MEMORIAS DE UN EX PRESIDENT
EL ROSTRO HUMANO DE LA BESTIA POLITICA.
La crónica
El ex president Pujol parece querer retratar en el primer volumen de sus memorias -que comprende el periodo entre 1930 y su victoria electoral en las autonómicas de 1980- al hombre oculto tras la figura política.Con tono amable, inesperadamente modesto en un Pujol a menudo soberbio, la actitud conciliadora no logra convencer al lector de que el animal político que ocupó el Palau durante 23 años, alguna vez fuera humano.
Si alguien espera encontrar alguna revelación espectacular en el libro de memorias de Jordi Pujol que el Grup 62 pone a la venta el próximo 22 de noviembre se sentirá seriamente defraudado.El valor del texto es que Pujol narra los acontecimientos que han marcado su vida en primera persona y, en algunos pasajes sorprende la visión del ex presidente catalán desde la perspectiva de sus 77 años. Eso sí, tras largas conversaciones con el periodista Manel Cuyàs, encargado de pulir y editar el texto. La habilidad de Cuyàs para tirar de la lengua a Pujol y lograr que narre episodios que él mismo había vetado sólo es igualable a la del ex president para recuperar el hilo narrativo que finalmente ha dado a sus memorias.
Sólo algunas conversaciones privadas con el ex presidente del Gobierno español Leopoldo Calvo Sotelo y, sobre todo, las referencias críticas al ex president Josep Tarradellas, alcanzan la categoría de primicia.
La vida personal y política que Pujol relata es ampliamente conocida y ha sido publicada, al menos en cuatro ocasiones en forma de biografías semiautorizadas, críticas y sangrantes. La novedad está en el tono y en la actitud de Pujol a la hora de repasar su pasado. El propio ex mandatario advierte en el prólogo de que durante años declarara su rotunda negativa a publicar sus memorias -no dijo nada sobre escribirlas-. «Creo», afirma Pujol, «que demasiado a menudo las memorias se hacen para ponerse más galones de los debidos. O para ajustar cuentas con terceros».
De ahí su resistencia inicial y su decisión de plasmar negro sobre blanco sólo los acontecimientos que protagonizó antes de convertirse en presidente de la Generalitat. Está por ver si el primer presidente democrático de la Generalitat tras la muerte de Franco llega a publicar el segundo volumen, que abarca su largo mandato al frente de la Administración catalana y sus constantes negociaciones con el Gobierno central.
Con quien el fundador de Convergència Democràtica de Catalunya no se ha resistido a ajustar cuentas es con Josep Tarradellas, presidente de la Generalitat en el exilio desde 1954 hasta 1977, y presidente de la Generalitat provisional hasta 1980. Y eso que afirma que «Manel Cuyàs sabe cómo he rebajado el tono de algunas críticas, algunos juicios muy negativos o como he recurrido al impersonal -es decir, sin nombres ni apellidos- algunas opiniones punzantes».
Pujol relata que sólo tras su salida de la cárcel -cumplió tres años de prisión en el penal aragonés de Torrero por Els Fets de Palau- no empezó a saber hasta qué punto era importante Tarradellas.Entre 1963 y1964 «algunas personas como Josep Fornas y Joan Sansa me hablaron de Tarradellas», relata Pujol, que continúa: «Después lo hicieron Manel Ortínez, que más tarde sería director del Banco Industrial de Cataluña [del grupo Banca Catalana], y el empresario Domingo Valls. Algunos algodoneros ayudaban al [entonces] president.Banca Catalana, más tarde, también lo haría y contribuiría a evitar que tuviera que venderse la biblioteca en un mal momento económico. El president en el exilio, sin embargo, «escribía cartas contra .pi.mnium Cultural, contra Montserrat, contra Josep Benet, contra Anton Cañellas [dos instituciones y dos personas en la órbita de Pujol y de Banca Catalana] y contra todas aquellas instituciones o personas que podían sobresalir. Sentía especial aversión por los comunistas», relata el presidente de CDC.
Pujol rememora su primera visita a Tarradellas en la localidad francesa de Saint-Martin-le-Beau en 1970 como una entrevista cordial. Pero el presidente de la Generalitat de 1980 a 2003, asegura que cuando volvió, una vez fundada Convergència, Tarradellas empezó a demostrar cierta aversión hacia él. Pujol lo atribuye al hecho de que él «hacía cosas» en el interior de Cataluña.
El regreso de Tarradellas y la creación de la Generalitat provisional, de la que el propio Pujol sería conseller sin cartera, convirtió al viejo exiliado en un personaje autoritario al servicio de Adolfo Suárez. El 27 de junio de 1977, Tarradellas convocó en Madrid a los diputados catalanes, Pujol entre ellos. En un aparte, sostiene el viejo líder nacionalista, Tarradellas le vaticinó: «Esto de la autonomía y del autogobierno se podrá extender a todas las regiones de España». El odiado «café para todos» había sido pactado por Suárez y Tarradellas.
La, a veces irritante, seguridad de Pujol, a pesar de sus esfuerzos y de los de Cuyàs, va haciendo acto de presencia a lo largo del texto. Unas veces para asegurar que cuenta con la suficiente capacidad de autocrítica necesaria para abordar un libro de memorias como debe ser. Otras para presumir de árbol genealógico autóctono, con lo que sus hijos son, al menos, la cuarta generación de catalanes.
Aún así, su infancia junto a sus padres y a sus abuelos permite a Pujol asumir con orgullo su condición de botiguer y de pagès que en tantas ocasiones se han utilizado para descalificarle.
© Mundinteractivos, S.A.

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