La población tiene ganas de acabar con los ocho años de tutela de la ONU
Pocas elecciones como las que se celebran hoy en Kosovo significan tanto y tan poco al mismo tiempo. Poco, porque el nuevo Parlamento y el nuevo gobierno seguirán sin tener poderes reales sobre este territorio que aún es oficialmente una provincia de Serbia y que lleva ocho años siendo administrada por la ONU. Y mucho, porque la voluntad mayoritaria de la población kosovar es declarar cuanto antes la independencia.
Tanto el actual primer ministro, Agim Ceku, como prácticamente todos los partidos dicen que a partir del 10 de diciembre se tirarán a la piscina. En esa fecha - acabada una prolongada ronda de negociaciones entre la parte serbia y la kosovar, con la troika formada por Estados Unidos, Rusia y la UE- debe pasar a manos del Consejo de Seguridad un plan de independencia tutelada para los próximos años elaborado por el representante de la ONU Martti Ahtisaari. La previsión es que Rusia - aliada de Serbia- lo rechace y que EE. UU. reconozca entonces una declaración unilateral de independencia.
En la UE no todos sus miembros lo tienen claro - entre ellos España, Chipre, Grecia o Rumanía- pero todos saben que las posiciones de serbios y kosovares son irreductibles. Ahtisaari ha dejado escrito que "el potencial de las negociaciones se ha agotado". Si se cerrará así, con algo parecido a un Estado de Kosovo, el proceso de disolución de lo que fue Yugoslavia y si esto acarreará todavía más sangre es algo que está por ver.
En Pristina el deseo de cambio es manifiesto. Noes que haya entusiasmo por acudir a las urnas para votar unos partidos que prometen la independencia desde el 2001. Se trata de ver si esta vez alguien cumple, y para ello se encomiendan a Washington y a una decisión afirmativa de Bruselas, ya que la opción de los candidatos es declarar la independencia con su beneplácito y en el momento adecuado.
Si en las elecciones del 2004 (la ONU impuso que fueran cada tres años) el partido más votado fue la Liga Democrática (LDK) del presidente Ibrahim Rugova - fallecido el año pasado-, esta vez será el turno del Partido Democrático (PDK), con Hashim Thaci a la cabeza. Thaci, de 39 años, es representante en las negociaciones sobre el estatuto final de Kosovo y fue uno de los jefes del Ejército de Liberación de Kosovo (más conocido por UCK, en albanés), responsable de las finanzas y la logística del grupo guerrillero que combatió a la policía y las tropas serbias en los noventa. Carece por completo de carisma, pero en la rival LDK no andan mejor. La campaña la hacen el retrato del finado Rugova y el actual presidente - que no puede ser candidato- Fatmir Sejdiu.
Una razón fundamental para los albaneses de Kosovo es el hartazgo de ocho años de gestión de la Unmik, la misión de la ONU que rige las instituciones provisionales de gobierno y que puede vetar leyes. "Es la institución más corrupta de Europa", dice un funcionario del ministerio de Sanidad, el cual está infradotado al extremo de que "el presupuesto es de 25 euros por persona y año". Sanidad, educación y asuntos sociales fueron los primeros ministerios que la ONU traspasó, o se quitó de encima, señala la jurista Flaka Surroi, para quien "lo más feo de Unmik ha sido la institucionalización de la corrupción, sobre todo con el proceso de privatizaciones". Surroi, que siendo empleada de Unicef fue deportada a Macedonia por las tropas serbias, dirige hoy el diario Koha Ditore y un canal de televisión fundados por su hermano Veton, líder del partido reformista Ora. "El plan Ahtisaari ya fue aprobado por el Parlamento kosovar, no podemos seguir siendo rehenes de esta situación", afirma.
El gran problema detrás de esta tutela internacional es que la falta de estatus jurídico impide la inversión extranjera en Kosovo y por tanto el desarrollo. Los kosovares siguen soportando cada día los cortes de luz y las restricciones de agua corriente (donde la hay), y no ven mejoría en ninguna parte.
No es casualidad que haya aparecido un candidato populista. Behgjet Pacolli, multimillonario hijo de la emigración a Suiza, promete empleo para todos. Dueño de la constructora Mobetex, lleva años trabajando en las repúblicas ex soviéticas y en el mismísimo Kremlin. El caso de supuestos sobornos a la familia de Boris Yeltsin en 1999 nunca se ha aclarado. Sin embargo, Pacolli se proclama amigo de los norteamericanos y, a pesar de que mantiene una postura cuando menos ambigua sobre la independencia, ha llenado sus mítines y puede ser el tercero en discordia.
La minoría serbia, por último, hará el boicot siguiendo el dictado de Belgrado. Diez de los 120 escaños le corresponden - con otros diez para el resto de minorías-, pero sólo seis partidos participan porque creen que hay que romper los guetos en que se han convertido sus comunidades. Uno de ellos es el grupo de Branislav Grbic, ministro de Comunidades y Retorno. En una conversación mantenida con doble traducción del serbio y del albanés, Grbic se mostraba ayer extremadamente cauto ante toda pregunta. "No creo que haya ninguna violencia" tras el 10 de diciembre, dijo. "Lo principal para los serbios es poder vivir una vida normal y que nuestra voz sea escuchada".

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