Competencia estrecha el cerco para desmontar el supuesto cártel de las empresas lácteas, de Cristina Caballero en Mercados en El Mundo
Alimentación
La Comisión Nacional de la Competencia ha comenzado los registros en varias compañías para averiguar si ha habido pactos. Un 'topo' en la industria está dispuesto a denunciar los supuestos acuerdos.
Demostrar que ha habido un acuerdo entre empresas contrario a la libre competencia es una tarea difícil. En el caso de la industria láctea, donde la Comisión Nacional de la Competencia ha abierto una investigación después de la espectacular subida del precio de la leche en octubre, existen datos objetivos: un alza media del 12,7% en el importe de venta al público, con el resultado de que las tres grandes marcas (Puleva, Pascual y Asturiana) superan ya el euro por litro.
¿Qué hay tras estas coincidencias en los precios? ¿Se puede hablar de un cártel de empresas? Si no hay documentos que demuestren prácticas contrarias a la ley, sólo se cuenta con indicios, una prueba demasiado endeble como para abrir un expediente. Sin embargo, en este caso, Competencia tiene una ventaja: existe un chivato, una empresa dispuesta a explicar con pelos y señales las presuntas prácticas contrarias a la libre competencia que existen en la industria láctea y que están dañando el bolsillo de los consumidores.
En el sector se apunta a Clesa, adquirida hace pocos meses por Nueva Rumasa (propiedad de la familia Ruiz Mateos) al Grupo Parmalat.Según explican esas fuentes, la compañía está sufriendo en sus propias carnes el efecto de un presunto cártel en la industria, y está incluso dispuesta a acudir a las autoridades de Competencia para explicar la situación. La empresa niega que sea ella la que esté hablando con Competencia y asegura estar perfectamente integrada en la industria; además, dice que no le consta ningún pacto.
Cuando pertenecía al grupo italiano Parmalat, Clesa compraba la leche a través de intermediarios, aunque, tras ser adquirida por Nueva Rumasa, ha intentado cambiar esa política y adquirir el producto directamente en el campo. Pero al dirigirse a los ganaderos se encontró con una desagradable sorpresa: ninguno de ellos quería venderle leche. La razón es simple, aunque no legal: las grandes marcas, ante la escasez de suministro, podrían haber llegado a acuerdos en el campo con los que se aseguran que siempre contará con proveedores, una práctica que vulneraría la libre competencia.
«Es difícil conseguir suministro de leche», explica el directivo de una empresa láctea. «Las empresas han llegado a recurrir al espionaje porque nos robábamos unos a otros los proveedores.Ahora se ha llegado a un consenso para no quedarnos sin suministro».
El problema, según las fuentes consultadas, es que se trata de pactos no escritos, con lo que Competencia tendrá muy difícil demostrar esta práctica.
La Comisión Nacional de Competencia ya se ha puesto manos a la obra y ha iniciado una investigación de oficio. La gran subida del precio de la leche, sin embargo, no se explicaría sólo con el supuesto pacto en el campo. En el organismo no se descarta nada. «Se están inspeccionando todos los posibles acuerdos, verticales y horizontales, que puedan existir en el sector», afirma un portavoz de la Comisión. Por ahora, la institución presidida por Luis Berenguer ha hecho registros en las mayores empresas lácteas y en la patronal Fenil para conseguir toda la documentación posible, según fuentes del organismo.
Ampliar la investigación
La investigación de la Comisión Nacional de la Competencia se podría ampliar hacia las grandes cadenas de distribución, por si hubieran pactado aprovechando la crisis que se vive en el sector por la subida de precios en origen para aplicar alzas especulativas en el precio final.
Los ganaderos lo tienen claro. A pesar de que en privado reconocen que hay acuerdos en el campo con las marcas líderes, aseguran que las grandes cadenas de hipermercados y supermercados son las que se están beneficiando. «No es la industria láctea quien se está llevando las ganancias, sino la gran distribución», afirma Manuel Bouzas, portavoz de la Federación de Empresarios Productores de Lácteos (Feplac).
Bouzas asegura que los márgenes comerciales de las grandes cadenas de supermercados han subido en un par de meses del 8% al 14%.«Quizás se han aprovechado de la subida en origen de la leche para aplicar sus propias alzas en el precio final», afirma.
Anged, la patronal de la gran distribución, que engloba a cadenas como Carrefour, El Corte Inglés y Alcampo, niega «rotundamente» cualquier concertación para modificar los precios de la leche.Pero en el sector siguen las acusaciones, no sólo de los ganaderos.
«El pacto está en la distribución, y si no, ¿por qué las marcas blancas siguen estando por debajo del precio de coste?», se pregunta un empresario lácteo que prefiere ocultar su nombre. Según los ganaderos, en estos momentos quien venda por debajo de 0,75 euros lo está haciendo a pérdidas. Pero curiosamente son las marcas de los distribuidores, las llamadas «marcas blancas», las únicas que están en ese nivel: Auchan y El Pulgar de Alcampo; Hacendado, de Mercadona; Dia; y Finessa, de Lidl. Estas marcas, aunque también han subido en los dos últimos meses, siguen estando por debajo del precio de coste.
Por el contrario, las marcas líderes (Puleva, Pascual, Asturiana) superan el euro por litro, más que un litro de gasóleo. «Los costes de la materia prima no se han repercutido en la marca blanca», piensa un directivo de Feiraco. «Están construyendo su margen a costa del nuestro, y poco se puede hacer, porque la distribución es muy potente».
La Federación de ganaderos ha pedido a Competencia que investigue también estos precios de las marcas de los supermercados, «porque a nosotros esos números no nos cuadran». Desconfían igualmente de la calidad de esa leche, y han solicitado una inspección por parte de Sanidad y Agricultura.
Si se analizan los datos que la asociación de consumidores Facua envió hace semanas a Competencia, sorprende que precisamente las tres marcas más vendidas, que copan casi un 50% de cuota de mercado, se hayan situado exactamente en el mismo precio en todos los grandes supermercados: 1,05 euros por litro. ¿Mera coincidencia o algún pacto secreto?
En Facua tienen dudas de que se trate sólo de causalidad. «No tenemos indicios de quién ha pactado, pero queremos que se investigue», explica Rubén Sánchez, portavoz de la asociación. «Puede haber dos supuestos: que las cadenas de distribución hayan pactado con los productores o que las marcas líderes hayan impuesto su precio». La primera hipótesis se trataría de un acuerdo vertical, que afectaría a distintos jugadores de diferentes sectores (en este caso, industria láctea y grandes cadenas de supermercados).
En el caso de que se tratara de un pacto entre competidores de un mismo sector, se hablaría de un pacto horizontal, mucho más dañino para los consumidores. «Los pactos verticales a veces tienen justificación económica, pero los horizontales, muy difícilmente», explica Antonio Guerra, abogado experto en Competencia del despacho Uría Menéndez.
Existen pocos antecedentes de expedientes abiertos a la industria láctea por un supuesto pacto de precios. Para analizar una situación similar a la actual hay que remontarse a 1997, cuando el Tribunal de Defensa de la Competencia (antecedente de la actual Comisión) sancionó a la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil) por mandar una circular con una recomendación de precios.
También se impuso multa a un total de 48 empresas que, siguiendo dicha circular, aplicaron los mismos precios base e idénticas bonificaciones y penalizaciones por calidad de leche en las compras de producto realizadas a los ganaderos (es decir, un acuerdo de tipo horizontal).
Por ahora, aunque la Comisión de Competencia ha practicado registros y analizado documentos, empezando precisamente por la patronal Fenil, no ha encontrado ninguna prueba rotunda que aconseje la apertura de un expediente. Por eso es fundamental la colaboración de una compañía del sector que denuncie los presuntos acuerdos que se dan en la industria.
Para ello serán de mucha ayuda los llamados «programas de clemencia», contemplados en la nueva ley de defensa de la competencia y que podrán ser aplicados a principios del año que viene.
Se trata de instrumentos utilizados ampliamente en otros países europeos en la lucha contra los cárteles a base de incentivar las denuncias de los participantes en ellos a cambio de inmunidad o de reducción de las multas.
En la Unión Europea, los programas de clemencia han funcionando desde 1996. El año pasado, la Comisión Europea publicó un modelo de programa para unificar el derecho de competencia en todos los Estados miembros. En España, esas directrices comunitarias se han incorporado a las reformas previstas en la Ley de Defensa de la competencia, con una regulación basada en la de la Comisión.Pero por ahora, Competencia sólo cuenta con la pericia de sus técnicos y la colaboración del 'topo'.
Apoyo
¿Subidas de precio especulativas o falta de materias primas?
«Alguien está intoxicando, es absurdo hablar de un pacto en la industria». La Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil) es tajante. Niega que exista un reparto de mercado en el campo, como denuncian los ganaderos y alguna empresa láctea, y también descarta rotundamente acuerdos sobre los precios. «Se trata más bien de un problema estructural a nivel mundial», explica Luis Calabozo, director general de la patronal. «La cuota de racionamiento sólo cubre el 75% del consumo en Europa, se necesita una reforma para que se pueda abastecer la demanda», asegura. ¿Significa eso que los precios de la leche seguirán subiendo durante los próximos meses? «La leche ha tocado techo en septiembre y octubre y ahora el precio no bajará, pero se estabilizará», afirma. El director general de Fenil pide que se deje de buscar culpables y se lleven a cabo medidas desde el Gobierno para que bajen los costes de producción.
Fenil, junto a las mayores marcas del sector como Puleva y Pascual, ha sido uno de las primeros objetivos de la Comisión de la Competencia para iniciar la investigación. Funcionarios de este organismo se han dirigido durante la semana pasada a la patronal láctea para pedirles que aporten documentos sobre la espectacular subida del precio de la leche.
Fenil ha enviado multitud de gráficos, estudios, informes y otros documentos que explicarían la tesis de que se trata de un problema de coyuntura «mundial», como dice su director general. Pero todavía, ni rastro de una supuesta concertación.
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