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18 Noviembre 2007

«Hoy comienza el nuevo siglo para Kosovo», de Fátima Ruiz en El Mundo

EL FUTURO DE KOSOVO

Hashim Thaci, ex líder de la guerrilla separatista, se proclama ganador de las elecciones

La minoría serbia boicotea los comicios, que se celebran en pleno debate sobre el futuro estatuto de la región

Cuando dejaron de arreciar las bombas sobre Kosovo tenía 16 años. Y en plena adolescencia se puso al frente de un popular informativo de televisión desde el que fue radiando día a día el ingente trabajo de la OTAN para barrer los escombros de la última cruzada nacionalista de Milosevic. En Kosovo se vive deprisa. Y en los ocho años de autonomía custodiada por Naciones Unidas a Haxhi Bajraktari le ha dado tiempo de ganar un premio al mejor documental contra el sida, estudiar Políticas y convertirse en asesor del Ministerio del Interior.

«Me di cuenta de que desde la tele no podía cambiar nada», sonríe antes de ir a votar en el vestíbulo de Grand Hotel de Pristina, un mastodonte que conoció tiempos mejores cuando reinaba Tito en Yusgoslavia y no se ha renovado desde entonces, confiando en que siempre caerá por allí un funcionario adornado por las siglas que tutelan las instituciones locales en su versión política o militar: UNMIK, OSCE, KFOR. Las mismas que patrullaban ayer las desangeladas calles de Pristina para supervisar las terceras elecciones desde la guerra.

La gélida temperatura ralentizó el goteo ante las urnas, que no llegó a ser aluvión. Todos los ojos estaban puestos en el colegio electoral de Faik Konica, que en pleno centro de la capital rinde homenaje al escritor e impulsor de la causa albanesa en el siglo XIX. En él se esperaba a la estrella de la jornada, el antiguo guerrillero del Ejército de Liberación (ELK), Hashim Thaci, favorito para convertirse en primer ministro. Apareció repartiendo sonrisas poco antes de las 9.30 horas, de imponente traje y seguro de su victoria. Justo en el momento en que un abuelo se rasgaba las vestiduras en la puerta: «Los políticos de aquí sólo se preocupan de ganar dinero».

Thaci depositó su voto entre una nube de periodistas ante los que destacó el futuro de Kosovo «dentro de la familia europea».

Seis horas después del cierre de los colegios electorales, un Hashim Thaci exultante se autoproclamaba ganador de los comicios. «Hoy, con nuestra victoria, comienza el nuevo siglo para Kosovo», anunciaba el ex líder de la guerrilla separatista, partidario de una rápida independencia de la antigua provincia serbia.

No se trata, sin embargo, de un anuncio realizado a partir de datos oficiales del recuento. Según resultados estimados por la ONG Democracia en Acción -observadora en los comicios-, Thaci obtendría un 36% de los votos. La Liga Democrática de Kosovo, del presidente Fatmir Sejdiu, se mantenía en segunda posición con un 23% de los votos, según la misma fuente.

Los primeros datos apuntan a que la participación general se ha situado entre el 40% y el 45%, por debajo del 51% registrado en 2004.

La abstención entre la minoría serbia era la mayor preocupación de la jornada para los organismos internacionales. Ayer, y a pesar del silencio de la iglesia ortodoxa respecto al boicot, se cumplió el pronóstico pesimista. La comunidad eslava no acudió a votar, siguiendo en bloque la consigna de Belgrado para que no fueran a las urnas en plena negociación sobre el futuro estatus de la provincia.

Paul Polansky, que encabeza la misión de la ONG alemana Sociedad para los Amenazados en Preoce -a cinco kilómetros de la capital- explica el porqué: «Las minorías están acosadas», dice. «No hay reconciliación entre la sociedad, sólo colaboración cosmética». Tras la independencia augura que todo empeore: «Si esto ocurre ante las narices de la ONU se puede imaginar lo que ocurrirá sin ella. Los serbios desaparecerán de los enclaves. Y quizá haya una partición del territorio al norte de Mitrovica, que se unirá a Serbia».

El problema serbio, cuenta, «es lo que mantiene unidos a los albaneses ahora; pero hay mucha rivalidad interna y una vez que se resuelva el asunto de la independencia puede que haya una guerra civil. La mayoría de ellos son muy pobres y están hartos de ver cómo los antiguos comandantes del ELK se convierten en millonarios».

«Inmediatamente después del 10 de diciembre, tomaremos decisiones para Kosovo en tanto que país independiente y soberano», dijo ayer Hashim Thaci, en declaraciones a France Presse, tras autoproclamarse vencedor de las elecciones.

El duelo entre Belgrado y Pristina -autonomía o independencia- ha eclipsado los comicios. «La gente no quería votar en esta fecha, pero nos la ha impuesto la comunidad internacional», explica Jakup, que acude a votar acompañado de su familia.

La omnipresencia de la administración internacional no se reduce al nivel político. También ha creado dos Kosovos, según la instancia para que uno trabaje; y si en el local se gana 200 euros de media al mes, en el internacional el salario se cuadruplica.

«La comunidad internacional ha hecho un buen trabajo reconstruyendo el país», reconoce Bajraktari. «Teníamos 100.000 casas destrozadas tras la guerra y ellos las pusieron en pie en tres años», cuenta. «Pero ahora no saben dónde poner el foco». Y el foco apunta, desde 1999, al objetivo de convertir la provincia en una comunidad multiétnica que no bendiga cantones estancos. «No tiene mucho sentido hablar de sociedad multiétnica en un lugar con un 90% de albaneses y un 5% de serbios», matiza Bajraktari. «Es mejor hablar de construir una sociedad que respete a las minorías».

Los albaneses quieren dirigir su propio destino. Es una opinión unánime. «Estamos totalmente preparados para la independencia», afirma rotundamente Bajraktari cuando se le pregunta si Kosovo podrá caminar por su propio pie sin las muletas internacionales y sin las serbias. Como primera muestra, la buena voluntad hacia La Haya. «Mientras Serbia sigue sin entregar a [Ratko] Mladic y [Radovan] Karadzic, nuestro primer ministro dimitió en cuanto se vio acusado de crímenes de guerra por el tribunal», dice aludiendo a Rasmush Haradinaj, cuyos retratos ilustran la campaña de la Alianza por un Nuevo Kosovo, del magnate Behgjet Pecolli, en las calles de la capital.

Pero la mayoría de los ciudadanos sabe que el estatus no puede servir de eterna excusa para afrontar los problemas de pobreza y paro que sufre la provincia. «Para los políticos albaneses y la comunidad internacional, es una forma de posponer indefinidamente los problemas. Y para los serbios, esgrimir la independencia sirve para mostrar al mundo que no están integrados y hay que volver a Serbia», se lamenta Jener, estudiante universitario.

© Mundinteractivos, S.A.

Tags: fatima ruiz

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