Los retos de la primera economía de Asia
Receloso de China, Japón sigue basando su defensa en la alianza con Washington
"Espero que sigan aquí para protegernos", responde sobre sus sentimientos Eiko Yamaguchi mientras contempla el despegue incesante de aviones de las fuerzas aéreas de Estados Unidos de la base de Kadena. Desde un estratégico mirador turístico, decenas de japoneses de clase media admiran la exhibición de músculo militar de la principal base aérea de Estados Unidos en Asia oriental, justo en la isla de Okinawa, el teatro sangriento donde unos y otros lo dieron todo en 1945: 200.000 vidas en tres meses de combates. Eiko Yamaguchi tiene 39 años, es de la agrícola provincia de Kumamoto y viaja con una ricura de niño que al oír la edad de su madre la da por "fallecible" un día de estos.
Generación tras generación desde 1945, los japoneses aceptan el paraguas militar de Estados Unidos. Nunca aparece como una prioridad electoral "desembarazarse" de las 33 bases ni se debate hasta que punto la factura -Tokio paga casi el 40 por ciento del gasto militar de EE. UU. en el archipiélagoes desproporcionada. Ni siquiera, nacionalismo obligaría, desde la estética: ¿por qué la "tranquilidad" de la tercera potencia económica mundial tras la UE y EE. UU. no la garantiza el flamante ministerio de Defensa creado en enero en Tokio sino el Pentágono?. Es una suerte de pragmatismo resignado que sirve para cicatrizar los errores del Japón militarista y, sobre todo, tranquilizarse ante un patio regional donde perdura la Guerra Fría: las dos Coreas -con el régimen más desquiciado del mundo en Pyongyang-, el interrogante de Taiwán y la emergencia militar de la República Popular China.
"Nunca pensamos en la independencia de nuestra Defensa. Para sobrevir, seguimos necesitando la alianza con Estados Unidos", señala Ro Manabe, portavoz del ministerio de Defensa. Cuando Shinzo Abe sucedió a Junichiro Koizumi, al frente del país en septiembre de 2006, parecía que entraba aire fresco. Abe se afanó en mejorar las relaciones con China y Corea y tenía una ambiciosa agenda exterior que incluía normalizar el ejército, que elevó a rango ministerial. Sin descartar un posible cambio en el sacrosanto artículo 9 de la Constitución de 1947, que impone el pacifismo. Doce meses después, Abe, el primer ministro más joven desde 1945, presentó la dimisión, física y moralmente hundido, después de que los electores le dieran la espalda en julio a su agenda. El revés fue mayúsculo: el incombustible Partido Liberal Democrático de Shinzo Abe no fue el partido más votado en el Senado por primera vez desde la fundación del PLD en 1955. El mensaje fue inequívoco: los 127 millones de japoneses están preocupados por las pensiones, la cobertura sanitaria y los nuevos empleos y por no la defensa del archipiélago.
"Lo que sí pedimos a Estados Unidos que racionalice el coste de su fuerza en Japón", indica el portavoz Ro Manabe. El yen es el yen. Por lo demás, la relación es cómoda para ambas partes. El comandante Max Kirschbaum está destinado en Kadena y conoce bien las relaciones de amor y odio que suscitan las bases de EE. UU. en todo el mundo. Ha servido en Italia, Arabia Saudí, y Corea del Sur. "Todos los tratados de EE. UU. con estos países tienen aspectos únicos, cada uno es diferente pero en todos hay un objetivo común que cumplir. Y es siempre en el interés de ambas partes que así sea".
Kadena es una ciudad de Estados Unidos en Okinawa: residen 24.300 personas, entre personal militar, familiares y empleados civiles, nipones incluidos que alberga la 18 Ala de la fuerza aérea, la única en la historia de Estados Unidos que nunca tuvo su base en el continente americano, la misma que fue pulverizada en el ataque a Pearl Harbor, un estigma que no empaña el orgullo. "Nuestro lema es: We are the Shoguns",explica

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