981, pareció que serÃa su tumba polÃtica. En un paÃs sacudido por el golpe de estado de Tejero y un mundo convulso por el atentado de Alà Agca contra el Papa, el golpe de estado del general Jaruzelsky en Polonia, las masacres auspiciadas por los EEUU en el Salvador, el conflicto Iran-Irak o la muerte de Bob Marley, los partidos comunistas de la Europa occidental se habÃan de enfrentar a los retos de una nueva era para los cuales no siempre estaban preparados en tanto que organizaciones de vanguardia como pretendÃan seguir siendo. Las corrientes leninista y prosoviética se impusieron al eurocomunismo oficialista en el PSUC y Gregorio López Raimundo fue relegado de la secretarÃa general. Ante lo que parecÃa una oleada conservadora internacional capitaneada por el presidente norteamericano Ronald Reagan, los comunistas catalanes optaron por radicalizar su mensaje. Fue una opción. Pero ese mismo año IBM comercializaba el primer ordenador personal y el Madrid de la modernidad comenzaba a hervir hasta estallar en la célebre Movida. Los tiempos estaban cambiando, como habÃa dicho Bob Dylan, y el Sexto Congreso del PSUC, en 1982, decidió expulsar a prosoviéticos y leninistas, volver a las tesis eurocomunistas y reintegrar en su cargo a López Raimundo.
Pero el mal estaba hecho, y las divergencias en las filas comunistas terminaron con un descalabro electoral tanto del PCE como del PSUC del que nunca jamás se recuperaron. Los comunistas ya nunca serÃan la vanguardia de la sociedad de fin de milenio por qué habÃan sido incapaces de entender por donde iba cuando era más necesario. Santiago Carrillo dimitió tras la debacle, Gregorio López Raimundo permaneció en sus cargos hasta 1985, cuando se retiró definitivamente de la polÃtica con el desánimo de ver cómo el partido que habÃa contribuido a fundar y a hacerlo hegemónico entre las fuerzas de izquierda, se debatÃa entre la confusión ideológica y estratégica y unos pÃrricos resultados electorales.
Dos años después se creó Iniciativa per Catalunya (ICV) como federación de partidos que, superando diferencias ideológicas, apostó por la unidad estratégica. El PSUC, Entesa dels Nacionalistes d'Esquerra y Partit dels Comunistes de Catalunya impulsaron un proyecto que, con muchos altibajos, acuñó el termino ecosocialista para explicar a la ciudadanÃa el proyecto de la izquierda moderna heredera del análisis marxista de la realidad. Incómodo con estas propuestas, tras los debates del noveno congreso del PSUC, Gregorio López Raimundo prefirió dejar el partido y refugiar su inquebrantable coherencia ideológica en el PSUC viu (PSUC vivo), integrado en Esquerra Unida i Alternativa (EuiA), socios de coalición de ICV, del que, con la bondad siempre en la cara, fue presidente hasta su muerte.
Gregorio López Raimundo nació en Tauste (Zaragoza) en 1914 y falleció ayer en Barcelona.
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