Nadie podrá decir ahora que Jordi Pujol, uno de los polÃticos españoles más importantes del siglo XX, ha eludido su obligación moral de legar sus memorias a las futuras generaciones.Por mucho que lo más significativo de las memorias sean precisamente las omisiones y no las nuevas revelaciones.
El volumen contiene el conocido currÃculum de Pujol: nacido el 9 de junio de 1930; educado en la Escuela Alemana, hasta su clausura en 1945 y vinculado a la cofradÃa mariana Virtèlia y al grupo cristiano-polÃtico Torras i Bages, en los que coincidirÃa con polÃticos como Joan Reventós o Pasqual Maragall. Católico practicante hasta la madurez, en la primera parte de sus memorias parece mostrarse nuevamente cerca de la Iglesia.
La influencia del sacerdote Pere Llumà y de Raimon GalÃ, fundador de CC, le descubrieron la obra filosófica de Péguy y Bergson.Pero, la fase religiosa da paso primero al Ejército y luego al matrimonio. Pujol relata su cortejo a su esposa, Marta Ferrusola como parte de un plan general para dedicarse a la polÃtica y liderar Cataluña: «Siempre tuve claro que me querÃa casar», sostiene poco antes de confesar que su vocación auténtica era la polÃtica.Pujol se casó con Marta Ferrusola el 4 de junio de 1956 tras advertir a la novia que su primera pasión era Cataluña.
Lugares comunes
Pujol ya se ha licenciado en medicina para complacer a su padre y se ocupa de la gestión de los laboratorios Fides, recién adquiridos por Florenci Pujol.
Y más lugares comunes. Sus escapadas a los suburbios, los viajes para conocer España, la compra de la Banca Dorca para convertirla en Banca Catalana y Els Fets de Palau, el boicot a Franco en el Palau de la Música en 1960, por cuya organización Pujol fue condenado a siete años de cárcel de los que cumplió tres. Desde Catalana, admite que creó un protogobierno de Cataluña. Porque aquello no era un banco al uso, sino una institución financiera al servicio del paÃs, desde la que fracasó una y otra vez como editor de prensa encubierto.
Entre las páginas, sin embargo, Cuyás ha conseguido que Pujol se sincere en algunos asuntos significativos, como la profunda amargura que le han causado los ataques a su familia para desgastarle a él, su lamento al tener que admitir que el catalanismo polÃtico quedó debilitado por el Estatuto de 1979 o incluso lo que parece un intento real de reconciliación con Miquel Roca.
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