CANELA FINA

La gran ventaja del principio de herencia en la Monarquía Consti-tucional es que sitúa al Rey por encima del debate, de los altercados, de las descalificaciones. El Monarca no debe descender al circo político porque eso dificultaría, nacional e internacionalmente, el cumplimiento de las funciones que le asigna la Constitución: el arbitraje y la moderación.

Ha pasado ya el tiempo suficiente para que el patriotismo no condicione la verdad. Zapatero estuvo bien en el rifirrafe, pero éste no debió producirse. Se equivocó completamente al no evitar la pelotera con Chávez en la Cumbre Iberoamericana. Se podía prever que el caudillo venezolano, también Ortega y Evo, traspasarían los límites de la cortesía diplomática. Y no había que enzarzarse con ellos. Lo inteligente, lo que hace una diplomacia seria es prevenir. Zapatero debió entrevistarse con la presidenta chilena al empezar la Cumbre y decirle:

- No podemos descartar que Chávez arremeta contra líderes españoles democráticos y contra la dignidad de España. Solicitamos de la presidencia chilena que corte de raíz cualquier agresión verbal de Chávez. En caso contrario, el Rey, y con él toda la delegación española, nos levantaremos y abandonaremos la Cumbre.

Eso era lo inteligente, lo respetuoso y lo diplomático. Las arremetidas de Chávez contra España y Aznar habrían sido cortadas de raíz desde la presidencia de la Cumbre, deseosa Bachelet del éxito chileno en la organización del acontecimiento. Una diplomacia seria y sutil debió actuar así. En lugar de eso, se produjo un rifirrafe con Chávez. ¡Qué más podía desear el caudillo bufón que enfrentarse con España y con el Rey! Ha sido tanta la torpeza diplomática que algunos analistas creen que, salvo la intervención espontánea de Don Juan Carlos, todo fue pactado entre Zapatero y Chávez, el ataque de éste a Aznar, llamándole fascista y la réplica del presidente español.

Yo no lo creo así. Pienso que, una vez más, la frivolidad, la ligereza, la torpeza, presidieron la acción de José Luis Rodríguez Zapatero. Y que la consecuencia ha sido situar al Rey en un papel que ni le conviene ni le corresponde. Se ha robustecido, además, la figura de Chávez en un sector de Iberoamérica, cuando prepara una Constitución para imponer el comunismo castrista en Venezuela con él de dictador vitalicio.

¿En manos de quién estamos? A la catástrofe de la política territo-rial, del proceso de rendición ante Eta, hay que añadir ahora el desastre de nuestra política internacional, de los pactos con Chávez, Evo y Castro, de la hostilidad contra Estados Unidos, de la irrelevancia en Europa.

No parece probable que el Rey pueda recuperar su papel en Iberoamérica, amasado durante tantos años de esfuerzos y desvelos, ni que los países en conflicto le llamen como árbitro o mediador, como ha ocurrido hasta ahora. Zapatero, con su torpeza o con su malignidad, lo está destrozando todo.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española

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