El ex miembro de los GAL y ex espía, al que EL MUNDO 'resucitó' en 2004 en Luxemburgo, pide ahora a Interior un pasaporte y se 'autovende' su chalé

El difunto Francisco Paesa, al que EL MUNDO resucitó el 15 de noviembre de 2004 localizándolo en Luxemburgo, ha vuelto a dar señales de vida. El ex espía, que primero ayudó a Luis Roldán a huir de España y que después lo entregó al ex ministro Juan Alberto Belloch por 300 millones de las antiguas pesetas (1.800.000 euros), y más tarde montó la pantomima de su propio fallecimiento e incineración en Bangkok (Tailandia), está preparando su regreso a España

Francisco Paesa Sánchez, el hombre de las 1.000 caras, ha solicitado un pasaporte a sus antiguos amigos del Ministerio del Interior y ha regularizado la situación administrativa del chalé de lujo que tenía en la localidad madrileña de Las Rozas y que utilizaba como residencia cuando se encontraba en nuestro país.

Hace un par de meses Francisco Paesa, que en 1991 llegó a tener pasaporte diplomático del país africano Santo Tomé y Príncipe, se puso en contacto con el actual comisario general de la Policía Judicial, Juan Antonio González, para que le informara sobre los pasos que tenía que dar para conseguir un pasaporte y regularizar policialmente su situación. Se da la circunstancia de que, judicialmente, Paesa no tiene en la actualidad ningún caso pendiente, pues todos los que estaban abiertos, tanto en España como en Suiza, han prescrito.

La relación entre el comisario jefe Juan Antonio González y el ex expía, ex banquero, ex diplomático, ex miembro de los GAL y ex traficante de armas Francisco Paesa se remonta a mediados del año 1994, cuando Luis Roldán, ex director de la Guardia Civil, ya se había convertido en un prófugo de la Justicia española y estaba acusado, entre otros cargos, de meter la mano en la caja de los fondos reservados de Interior.

El Comisario General de la Policía Judicial informó a sus superiores en el Ministerio de las intenciones del ex colaborador de Interior de regresar a España y de que quería un pasaporte para regularizar su situación. Tras un tiempo de estudio los asesores legales del Ministerio del Interior han comunicado al comisario González que, en principio, no hay ningún obstáculo para concederle un pasaporte al difunto Francisco Paesa.

Mensaje de calma

El espía Paesa simuló su fallecimiento en Bangkok el 2 de julio de 1998 y lo hizo público con una esquela mortuoria en el diario El País en la que se informaba de que «el funeral tuvo lugar en la más estricta intimidad» y que su familia y sus amigos dedicaban 31 misas gregorianas por su alma.

Más tarde, el entorno familiar del ex colaborador de Interior se sirvió de un certificado de defunción e incineración falso emitido en Tailandia para de esa forma eludir algunos procesos judiciales y administrativos. Sin embargo, Paesa todavía no ha sido procesado o imputado por ningún juzgado español por falsificación de documento público o por simular su propia muerte.

EL MUNDO también ha podido saber que Paesa se ha puesto en contacto con la antigua cúpula de Interior (durante los mandatos de los socialistas José Barrionuevo, José Luis Corcuera y Juan Alberto Belloch) a través de amigos comunes para informarles de que no tienen por qué preocuparse por su regreso, y les ha mandado un mensaje del siguiente tenor: «No pienso tirar de la manta como hizo Roldán cuando EL MUNDO lo localizó en París. He borrado de mi mente todos los nombres y asuntos en donde he participado». Es decir, Paesa avisa a sus antiguos jefes de que no se convertirá en un «testigo negativo», y mucho menos ahora que están próximas las elecciones generales.

Paesa, que en febrero de 2008 cumple 72 años y que en julio de 1998 organizó su propio funeral para huir de sus acreedores, también se ha dedicado durante los últimos meses a regularizar la situación de su residencia en Madrid, un chalé de lujo en Las Rozas. Hasta el pasado mes de mayo, ese chalé estaba registrado a nombre de la sociedad Rozas Investments 2000, que fue fundada con un pasaporte francés falso a nombre de un supuesto Pascal Philippe Pérez, tal como ya denunció EL MUNDO el 10 de junio de 2002.

Cambio de propietario

Para recuperar la propiedad, Paesa se ha autovendido el chalé de Las Rozas por medio de una operación a tres bandas en la que, como siempre, ha utilizado de peón a uno de sus dos sobrinos. En esta ocasión, el que ha dado la cara a nivel de registro mercantil ha sido Alfonso García Paesa, que habitualmente reside en París. Beatriz, la hermana de Alfonso, continúa en Luxemburgo, donde este periódico localizó a Paesa el 15 de noviembre de 2004 bajo el nombre de Francisco Pando Sánchez y nacionalidad argentina.

El chalé de Paesa está situado en una parcela de 3.306 metros cuadrados, y está valorado en unos tres millones de euros. La jugada maestra de Paesa ha consistido en nombrar a su sobrino administrador único de Rozas Investments 2000 y liquidador de la misma sociedad. Ese acto fue «elevado a público en escritura de fecha 12 de febrero de 2007, autorizada por el notario de Londres don Manuel Jesús Doña Martín» y así figura en el registro mercantil.

El siguiente paso ha sido disolver la sociedad Rozas Investments 2000, según consta en el registro: «Ha procedido a la adjudicación de la totalidad de los bienes al socio único Rozas Limited, debidamente representado por su administrador, don Anders Olof Victor Grundberg, mayor de edad, sueco, casado, con domicilio en [...], Londres». En el registro mercantil se específica que Rozas Limited es una sociedad que está registrada en Inglaterra.

El proceso de disolución de Rozas Investments 2000 y de adquisición de esta misma por parte de Rozas Limited fue realizado en Londres el 10 de abril de 2007 por el liquidador de la primera, Alfonso García Paesa, y ante el notario Manuel Jesús Doña Martín. Posteriormente, esos cambios societarios se plasmaron en el registro mercantil español el 29 de mayo de 2007.

Es decir, Francisco Paesa está preparando su regreso a España desde abril de 2007. «El hombre de las 1.000 caras», como le bautizó este periódico en 2002, todavía tiene pendiente una cuenta muy importante con su amigo Luis Roldán: 1.500 millones de pesetas. El ex director de la Guardia Civil, que en la actualidad vive en Zaragoza con serios problemas económicos y que está en tercer grado penitenciario, mantiene que «Paesa se quedó con todo lo que tenía».

Los contactos entre el espía y la «mosca cojonera»

En junio de 1994, Francisco Paesa, que casi siempre había ido de ganador por la vida, se cruzó con un hombre que le iba a amargar su existencia. Ese hombre era y es policía. Se trataba de Juan Antonio González, comisario provincial de Policía Judicial y al que le había caído la difícil papeleta de localizar al fugado Luis Roldán.

González se encontró cara a cara con Paesa una mañana del mes de junio en el hotel Miguel Angel de Madrid. El comisario González llegó a aquella cita con el espía con un par de ases en la manga: sabía cuál era el dinero que se había llevado Roldán y cómo lo había movido Paesa.

González, policía de la vieja escuela, escuchó de Paesa evasivas y más evasivas sobre la fuga de Roldán. En un momento determinado, el comisario le dijo al estafador: «Yo soy policía, seré policía toda mi vida y me puedo convertir en una mosca cojonera. Es decir, estaré encima de usted hasta que me entregue a Roldán».

Meses más tarde, el comisario González y Paesa se volvieron a encontrar en otro hotel. Ya era octubre y la cita se produjo en el hotel Matignon de París. Paesa, que ya había notado el revolotear de la «mosca cojonera» González sobre su cabeza, decidió llegar a un acuerdo con Interior y se comprometió a encontrar al fugado Luis Roldán.

Tres meses más tarde, a mediados de diciembre de 1994, Paesa ya había encontrado a Roldán y estableció un nuevo contacto con el comisario González. El lugar del encuentro volvió a ser París: aeropuerto de Orly. El comisario González y Paesa llegaron al acuerdo de que Roldán sería entregado el 18 de febrero de 1995 en el aeropuerto de Bangkok. El pacto entre el comisario y el espía se cumplió a la perfección, pero con nueve días de retraso. La entrega de Roldán se produjo el 27 de febrero en el mismo aeropuerto de Bangkok y el ex director de la Guardia Civil fue recogido por el comisario Juan Antonio González.

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