La política exterior

El país magrebí pasa página del conflicto aunque espera unas relaciones sin tabúes

Hace 13 días que el rey Mohamed VI llamó a consultas por un tiempo indefinido a su embajador en Madrid, Omar Azziman. La tensa situación y las duras reacciones oficiales por la visita de los Reyes a España pueden ser, desde ayer, parte del pasado. En Rabat se quiere pasar la página de la crisis, y el de ayer fue un primer gesto conciliador, aun sin renunciar a Ceuta y Melilla, y esperan otro del Gobierno español. El normalidad total no llegará hasta que se permita al embajador regresar.

Los necesarios matices con los que se debe analizar el comportamiento de las autoridades marroquíes obligan a pensar que, pese a que las declaraciones oficiales posteriores al duro comunicado del monarca alauí del pasado 6 de noviembre, se han desarrollado cada vez en un tono más conciliador, se insiste en que el Gobierno español debe renovar sus relaciones bilaterales con Marruecos, basándolas en el "respeto mutuo" y olvidando los temas tabú como la soberanía de Ceuta y Melilla que el reino marroquí reivindica desde su independencia (1956). De hecho, Rabat sigue insistiendo en que el contencioso de lo que en Rabat se denominan "los enclaves ocupados de Ceuta y Melilla" se han convertido en una prioridad desde que Madrid ha normalizado su presencia.

Desde el 7 de noviembre, los miembros del Ejecutivo marroquí se habían mostrado en todo momento confiados en que las buenas relaciones gestadas durante los últimos casi cuatro años deben prevalecer. Jalid Naciri, portavoz del Gobierno y ministro de Comunicación, que el 1 de noviembre hacía pública la primera reacción en la que se desaprobaba y lamentaba la visita del jefe de Estado español a las ciudades autónomas, es el mismo que ayer no podía referirse a España sin decir antes la palabra "amigo". Naciri mantuvo un tono distendido para transmitir el mensaje oficial. Marruecos considera que en esas relaciones bilaterales renovadas será más fácil gestionar nuevas crisis en las que esté en juego la "sensibilidad de los marroquíes". Tras la dura crisis diplomática de 2001 a 2003, el Gobierno de Zapatero supo reconducir la situación gracias, según fuentes próximas al Ministerio de Asuntos Exteriores marroquí, al famoso "talante". Al contrario de lo que ocurrió durante los tirantes días de la visita a Ceuta y Melilla, Rabat quiere retomar el diálogo y olvidar lo sucedido a principios de noviembre.

Fuentes gubernamentales explicaban los días posteriores a la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla, que Marruecos necesitaba "un gesto" por parte del Gobierno español que le permitiera a la monarquía alauí seguir trabajando con España a pesar del grave desencuentro. También un alto diplomático marroquí, gran conocedor de las relaciones hispano-marroquíes, explicaba a La Vanguardia que la dificultad actual se centra en "las consecuencias de la gran tormenta vivida por ambos países".

En cambio ayer, tras las palabras de Jalid Naciri, una declaración forzada por las preguntas después de la rueda de prensa semanal tras el Consejo de Ministros, que en ningún caso responde a un mensaje explícito de las máximas autoridades del país, se prefirió un lenguaje más directo en el que se condiciona el retorno del embajador Azziman a "la evolución de los acontecimientos".

Rabat considera que está dando pistas suficientes para que España reaccione. En Rabat, fuentes gubernamentales recuerdan que fue Madrid quien hizo la afrenta eligiendo además unas fechas especiales (el 6 de noviembre Rabat celebra la marcha verde sobre el Sahara Occidental). Siguen esperando que les devuelvan la pelota.